La salud de los pontífices volvió a ocupar la atención de los medios de comunicación y de los fieles de todo el mundo después de que León XIV anunciara que será sometido a una intervención quirúrgica para extirpar un nódulo pulmonar. La noticia fue comunicada el 11 de octubre de 2026, cuando había transcurrido un año, cinco meses y tres días desde su elección como sucesor de Pedro, el 8 de mayo de 2025.
El actual pontífice, que cumplió 71 años el pasado 14 de septiembre, explicó a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro que el nódulo había sido detectado en una fase muy temprana y que se encontraba bien localizado. Frente a ese diagnóstico, decidió seguir la recomendación de sus médicos y someterse a la operación.
La información sobre la intervención fue ampliada por Matteo Bruni, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, quien indicó a EWTN News que la cirugía estaba prevista para los primeros días de esa semana en el Hospital Gemelli de Roma. También se estimó que el período de internación posterior a la operación sería de aproximadamente una semana.
El anuncio generó atención no solo por tratarse de un problema de salud del jefe de la Iglesia católica, sino también por la cercanía de sus próximos compromisos internacionales. León XIV tiene previsto realizar un viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú entre el 6 y el 17 de noviembre de 2026. Hasta el momento de la información difundida, no se había anunciado ninguna modificación en el itinerario.
La situación del actual pontífice vuelve a poner en perspectiva los problemas médicos que atravesaron sus tres antecesores durante los primeros años de sus respectivos pontificados. Aunque los episodios fueron muy diferentes entre sí, todos tuvieron repercusión pública por la relevancia institucional y espiritual de quienes los protagonizaron.
Juan Pablo II: el atentado que puso en peligro su vida
El caso de Juan Pablo II constituye uno de los episodios más dramáticos entre los problemas de salud que afectaron a los últimos cuatro pontífices durante sus primeros años al frente de la Iglesia. El 13 de mayo de 1981, cuando llevaba dos años, seis meses y 27 días de pontificado, el papa fue herido de bala en la plaza de San Pedro.
Había sido elegido el 16 de octubre de 1978 y tenía 60 años. Faltaban apenas cinco días para que cumpliera 61 cuando ocurrió el atentado, cometido por Mehmet Ali Ağca.
El ataque dejó al pontífice gravemente herido y provocó escenas que recorrieron el mundo. Las imágenes de su sotana ensangrentada y la reacción de desconcierto de los peregrinos que se encontraban en la plaza de San Pedro se convirtieron en parte de la cobertura internacional del episodio. A diferencia de los problemas médicos derivados de una enfermedad o de un accidente, la situación de Juan Pablo II estuvo marcada por una agresión que puso en peligro su vida. El atentado se produjo en un espacio emblemático para la Iglesia católica y frente a numerosos fieles, lo que contribuyó a la enorme repercusión pública de lo sucedido.
Su caso quedó como el episodio de mayor gravedad entre los acontecimientos mencionados en los primeros años de los cuatro pontificados, tanto por las heridas sufridas como por las circunstancias en las que se produjo.
Benedicto XVI: una caída durante sus vacaciones
En el caso de Benedicto XVI, el primer problema de salud destacado durante su pontificado tuvo un origen accidental. El papa tenía 82 años cuando sufrió una caída durante sus vacaciones en los Alpes italianos, que le provocó una fractura de la muñeca derecha.
El accidente ocurrió cuatro años, dos meses y 28 días después de su elección, el 19 de abril de 2005. El 17 de julio de 2009 fue sometido a una intervención quirúrgica para tratar la lesión. La operación duró aproximadamente 20 minutos y se realizó con anestesia local. Después del procedimiento, el pontífice debió llevar un yeso durante cerca de un mes.
El episodio se diferenció del atentado sufrido por Juan Pablo II y del problema pulmonar anunciado por León XIV, ya que se trató de una lesión accidental y no de una enfermedad. La intervención estuvo destinada a reparar la fractura provocada por la caída.
La edad de Benedicto XVI y la necesidad de una operación hicieron que el episodio adquiriera relevancia informativa, aunque las circunstancias fueron distintas de las que rodearon otros problemas médicos de los pontífices.
Francisco: un resfriado que modificó parcialmente su agenda
Francisco también enfrentó un contratiempo de salud durante los primeros meses de su pontificado, aunque en su caso se trató de un episodio de menor gravedad. El 15 de noviembre de 2013, cuando tenía 76 años, canceló las reuniones previstas para la mañana debido a un resfriado.
Habían transcurrido ocho meses y dos días desde su elección como papa. El malestar obligó a modificar parcialmente sus actividades programadas para esa jornada, pero no le impidió continuar con otros compromisos. Esa misma tarde, Francisco presidió una misa de ordenación episcopal. La continuidad de esa actividad marcó una diferencia con otros episodios médicos que pueden requerir intervenciones quirúrgicas o períodos de recuperación más prolongados.
El resfriado fue, por lo tanto, un inconveniente puntual que alteró una parte de su agenda, sin impedirle cumplir con la celebración religiosa prevista para la tarde. El episodio se distingue también de las hospitalizaciones que marcarían etapas posteriores de su pontificado, según la información de referencia. En aquella primera ocasión, el problema de salud tuvo un impacto limitado sobre las actividades oficiales del papa.
Cuatro pontífices y problemas médicos
Los casos de Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV muestran situaciones muy diferentes en cuanto a sus causas, consecuencias y tratamientos. Los acontecimientos abarcan desde un atentado que puso en peligro la vida de un pontífice hasta una fractura accidental, un resfriado y la detección de un nódulo pulmonar que requiere una intervención quirúrgica.
La comparación permite ordenar los episodios según el momento en que ocurrieron durante cada pontificado:
Juan Pablo II: fue herido de bala el 13 de mayo de 1981, cuando llevaba dos años, seis meses y 27 días como papa. Tenía 60 años y estaba a cinco días de cumplir 61.
Benedicto XVI: fue operado el 17 de julio de 2009 por una fractura de muñeca derecha, cuatro años, dos meses y 28 días después de su elección. Tenía 82 años.
Francisco: canceló las reuniones de la mañana del 15 de noviembre de 2013 por un resfriado, a ocho meses y dos días de su elección. Tenía 76 años y presidió una misa de ordenación episcopal esa misma tarde.
León XIV: anunció el 11 de octubre de 2026 que se someterá a una operación para extirpar un nódulo pulmonar, un año, cinco meses y tres días después de su elección. Tiene 71 años y cumplió esa edad el 14 de septiembre.
Cada situación tuvo un desarrollo particular. En el caso de León XIV, la intervención prevista se realizará en el Hospital Gemelli de Roma y se estima una estancia hospitalaria posoperatoria de aproximadamente una semana, de acuerdo con lo informado por Matteo Bruni a EWTN News.
La salud de León XIV
El anuncio de la operación también plantea interrogantes sobre la organización de la agenda inmediata del pontífice, especialmente por el viaje apostólico previsto para noviembre. Entre el 6 y el 17 de ese mes, León XIV tiene programadas visitas a Uruguay, Argentina y Perú.
Sin embargo, hasta el momento no se había comunicado ningún cambio en el itinerario. La información disponible señala que el nódulo fue detectado en una fase muy temprana y que el papa resolvió seguir la recomendación médica para proceder con la intervención.
La cirugía anunciada constituye el episodio de salud más reciente entre los cuatro casos examinados. Su evolución y la continuidad de las actividades previstas serán aspectos centrales en los próximos días, aunque los datos difundidos hasta ahora no incluyen modificaciones oficiales del viaje.
Desde el atentado contra Juan Pablo II hasta el anuncio médico de León XIV, los primeros años de estos cuatro pontificados estuvieron marcados por circunstancias sanitarias muy diferentes. La gravedad de los episodios, los tratamientos requeridos y sus efectos sobre las agendas papales variaron en cada caso, pero todos tuvieron una repercusión pública acorde con la relevancia de la figura que ocupa la máxima responsabilidad de la Iglesia católica.