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La tasa de mortalidad por COVID se cuadriplica si no se aplica una vacuna de refuerzo

El Ministerio de Salud de la Nación elaboró una pieza documental con datos precisos sobre la efectividad de las terceras y cuartas dosis de las vacunas para prevenir el coronavirus y sus formas más agresivas

12 Junio de 2022 01.05

Una de las mejores maneras de enfrentar al coronavirus es sin dudas las vacunas creadas para prevenir la enfermedad COVID-19 o bien sus estados graves que llevan a las internaciones y muchas veces la muerte.

Sobre el tiempo que dura la inmunidad adquirida con las vacunas frente a la COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que aún se está investigando sobre la intensidad y la duración de esa protección. Los infectólogos advierten que el cuerpo necesita reforzar la inmunidad contra el SARS-CoV-2 después de varios meses, en una ventana de 4 a 6 meses. Es por eso la importancia en la que destaca la aplicación de las dosis de refuerzo o terceras y cuartas dosis.

Desde el comienzo de la pandemia la gran mayoría de los estudios sobre inmunidad se han concentrado en los anticuerpos y no tanto en la actividad de las células del sistema inmune, en especial los linfocitos que componen una especie de ejército profesional preparado para actuar y defendernos. Meses, incluso años después de que los anticuerpos hayan desaparecido de la sangre, los linfocitos de memoria pueden reactivarse cuando aparece de nuevo el virus y encumbrar una nueva defensa, incluida la producción de nuevos anticuerpos.

Nuestro cuerpo reacciona frente a las vacunas con dos formas de defensa. Una manera es la que se conoce como inmunidad humoral y consiste en la generación de anticuerpos por parte de células linfocitos B, que bloquean al virus antes de que produzca la infección. Según varios estudios científicos, la combinación de las vacunas estudiada otorga una mayor respuesta inmunitaria frente al virus, que se suma a la ya observada gracias a la generación de anticuerpos o inmunidad humoral.

La segunda es la inmunidad celular. Esta es otro tipo de respuesta del sistema inmune y se produce gracias a la activación de linfocitos T, otro tipo de células que adquieren la capacidad de destruir las células ya infectadas. La generación de anticuerpos es el principal objetivo de una vacuna. Pero si suma también la respuesta de inmunidad celular, se podrá reforzar el sistema de defensas del organismo y mejorar así la protección frente al virus.

La importancia de la tercera dosis o dosis de refuerzo radica en que la cantidad de anticuerpos neutralizantes del virus que proporcionan las vacunas disminuye con el tiempo. En todo el mundo, las campañas de vacunación contra el COVID-19 a gran escala están ayudando a controlar la propagación del virus, pero incluso en los países con altas tasas de vacunación, pueden producirse infecciones puntuales. Por eso, los científicos creen que se debe a una pérdida gradual de inmunidad con el tiempo.