La Antártida registró uno de los máximos de hielo marino más bajos de los últimos 50 años
La superficie congelada que rodea al continente austral alcanzó los 17,59 millones de kilómetros cuadrados al cierre del invierno de 2026, el tercer máximo más bajo desde el inicio de los registros satelitales, a fines de 1978. Los científicos siguen la evolución de las mediciones para determinar si los valores reducidos observados en los últimos años representan una tendencia sostenida.

La extensión del hielo marino que rodea a la Antártida alcanzó durante el invierno de 2026 uno de los valores más bajos registrados desde que comenzaron las observaciones satelitales hace casi cinco décadas. Según los datos difundidos por la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC, por sus siglas en inglés), la superficie congelada llegó a 17,59 millones de kilómetros cuadrados, una extensión equivalente a casi dos veces la superficie de Brasil.

La cifra corresponde al máximo anual del hielo marino antártico, es decir, al momento del año en que la cobertura congelada sobre el océano alcanza su mayor expansión. El registro de 2026 quedó ubicado como el tercer máximo invernal más bajo desde fines de 1978, cuando comenzó la serie de mediciones satelitales.

El dato vuelve a poner el foco sobre las variaciones que experimenta el hielo que flota en las aguas que rodean al continente austral. Aunque durante el invierno el océano se congela y la superficie cubierta aumenta, el máximo alcanzado este año se mantuvo lejos de los valores más elevados registrados durante la década pasada.

La medición también fue expresada en unidades utilizadas habitualmente en los informes científicos: la superficie congelada alcanzó los 6,79 millones de millas cuadradas. Se trata de dos formas de expresar la misma extensión, que permite comparar la cobertura del hielo entre distintas temporadas.

Sin embargo, los especialistas mantienen cautela al interpretar los resultados. Si bien el máximo de 2026 se encuentra entre los tres más bajos de la serie histórica, los científicos evitan atribuir el comportamiento de un año particular a una única causa y continúan analizando la evolución de los registros para establecer si los valores reducidos se mantienen en el tiempo.

Qué significa la extensión del hielo marino

Para interpretar correctamente las cifras, es necesario distinguir entre la extensión del hielo y otras características de la capa congelada. En términos científicos, se considera extensión la suma de las zonas oceánicas que presentan al menos un 15 % de concentración de hielo marino.

Este indicador permite observar desde el espacio cuánto se expande la cobertura congelada alrededor de la Antártida y comparar los resultados de un invierno con los de temporadas anteriores. Su utilidad radica en que ofrece una referencia consistente para seguir las variaciones de la superficie helada a lo largo de los años.

No obstante, la extensión no informa por sí sola cuánto mide el hielo de espesor ni qué volumen total contiene. Dos temporadas pueden registrar superficies similares y, al mismo tiempo, presentar capas congeladas con características diferentes.

Por esa razón, la superficie cubierta por el hielo constituye una parte del seguimiento científico, pero debe analizarse junto con otros datos relacionados con el océano y la atmósfera. La cifra de 17,59 millones de kilómetros cuadrados permite dimensionar el máximo alcanzado en 2026, aunque no describe por sí misma todas las propiedades del hielo antártico.

Del crecimiento registrado entre 1979 y 2014 a la caída posterior

La evolución histórica de la extensión del hielo marino antártico muestra que su comportamiento no fue uniforme. Entre 1979 y 2014, los registros indicaron un aumento promedio cercano al 1 % por década. Sin embargo, ese crecimiento estuvo acompañado por importantes oscilaciones de un año a otro.

En 2012, 2013 y 2014, los satélites detectaron tres récords consecutivos de extensión invernal. Esos máximos contrastaban con la reducción sostenida que se observaba en el hielo marino del Ártico. La situación cambió a partir de 2015 y, desde 2016, las extensiones de hielo alrededor del continente austral disminuyeron de manera marcada, aunque hubo recuperaciones parciales en algunos años.

El mínimo histórico, tanto para el máximo invernal como para el mínimo de verano, se registró en 2023. Ese antecedente forma parte de una serie que los investigadores continúan examinando para determinar cómo evolucionó la cobertura congelada y si los valores bajos de los últimos años se consolidan.

La comparación entre los diferentes períodos muestra la importancia de no interpretar una medición aislada como una conclusión definitiva. Las variaciones interanuales son amplias y, por eso, los especialistas ya advertían que era necesario observar períodos prolongados antes de establecer conclusiones sobre el comportamiento del hielo antártico.

El máximo de 2026 se incorpora a esa secuencia de registros y constituye una nueva referencia para evaluar la evolución de la superficie congelada durante los próximos inviernos.

El comportamiento diferente en la Antártida y el Ártico

Las diferencias geográficas entre ambos polos ayudan a explicar por qué la cobertura de hielo marino presenta comportamientos distintos. El Ártico está formado principalmente por un océano rodeado de continentes, mientras que la Antártida es una gran masa terrestre rodeada por el océano Austral.

Esta configuración le proporciona al hielo antártico un amplio espacio para avanzar sobre el mar durante el invierno. Sin embargo, esa expansión también lleva la cobertura congelada hacia aguas de latitudes menos frías, donde puede derretirse rápidamente cuando regresa el verano.

Como consecuencia, la extensión del hielo que rodea al continente austral experimenta cambios pronunciados entre septiembre y febrero. Durante el final del invierno, la superficie alcanza su máximo anual; después, a medida que se alargan los días y aumentan las temperaturas, comienza el retroceso de la cobertura congelada hasta llegar a su menor extensión, habitualmente en febrero.

Este ciclo se repite todos los años, aunque la superficie alcanzada puede variar considerablemente entre temporadas. Por ello, las diferencias entre el máximo invernal y el mínimo estival constituyen una parte central del análisis del hielo marino.

Los mapas elaborados por la NASA permiten observar esas transformaciones mediante comparaciones de la concentración promedio de hielo durante septiembre y febrero entre 1990 y 2026. En esas imágenes, las zonas blancas representan las áreas con mayor presencia de hielo, mientras que los sectores azul oscuro muestran agua abierta.

La comparación visual permite identificar la expansión de la cobertura congelada durante el invierno y su posterior retroceso a medida que avanza la temporada cálida.

Cómo los satélites miden la superficie congelada

El seguimiento de la extensión del hielo marino se realiza mediante instrumentos instalados en satélites que detectan la energía de microondas emitida naturalmente por la superficie terrestre. Como el hielo y el agua abierta emiten señales diferentes, los investigadores pueden distinguir ambas superficies y calcular la extensión de la cobertura congelada.

Una de las principales ventajas de esta tecnología es que las microondas pueden atravesar las nubes. Esto permite observar el hielo incluso cuando las condiciones meteorológicas dificultan otras formas de observación o durante la oscuridad del invierno antártico. La serie de datos comenzó a fines de 1978 con el satélite Nimbus-7 de la NASA. Posteriormente, se incorporaron registros de los satélites del Programa de Satélites Meteorológicos de Defensa y del satélite Aqua, que aportó observaciones entre 2002 y 2011.

Desde 2025, los científicos también utilizan datos de GCOM-W, una misión de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón. La incorporación de estas observaciones contribuye a sostener el seguimiento de la superficie congelada mediante registros satelitales.

La continuidad de las mediciones resulta fundamental para distinguir los cambios de largo plazo de las variaciones propias de una temporada. Cada nuevo invierno y cada verano aportan información comparable que permite examinar cómo responde el hielo marino a las condiciones cambiantes.

El seguimiento continuará durante los próximos años

Los equipos científicos seguirán observando los máximos invernales y los mínimos de verano para evaluar si la reducción de la extensión registrada desde 2016 se consolida o si la cobertura congelada vuelve a valores observados en otros períodos. El resultado de 2026, con 17,59 millones de kilómetros cuadrados, constituye una nueva referencia dentro de una serie que se extiende por casi cinco décadas. Su ubicación entre los tres máximos invernales más bajos refuerza la importancia de mantener un seguimiento sistemático, aunque no permite atribuir por sí sola una causa específica al comportamiento registrado.

La evolución del hielo marino antártico responde a una combinación de condiciones atmosféricas, oceánicas y estacionales. Por eso, establecer si los niveles reducidos representan un cambio sostenido requiere comparar mediciones durante varios años y analizar conjuntamente diferentes indicadores.

La continuidad de las observaciones satelitales permitirá comprobar cómo evoluciona la cobertura congelada y determinar si los valores recientes forman parte de una tendencia prolongada o de las amplias fluctuaciones que caracterizan al sistema antártico.

En ese escenario, el máximo de hielo marino de 2026 se suma a una serie histórica que exige análisis de largo plazo. Los próximos registros serán fundamentales para comprender si la reducción observada desde 2016 persiste y cómo se modifica la extensión del hielo que rodea al continente austral a lo largo de los ciclos estacionales.