La Argentina busca recuperar posiciones en el comercio mundial de bienes después de varios años marcados por retrocesos en su participación global. La apertura económica, la creciente demanda internacional y la evolución de los precios de las materias primas contribuyeron a que las exportaciones nacionales registraran dos años consecutivos de crecimiento, con perspectivas de una nueva expansión durante 2026.
Los datos actualizados de la Organización Mundial del Comercio (OMC) ubican al país en el puesto 46 entre los mayores exportadores de bienes del mundo durante los últimos dos años. En ese período, la participación argentina en el intercambio global se situó entre el 0,34% y el 0,37%, mientras que las ventas al exterior alcanzaron los US$87.000 millones en 2025, según las cifras consignadas en el informe.
Para 2026, las estimaciones privadas plantean un escenario más favorable. Las exportaciones argentinas podrían superar los US$100.000 millones, un nivel que permitiría elevar la participación del país en el mercado global hasta el 0,39% y escalar varios puestos en el ranking internacional.
El especialista en comercio exterior Marcelo Elizondo sostuvo que la mejora responde a un ritmo de crecimiento superior al del conjunto del comercio mundial. "Argentina está recuperando posiciones porque sus exportaciones están creciendo más que el promedio mundial", afirmó.
La proyección se inscribe en un contexto en el que la OMC anticipó un fuerte crecimiento del intercambio global para este año, impulsado por la demanda vinculada con la inteligencia artificial (IA), incluso más allá de las consecuencias del conflicto energético en Medio Oriente. Aunque el organismo no mencionó puntualmente a los países que liderarían esa expansión, el escenario internacional representa una oportunidad para las economías con capacidad de aumentar sus ventas externas.
El contraste con el piso de 2023
Si se concreta la previsión de superar los US$100.000 millones en exportaciones durante 2026, la Argentina habrá conseguido una recuperación significativa respecto del nivel registrado en 2023, cuando una profunda sequía afectó las ventas externas. En aquel año, las exportaciones argentinas cayeron a US$67.000 millones, equivalentes al 0,29% del comercio global. Ese retroceso ubicó al país en el puesto 50 del ranking de mayores exportadores de bienes.
La comparación permite dimensionar la recuperación proyectada. Pasar de US$67.000 millones a más de US$100.000 millones representaría un aumento considerable de las ventas externas y una mejora de diez puntos porcentuales respecto del piso de participación mencionado en las proyecciones para 2023.
Sin embargo, el avance todavía no implicaría recuperar los mejores registros históricos de la Argentina en el comercio internacional. En 2021, durante la salida del confinamiento provocado por la pandemia, el país había alcanzado el puesto 43 del ranking de la OMC, aunque con un volumen de intercambio inferior en términos de cantidades y divisas. Ese año, las exportaciones totalizaron US$78.000 millones.
El objetivo de volver a escalar posiciones se enfrenta, por lo tanto, con una referencia histórica más exigente: durante las décadas de 1950 y 1960, la Argentina llegó a integrar el grupo de los 25 países que más bienes exportaban en el mundo.
La recuperación reciente constituye un avance respecto de los niveles más bajos, pero el desafío de largo plazo consiste en sostener el crecimiento y ampliar la participación argentina en el intercambio global.
La meta de US$180.000 millones para 2035
En un análisis reciente al que accedió TN, Marcelo Elizondo planteó que, bajo las políticas implementadas por el Gobierno, la Argentina podría alcanzar en 2035 exportaciones de bienes por casi US$180.000 millones anuales. La proyección apunta a un volumen de ventas externas que permitiría recuperar casi plenamente la participación histórica del país en el comercio mundial, con una cuota estimada en torno al 0,55%.
El escenario supone una transformación progresiva de la estructura exportadora, apoyada en nuevas inversiones, mayor infraestructura y una diversificación de las actividades productivas capaces de generar divisas. El informe detalló una serie de hitos anuales que permitirían avanzar hacia esa meta, a partir de estimaciones oficiales y de organismos internacionales. Las cifras proyectadas muestran una trayectoria de crecimiento sostenido durante la próxima década.
Los principales objetivos anuales son los siguientes:
2027: US$114.085 millones. El crecimiento estaría impulsado por una gran cosecha agrícola y por la nueva infraestructura destinada a los oleoductos y al transporte de gas.
2028: US$122.300 millones. La expansión se apoyaría en la maduración de nuevas tecnologías para la extracción de litio.
2029: US$130.615 millones. El incremento estaría asociado con mayores exportaciones de gas natural licuado (GNL) y de servicios basados en el conocimiento.
2030: US$142.900 millones. Se proyecta un crecimiento anual del 9,4%, vinculado con la entrada en producción de grandes proyectos mineros de cobre bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).
2035: US$179.945 millones. La meta contempla la plena operatividad de la matriz energética y minera de metales críticos a escala global.
La secuencia refleja la expectativa de que las exportaciones argentinas no dependan exclusivamente de la evolución de una cosecha o de los precios internacionales de los productos agropecuarios. La incorporación progresiva de nuevas fuentes de producción y servicios aparece como una condición central para sostener el crecimiento previsto.
Los cuatro motores
La posibilidad de alcanzar los niveles proyectados depende de una mayor diversificación de la matriz productiva argentina. Históricamente, las exportaciones estuvieron fuertemente vinculadas con la soja y otros productos agropecuarios, pero el escenario planteado para la próxima década contempla un aporte creciente de otros sectores estratégicos.
El informe identifica cuatro grandes motores para ampliar las ventas externas: agroindustria, energía, minería y economía del conocimiento. Cada uno presenta oportunidades específicas y requiere condiciones que permitan incrementar su capacidad productiva y exportadora.
Agroindustria
La agroindustria continuará siendo uno de los pilares del comercio exterior argentino. La proyección contempla la consolidación del nodo portuario del Gran Rosario y el desarrollo de un mayor valor agregado en la cadena agroalimentaria.
El objetivo no se limita al volumen de la producción agrícola, sino que también incluye la posibilidad de fortalecer las distintas etapas de procesamiento y comercialización. En el horizonte previsto, una gran cosecha aparece como uno de los factores que podrían impulsar el crecimiento de las exportaciones en 2027.
La capacidad de ampliar las ventas externas de productos agroindustriales será, por lo tanto, una de las variables que contribuirán a sostener el incremento proyectado para los próximos años.
Energía: Vaca Muerta, gasoductos y más
El sector energético constituye otro de los componentes centrales de la estrategia exportadora. Las proyecciones contemplan el desarrollo masivo de Vaca Muerta, la ampliación de la infraestructura de evacuación y la instalación de plantas de licuación.
Estas inversiones se vinculan con la posibilidad de aumentar la producción y las exportaciones de hidrocarburos, particularmente de gas natural licuado. En el cronograma planteado, la infraestructura para el transporte de gas y petróleo tendrá un papel relevante en el crecimiento previsto para 2027, mientras que el GNL aparece entre los impulsores de las ventas externas en 2029.
La plena operatividad de la matriz energética forma parte, además, de las condiciones consideradas para alcanzar la meta exportadora de 2035.
Minería: cobre y litio ante la demanda global
La minería aparece como uno de los sectores con mayor potencial de expansión en las proyecciones de largo plazo. El informe destaca la explotación de yacimientos de cobre y litio, dos recursos vinculados con la demanda internacional de insumos para la transición energética.
En el caso del litio, se espera que la maduración de nuevas tecnologías de extracción contribuya a incrementar las exportaciones a partir de 2028. Para el cobre, el escenario contempla la entrada en producción de grandes proyectos en 2030, bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones.
El desarrollo de estos emprendimientos sería determinante para ampliar la participación minera dentro de las ventas externas y avanzar hacia una estructura exportadora con mayor variedad de productos.
Economía del conocimiento
El cuarto motor identificado es la economía del conocimiento, que comprende la expansión de servicios profesionales, software y servicios audiovisuales de alto valor agregado.
A diferencia de los sectores vinculados con los recursos naturales, esta actividad aporta capacidad exportadora a través de servicios especializados. El informe prevé que su crecimiento contribuya al incremento de las ventas externas, con una incidencia señalada particularmente para 2029.
La expansión de estos servicios forma parte de una estrategia de diversificación que busca reducir la dependencia de los productos agropecuarios y sumar nuevas fuentes de ingresos provenientes del mercado internacional.