El triste consuelo de la madre de un soldado que murió en la acería de Azovstal

“Es más fácil saber que tu hijo está muerto que saber que está cautivo”, expresó Iryna Yegorchenko, cuyo hijo perdió la vida en Mariupol.

13 Mayo de 2022 08.41

Durante más de dos meses, Iryna Yegorchenko rezó para que su hijo Artiom, uno de los soldados ucranianos que defendían la enorme acería Azovstal de Mariupol, último reducto de resistencia asediado por las fuerzas rusas, saliera indemne de la guerra entre Rusia y Ucrania. Pero el miércoles, la noticia de su muerte llegó como un rayo.

Devastada, Iryna aseguró que también sintió una forma de alivio: al menos su hijo, que tenía 22 años, no será capturado por los rusos.Tampoco vivirá la hambruna o sufrirá las heridas de muchos de sus camaradas.

"De repente, me sentí aliviada. Es más fácil saber que tu hijo está muerto que saber que está cautivo, herido o muriéndose de hambre", explicó la mujer de 43 años que vive en la capital de Ucrania, Kiev, desde donde le brindó una entrevista a la agencia de noticias AFP.

Con todos los civiles evacuados gracias a una misión de la Organización de la Naciones Unidas y de la Cruz Roja, en la acería Azovstal solo quedan combatientes atrincherados en un laberinto de pasillos interminables y búnkeres soviéticos. En la superficie, los rusos controlan ya casi toda esta ciudad portuaria en el mar de Azov.

Artiom, un joven de aspecto recio y apasionado del boxeo, se refugió en la acería a principios de marzo. En total pasó 74 días con Telegram e Instagram como únicos medios de comunicación con el exterior.

 

Artiom Mosha, soldado ucraniano que murió en Mariupol, junto a su hermana, su madre y su padrastro. Foto AFP. 

Artiom Mosha, soldado ucraniano que murió en Mariupol, junto a su hermana, su madre y su padrastro. Foto AFP.

"No se les permitía telefonear. A veces, escribía solo un '+' cuando le preguntaba si seguía con vida", contó Iryna, psicóloga de profesión, que también tiene una hija de 20 años y dos niños adoptados de 9 y 6.

Artiom siempre le decía que estaba bien. Pero con sus amigos era más honesto, se da cuenta ahora la madre. "Les había escrito que sus días estaban contados, que no saldrían de esa", indicó con la voz cargada de emoción.

La última vez que Artiom habló con su madre fue el 7 de mayo. Después el contacto se perdió hasta que el 11 de mayo Iryna recibió el mensaje: su hijo había muerto por el hundimiento de un bloque de hormigón.

"Al menos no sufrió. Todo pasó muy rápido. Está con Dios", se consoló.

La ciudad de Mariúpol y la acería Azovstal se convirtieron en Ucrania en símbolo de la resistencia encarnizada de sus tropas frente al invasor ruso. Y para Iryna Yegorchenko, la muerte de su hijo defendiendo su país es motivo de inmenso orgullo: "Ha vivido una buena vida, ha protegido a los suyos. Se ha ganado su lugar en el paraíso".

Iryna no sabe si podrá recuperar sus restos cuando terminen los combates. Pero, de todos modos, no quiere ver a su hijo en un ataúd."Me duele físicamente saber que ya no está con nosotros. Me hubiera gustado ver cómo hubiera sido su futuro si esta guerra no hubiera empezado, cómo habrían sido mis nietos", lamentó.