Ciudad de Buenos Aires

Entró a los tiros a una fiesta porque le molestaban los ruidos y dejó parapléjica a una joven

Ocurrió en villa Zavaleta. La víctima tiene 17 años y permanece internada en el Hospital Penna. El atacante hirió a otras cuatro personas y escapó. “Fue casi una masacre”, dijo la hermana de la adolescente baleada

08 Octubre de 2021 17.04

“Levanté la mirada y lo vi a través de la reja con el arma. Ahí empezó a disparar a los cuerpos sin decir nada”. Esa es una de las primeras imágenes que se le vienen a la cabeza a Sara L., una joven de 21 años, al recordar el horror que vivió hace menos de seis días en una fiesta a la que asistía en la villa Zavaleta, donde un hombre irrumpió a los tiros porque le molestaban los ruidos de la reunión e hirió a cinco personas. Una de ellas, su hermana S., de 17, recibió un balazo en la espalda que la dejó con un daño irreversible: quedó parapléjica y todavía pelea por su vida.

Con la voz quebrada y desde el hospital Penna donde está internada la víctima, Sara relató la violenta secuencia que tuvo lugar el domingo pasado después de la medianoche en una vivienda ubicada en la Manzana 11 del asentamiento ubicado entre los barrios porteños de Barracas y Nueva Pompeya. Según contó la joven, ella y su hermana fueron invitadas para festejar los 50 años del tío de Jocelyn, la mejor amiga de S. del club Libertadores, de San Cristóbal, donde las tres juegan al futsal.

Las jóvenes, nacidas en Perú, viven en la zona de Balvanera junto a sus padres y nunca habían entrado al barrio de Jocelyn. Aceptaron la invitación al tratarse de una reunión familiar y concurrieron sin mayores dudas. De pronto, poco después de las 12 todo cambiaría de manera abrupta.

“Mi hermana me dijo 'dale vamos. Es una fiesta nada más'. Yo acepté y fuimos. Era la primera vez que íbamos al barrio. Estábamos en la casa con mi hermana y serían las 12 o 12.30. No era sólo ese el lugar con música. Había varias casas en el barrio y con ruido más fuerte todavía. De repente vino un tipo hasta la reja de la casa y empezó a los gritos a decir que apagáramos la música. Me quedé mirándolo y ahí nos explicaron que era el vecino de la casa de enfrente”, relató Sara a este medio.

Fue ahí que el hombre ofuscado elevó una amenaza temeraria: “Mañana van a amanecer todos muertos”, les dijo a los casi 20 asistentes a la fiesta. En ese momento -recordó Sara- no le dieron importancia. “Nadie se imaginó que unos 50 minutos después, mientras estaba con mis amigas y con mi hermana riéndonos, el tipo iba a aparecer. Esta vez con el arma”, agregó la hermana de la víctima. Después llegaron los estruendos y la balacera comenzó. Todo era confusión hasta que uno de los disparos, que fueron al menos 8, hirió de gravedad a S.

“El tipo alzó la mirada y empezó a tirar. Yo estaba sentada y cuando lo vi, me apoyé contra una pared y me pasó una bala rozando por la cabeza. Me doy vuelta y me doy cuenta de que mi hermanita tenía una herida en el pecho y le estaba saliendo bastante sangre”. Al ver esa escena, la primera reacción de Sara fue abalanzarse sobre la adolescente. No lo hizo por que sí. La joven de 21 años es estudiante de enfermería en la UBA y tiene idea de qué hacer en estos casos. En medio del charco de sangre atinó a taparle el orificio de bala a su hermana para evitar la hemorragia.

“Me levanté a cubrirla para hacerle presión en el pecho y ahí me pasó una bala rozando en la cintura. No sé cómo de milagro yo estoy viva. Fue casi una masacre. Ahí todos empezaron a gritar, se alborotaron y nadie quería llamar a la ambulancia porque estaban todos alterados. Yo estaba tapándole mientras tanto la sangre a S. con una mano y con la otra mano llamé al 911?, añadió.

Como no supo darle la dirección a la operadora que le contestó el llamado tuvo que darle su teléfono a uno de los asistentes a la fiesta. Minutos después llegaron los efectivos de la Comisaría Vecinal 4D, pero la ambulancia tardó. Por eso decidieron llevar a S. en una auto particular hasta el hospital Penna, donde ya la esperaban médicos para entubarla y darle los primeros auxilios.

S. no fue la única herida. La balacera del vecino ofuscado llegó impactar en al menos cuatro personas. “Hubo otros cinco heridos pero ya están dados de alta. Todos recibieron balazos. A uno le quedó una herida en la mano, a otro en la pierna. Fue directo a matar”, dijo Sara.

Los médicos del Penna lograron estabilizar a S. y salvarle la vida pero el diagnóstico fue brutal. No va poder moverse del cuello para abajo. En la memoria de Sara quedó grabado el trayecto del proyectil a través del cuerpo de su hermana. “La bala entró por la espalda, le perforó una costilla, luego se fue a la médula espinal, le perforó parte del corazón con un orificio grande y tres orificios en el pulmón y salió por el pecho. Está luchando por su vida”, contó.

Según confirmaron fuentes policiales, en el caso intervino el Juzgado Criminal y Correccional N°25, a cargo de la jueza Fabiana Palmaghini, y la Fiscalía Criminal y Correccional N° 51, a cargo de Nancy Olivieri.

Respecto al sospechoso, Sara reveló que los efectivos policiales le indicaron que se trata de un hombre identificado como Edzon Ortiz, un hombre nacido en Bolivia, al que conocen en el barrio como “El Boli”. “Nos dijeron que escapó en una moto y todavía no sabemos nada. Los vecinos nos dijeron que tiene antecedentes pero ni siquiera la dueña de la casa donde pasó todo quiere hacer la denuncia”, lamentó la joven, que pide colaboración para poder contactar a una cirujano especialista en columna para obtener una segunda opinión y ver si el daño ocasionado en ella puede llegar a ser reparado.

El caso, dado a conocer por el diario Mundo Poder, conmocionó al barrio pero nadie se anima a dar datos del presunto agresor. Todo por ahora sigue siendo un misterio

La adolescente concurre a cuarto año en la escuela Ramón Falcón, ubicada en La Rioja y Venezuela. Tiene pensado prepararse en el quinto año para hacer el CBC de la carrera de odontología, según recordó su hermana. Apenas pudieron hablar con la joven ayer cuando la despertaron pero lo que llegó a decir fue prácticamente nada.

“Se la escucha muy bajito pero lo que más me duele es que todavía no le dijimos que no va a poder caminar nunca más”, concluyó Sara.