Las farmacias estatales cubanas disponen de poco más de un tercio de los 603 productos incluidos en el cuadro básico de salud pública. Ante la falta de insumos importados, crecen las redes solidarias de distribución y el Gobierno prepara la apertura de farmacias privadas, aunque persisten las dudas sobre los precios y la capacidad de pago de la población.
La escasez de medicamentos en Cuba ha impulsado la aparición de redes comunitarias que buscan garantizar el acceso a tratamientos esenciales en medio de una crisis que afecta al sistema sanitario y a la distribución de productos farmacéuticos. Frente a las dificultades para encontrar remedios en las farmacias estatales, voluntarios, vecinos y organizaciones humanitarias organizan donaciones y entregas gratuitas para atender las necesidades de pacientes que no consiguen los fármacos que requieren.
En el barrio del Vedado, en La Habana, Laura Mendoza encabeza una de estas iniciativas, denominada "La medicina no se vende". Todos los jueves y domingos al mediodía, decenas de personas se congregan frente a un edificio donde funciona el proyecto. Mendoza baja de su apartamento, abre la puerta principal y comienza a comprobar los nombres de quienes solicitaron medicamentos por WhatsApp.
El inventario incluye antihistamínicos como la cetirizina, diuréticos como la furosemida, el oftálmico timolol y el antibiótico gentamicina. Ninguno de estos productos se entrega a cambio de dinero: la distribución es completamente gratuita.
Estas farmacias comunitarias se convirtieron en una de las respuestas que encontraron los cubanos frente a uno de los problemas más graves asociados a la crisis actual, agudizada por el cerco energético y financiero impuesto por Estados Unidos desde enero.
Las redes solidarias ocupan el lugar de las farmacias estatales
Durante décadas, las farmacias estatales fueron la única vía para adquirir medicamentos a precios subsidiados. Sin embargo, la creciente falta de productos obligó a la población a buscar otras alternativas, desde ofertas en internet y grupos de WhatsApp o Telegram hasta plataformas de comercio y puestos callejeros.
En ese escenario, las iniciativas comunitarias comenzaron a adquirir un papel cada vez más importante. Mendoza explicó a The Associated Press que el proyecto cuenta con cinco grupos de WhatsApp en La Habana y que recientemente incorporó uno en Guanabo, una localidad ubicada en la periferia de la capital.
Según la voluntaria, en los últimos meses aumentó la cantidad de proyectos de este tipo en la isla. En La Habana, estimó que ya funcionan alrededor de un centenar de iniciativas comunitarias que, en muchos casos, se relacionan y colaboran entre sí. La organización que dirige recibe más de 13 kilos de medicamentos por semana. Los productos llegan mediante envíos aéreos, viajeros que los trasladan en sus equipajes y vecinos que deciden donar los remedios que pueden aportar.
El proyecto recibe, además, donaciones de grupos humanitarios de Canadá y Estados Unidos, entre ellos Corazón For Cuba, y mantiene una cooperación con Cáritas, organización vinculada a la Iglesia Católica.
Mendoza destacó que la ayuda no se limita a la entrega directa de medicamentos. Las personas también se apoyan entre sí para hacer llegar los tratamientos a quienes no pueden desplazarse. Cuando un paciente no está en condiciones de acudir al lugar, algún voluntario puede llevarle la medicación al hospital o a su domicilio, según constató la AP.
Mientras mostraba los anaqueles llenos de fármacos en su departamento, la responsable del proyecto describió una dinámica en la que la solidaridad de los vecinos complementa la distribución de la farmacia comunitaria y permite atender necesidades que, de otro modo, quedarían sin respuesta.
Los tratamientos más difíciles de conseguir
La red de Mendoza recibe pedidos de distintos medicamentos, pero hay productos especialmente difíciles de encontrar. Entre ellos se encuentran los destinados al tratamiento de la diabetes que requieren conservación en frío y los fármacos anticancerígenos.
También existe una demanda importante de insumos hospitalarios, como gasas, jeringas y anestesias, que escasean en los centros de salud. Estas carencias reflejan que el problema no se limita a los medicamentos de uso cotidiano, sino que alcanza también a productos necesarios para tratamientos específicos y para la atención hospitalaria.
La situación genera preocupación entre los pacientes y sus familiares, que deben recurrir a redes informales o comunitarias para conseguir remedios que anteriormente podían adquirir en el sistema estatal.
Cristina Díaz, una profesora de física de 27 años, acudió al proyecto de Mendoza para conseguir clonazepam para un familiar. Según relató a la AP, aproximadamente seis o siete años atrás resultaba relativamente sencillo encontrar medicamentos en las farmacias del Estado.
Sin embargo, las crisis posteriores comenzaron a deteriorar progresivamente la disponibilidad de productos. Díaz señaló que, con el paso del tiempo, encontrar los remedios se volvió cada vez más difícil. Aunque reconoció que el medicamento que buscaba podía conseguirse en el mercado informal digital, advirtió que los precios eran "altísimos" porque, según sus palabras, se juega con la necesidad de las personas.
La industria farmacéutica cubana, afectada por la falta de insumos
Las dificultades para abastecer a la población están relacionadas con la falta de materias primas importadas, que obligó a laboratorios estatales a frenar la elaboración de cientos de medicamentos.
El cuadro básico del Ministerio de Salud Pública de Cuba incluye 603 productos, pero actualmente el sistema dispone de aproximadamente poco más de una tercera parte. De ese total, unos 400 medicamentos son fabricados por laboratorios cubanos que dependen de la importación de materias primas.
La magnitud del problema quedó expuesta en junio, cuando Mayda Mauri Pérez, presidenta de BioCubafarma, el laboratorio más importante de Cuba, informó que la empresa no había elaborado unos 300 de los 395 medicamentos cuya producción estaba comprometida, debido a la escasez de insumos importados.
Todos los laboratorios farmacéuticos de la isla son estatales, por lo que las dificultades de producción repercuten directamente en el abastecimiento del sistema público.
Uno de los casos más graves se registró en la provincia oriental de Ciego de Ávila. Allí, las autoridades reconocieron semanas atrás que las farmacias estatales apenas disponían del 10% del cuadro básico de medicamentos. La situación fue atribuida al déficit de productos y a las denominadas limitaciones logísticas, entre ellas la falta de combustible, que impide distribuir los medicamentos disponibles.
María Fernández Martínez, directora general de la Empresa Provincial de Farmacias de Ciego de Ávila, explicó al periódico oficial Granma que Cuba cuenta con una industria médico-farmacéutica que calificó de fuerte. Sin embargo, advirtió que, sin insumos, ni siquiera la fábrica más capaz puede completar el ciclo de producción.
Las dificultades para importar y distribuir medicamentos
La crisis no se limita a la disponibilidad de materias primas. El Estado cubano también enfrenta problemas para adquirir los blísteres y frascos necesarios para empaquetar los medicamentos. A estas dificultades se suma el bloqueo de cuentas bancarias para realizar importaciones, en un contexto en el que, según la información proporcionada, cualquier transferencia desde o hacia Cuba es perseguida.
Durante meses anteriores, incluso contenedores con insumos médicos quedaron varados en terceros países después de que Estados Unidos amenazara a las compañías navieras si sus embarcaciones tocaban puerto en la isla.
De esta manera, las dificultades financieras, la falta de combustible, los problemas logísticos y las restricciones que afectan las operaciones comerciales se combinan para obstaculizar tanto la fabricación como la distribución de medicamentos. El resultado es un sistema estatal con una disponibilidad muy inferior a la demanda, mientras los pacientes buscan soluciones alternativas para continuar sus tratamientos.
El Gobierno prepara la apertura de farmacias privadas
Ante la profundidad del desabastecimiento, las autoridades cubanas avanzaron en una modificación de la política sanitaria y económica. En julio publicaron un decreto que autoriza el próximo funcionamiento de farmacias privadas, una decisión histórica dentro del sistema de salud pública de la isla.
La reglamentación forma parte de un paquete de 176 medidas aprobadas por el Parlamento en junio, destinadas a fomentar la iniciativa de particulares para enfrentar la crisis.
La propuesta apunta a que emprendedores importen medicamentos para aliviar la falta de productos, de manera similar a lo que ya ocurre con quienes ingresan alimentos o combustible. Sobre estas actividades pesan solamente algunas de las sanciones estadounidenses, según la información proporcionada.
Las autoridades informaron que estudian unas 36 propuestas para instalar farmacias privadas. Mientras se evalúan esas iniciativas, las boticas estatales continuarán funcionando. La AP solicitó comentarios y entrevistas al Gobierno cubano sobre la situación, pero no recibió respuesta.
El nuevo esquema, sin embargo, establece límites. Las farmacias privadas estarán controladas por el Estado y no podrán comercializar medicamentos de uso hospitalario ni determinadas sustancias específicas.
Además, las importaciones deberán efectuarse a través de empresas estatales y los productos tendrán que estar registrados ante las entidades reguladoras. También será obligatorio cumplir con los requisitos establecidos para el almacenamiento de los medicamentos. El objetivo es ampliar las posibilidades de abastecimiento mediante la participación de emprendedores, aunque la puesta en marcha del sistema deberá ajustarse a las condiciones fijadas por las autoridades.
El precio de los medicamentos, una preocupación central
Más allá de la posibilidad de encontrar los remedios que hoy faltan en las farmacias estatales, la apertura del sector privado genera interrogantes sobre la capacidad económica de los pacientes para afrontar los gastos.
Muchas de las personas consultadas por la AP manifestaron dudas acerca de cómo podrán pagar los medicamentos con los salarios y las jubilaciones que reciben.
El caso de Sara Márquez, de 69 años, ilustra la diferencia entre los precios subsidiados del sistema estatal y los valores que pueden alcanzar los productos en el mercado informal. Márquez necesita hidroclorotiazida para tratar la presión arterial alta. En las farmacias estatales pagaba 0,30 pesos cubanos por un blíster, una suma equivalente a menos de 10 centavos de dólar.
Sin embargo, durante los últimos meses llegó a recibir pedidos de hasta 1.000 pesos cubanos por el mismo medicamento en el mercado informal, equivalentes a 1,5 dólares.
Su pensión mensual es de 3.200 pesos cubanos, equivalentes a 4,50 dólares. La diferencia entre el precio subsidiado que pagaba anteriormente y el valor que le exigen ahora representa una dificultad considerable frente a sus ingresos.
Consultada sobre si las farmacias privadas podrían constituir una solución, Márquez manifestó sus dudas y planteó la cuestión central: "¿A cuánto van a vender el medicamento?... Estará en dependencia del poder adquisitivo que tengan las personas, yo no puedo".