La informalidad laboral continúa extendiéndose en la Argentina y alcanza al 45% del universo total de trabajadores en 2026, de acuerdo con un informe privado correspondiente al segundo trimestre del año. El fenómeno presenta marcadas diferencias territoriales: mientras en varias ciudades del norte del país la informalidad entre los trabajadores por cuenta propia supera el 80%, en el conurbano bonaerense llega al 70,2% dentro de ese segmento ocupacional.
Los datos procesados por la Universidad Nacional de Rosario a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC muestran un incremento sostenido de la informalidad respecto de los registros de fines de 2023, cuando la tasa se ubicaba en el 41,4%. La evolución refleja una modificación en la composición del mercado de trabajo y plantea un escenario en el que las modalidades de empleo independiente adquieren mayor participación, al mismo tiempo que se profundizan las dificultades de registración laboral.
La medición correspondiente al segundo trimestre de 2026 permite observar dos tendencias simultáneas. Por un lado, crece la proporción de trabajadores que se desempeñan fuera de los esquemas formales de contratación. Por otro, disminuye la participación de los asalariados dentro del conjunto de personas ocupadas, mientras aumenta el peso del cuentapropismo.
En el período analizado, la participación de los asalariados retrocedió del 73,7% al 70,5%, mientras que el trabajo por cuenta propia se expandió del 22,6% al 25,5%. Este desplazamiento constituye uno de los cambios relevantes identificados por el estudio, que vincula el avance del cuentapropismo con el crecimiento de la informalidad.
El cuentapropismo
Uno de los aspectos centrales del informe es la situación de los trabajadores independientes. Según la investigación, el 65,8% de los cuentapropistas de la población urbana argentina trabaja en la informalidad, una proporción que evidencia la extensión de esta problemática entre quienes desarrollan actividades por cuenta propia.
La cifra adquiere relevancia en un contexto en el que la participación de esta modalidad ocupacional pasó del 22,6% al 25,5% del total de ocupados. El aumento del cuentapropismo, por lo tanto, coincide con una mayor presencia de trabajadores que desarrollan sus actividades sin las condiciones de registración que caracterizan al empleo formal.
La situación también se manifiesta entre los asalariados, aunque con indicadores diferentes. En este grupo, la falta de aportes jubilatorios alcanza al 37,9% de los trabajadores, un registro que muestra un deterioro continuo respecto del 33,6% medido a fines de 2016.
De esta manera, el problema de la informalidad no se limita al empleo independiente. También afecta a una proporción considerable de quienes trabajan en relación de dependencia, donde la ausencia de aportes previsionales constituye uno de los indicadores utilizados para dimensionar la falta de registración laboral.
Los datos permiten distinguir dos dimensiones de la precariedad: la elevada informalidad entre los cuentapropistas y la persistencia de trabajadores asalariados que no cuentan con aportes jubilatorios. Ambas tendencias forman parte del panorama laboral descrito por la investigación.
El servicio doméstico y la construcción
La informalidad tampoco se distribuye de manera uniforme entre los sectores económicos. El informe identifica diferencias importantes según la actividad y señala que algunas ramas concentran porcentajes considerablemente más altos de trabajadores no registrados.
El servicio doméstico encabeza el listado, con una tasa de informalidad del 77,4%. Le siguen la construcción, con el 76,2%; la gastronomía y el alojamiento, con el 63,9%; y el comercio, con el 54,7%.
Estos porcentajes muestran que la precariedad alcanza niveles especialmente elevados en actividades que, según los datos relevados, presentan mayores dificultades de registración laboral. En el caso del servicio doméstico y la construcción, la informalidad supera las tres cuartas partes de los trabajadores comprendidos en cada sector.
En contraste, otras actividades exhiben una mayor proporción de empleo formal. Los servicios profesionales, científicos y técnicos registran una informalidad del 19,2%, mientras que en el sector de información y comunicación el indicador se ubica en el 33,9%.
La distancia entre estos sectores evidencia que las condiciones laborales presentan diferencias significativas según la actividad económica. Mientras algunas ramas concentran elevados niveles de trabajo no registrado, otras muestran porcentajes de informalidad sensiblemente inferiores.
El norte argentino con los registros más elevados
El análisis por centros urbanos expone una marcada brecha geográfica. Las tasas más altas de informalidad entre los trabajadores por cuenta propia se concentran principalmente en el Norte y Cuyo, con ciudades en las que el indicador supera el 80%.
La Ciudad de Formosa encabeza el registro nacional, con el 87,9% de los cuentapropistas en situación de informalidad. En segundo lugar aparece el Gran Tucumán y Tafí Viejo, con el 87,6%, seguido por Santiago del Estero y La Banda, con el 87,5%.
El Gran Resistencia registra una tasa del 84%, mientras que el Gran San Juan alcanza el 83%. Estos valores ubican a las cinco áreas urbanas entre las que presentan los niveles más elevados de precariedad dentro del empleo independiente. El panorama contrasta con el de otras ciudades del país, donde la informalidad entre cuentapropistas se encuentra considerablemente por debajo de esos porcentajes.
En el extremo opuesto, la Ciudad de Buenos Aires registra el nivel más bajo, con el 32,8%. Le siguen Mar del Plata y Batán, con el 42,7%; Bahía Blanca y Cerri, con el 43%; y las ciudades fueguinas de Ushuaia y Río Grande, con el 43,1%. La diferencia entre Formosa y la Ciudad de Buenos Aires alcanza los 55,1 puntos porcentuales en la informalidad de los trabajadores por cuenta propia. Esta distancia ilustra la magnitud de las desigualdades territoriales que atraviesan el mercado laboral argentino.
Las diferencias regionales
La brecha geográfica identificada por el estudio no se limita al trabajo independiente. Las tasas de informalidad total también presentan diferencias significativas entre las distintas regiones del país. En las localidades patagónicas, la informalidad total se ubica en un rango de entre el 18% y el 33,5%. En el Noroeste argentino, en cambio, los valores oscilan entre el 43,9% y el 56,2%, mientras que en el Noreste se sitúan entre el 51,9% y el 53,8%.
Los datos muestran que las regiones del norte presentan niveles de informalidad total superiores a los registrados en las localidades patagónicas. Aunque los rangos corresponden a conjuntos de localidades y no a una única tasa regional, permiten observar las diferencias que caracterizan al mercado laboral en cada zona.
En este contexto, el análisis también señala que la composición de las actividades productivas y las características de las empresas tienen un papel relevante para explicar las variaciones territoriales.
La brecha entre la CABA y el conurbano
El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) presenta otra expresión de las desigualdades laborales. Dentro de esta región, la situación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires contrasta con la del conurbano bonaerense, tanto en la informalidad total como en la incidencia del fenómeno entre los trabajadores independientes.
En la Ciudad de Buenos Aires, la informalidad total alcanza el 26%. El indicador se descompone en un 25,6% entre los asalariados y un 32,8% entre los cuentapropistas.
En el conurbano bonaerense, en cambio, la informalidad total asciende al 47,5%, impulsada principalmente por la precariedad del empleo independiente, que alcanza al 70,2% de los cuentapropistas. La diferencia entre ambos espacios geográficos es considerable: el indicador general del conurbano supera en 21,5 puntos porcentuales al de la Ciudad de Buenos Aires. La brecha también se observa entre los trabajadores por cuenta propia, con una informalidad del 32,8% en la capital y del 70,2% en el conurbano.
Estos registros muestran que, incluso dentro de una misma área metropolitana, las condiciones de inserción laboral pueden variar de manera sustancial.