Solo 2 de cada 10 alumnos de 15 años llega en tiempo y forma al curso que le corresponde
Argentina pasó del segundo al séptimo lugar entre nueve países de América Latina y es el único que perdió posiciones en todas las mediciones del ranking entre 2012 y 2025. La sobreedad alcanza al 21% de los estudiantes y los resultados educativos muestran dificultades que comienzan en los primeros años de la primaria.

Argentina registra una de las tasas de escolarización adolescente más altas de América Latina, pero esa cobertura no se refleja en los resultados de aprendizaje ni en la continuidad de las trayectorias educativas. Según el Índice de Resultados Escolares en América Latina, elaborado por el Observatorio de Argentinos por la Educación, el país ocupa actualmente el séptimo lugar entre nueve naciones de la región cuando se combinan la asistencia escolar, la edad correspondiente al curso y los conocimientos básicos esperados.

El dato central del informe expone una paradoja: aunque el 97% de los adolescentes de 15 años asiste a la escuela, solamente 19 de cada 100 llegan en tiempo y forma. Esto significa que deben cumplir simultáneamente dos condiciones: cursar el año que les corresponde, sin haber repetido ni abandonado, y alcanzar los conocimientos mínimos esperados para su edad.

El indicador argentino también muestra un retroceso respecto de los registros anteriores. En 2009, 26 de cada 100 jóvenes llegaban a los 15 años con la trayectoria escolar correspondiente y conocimientos básicos de Lectura y Matemática. En la actualidad, esa proporción se redujo a 19 de cada 100: siete estudiantes menos por cada centenar.

La diferencia pone de manifiesto que el acceso a la escuela, aunque extendido, no garantiza por sí mismo que los adolescentes avancen de acuerdo con las edades previstas ni que incorporen los aprendizajes necesarios. El informe permite observar que las dificultades no aparecen únicamente al final de la secundaria. Un análisis de los datos de las últimas pruebas PISA, señalado previamente por Clarín, mostró que de cada 100 chicos que comienzan primer grado, solo 50 llegan a la secundaria en tiempo y forma. Los problemas que no se resuelven durante los primeros años de escolaridad se arrastran y pueden profundizarse en las etapas posteriores.

Tres filtros para medir los resultados escolares

El Índice de Resultados Escolares cruza tres dimensiones de las trayectorias educativas: inclusión, edad correspondiente al curso y aprendizajes. La combinación permite distinguir entre estar escolarizado y avanzar efectivamente en el sistema educativo con los conocimientos esperados.

Sol Alzú, analista de Argentinos por la Educación, explica que la primera dimensión mide cuántos adolescentes de 15 años asisten a la escuela. Para obtener ese dato se utilizan las encuestas de hogares, que muestran el resultado más favorable para Argentina: el 97% de los jóvenes de esa edad está escolarizado.

El segundo filtro analiza si esos estudiantes cursan el año que les corresponde. Del total que asiste a la escuela, el 79% lo hace sin sobreedad. Esto significa que no repitió, no abandonó la escolaridad —ni siquiera temporalmente— y no ingresó tarde al sistema educativo.

La contracara es una tasa de sobreedad del 21%, una de las más elevadas de América Latina. El dato refleja que una proporción significativa de adolescentes se encuentra en un curso que no coincide con el que debería estar cursando según su edad. El tercer filtro corresponde a los aprendizajes. Para medirlo, el índice considera a los alumnos que alcanzan al menos el nivel 2 de las pruebas PISA, tanto en Lectura como en Matemática.

La secuencia de los indicadores muestra cómo se reduce la proporción de estudiantes a medida que se incorporan nuevas exigencias:

97%: adolescentes de 15 años que asisten a la escuela.

79%: estudiantes escolarizados que cursan sin sobreedad.

19%: adolescentes que, además de asistir y estar en el curso correspondiente, alcanzan los conocimientos mínimos considerados.

Así, el problema no se limita a garantizar la asistencia. El desafío consiste en lograr que los alumnos permanezcan en el sistema, avancen de acuerdo con su edad y aprendan lo necesario durante su recorrido escolar.

Argentina perdió posiciones frente a sus vecinos

La comparación regional muestra una distancia considerable entre Argentina y los países que encabezan el índice. Uruguay ocupa el primer lugar, con el 35% de sus estudiantes de 15 años en tiempo y forma, seguido por Chile, con el 34%.

Brasil registra el 25% y Perú, el 23%. Argentina, con el 19%, queda por debajo de esas cuatro naciones y supera únicamente a Ecuador, donde el indicador alcanza el 14%, y Paraguay, con apenas el 7%.

El retroceso argentino también se observa en la evolución histórica de la clasificación. El país pasó del segundo al séptimo puesto regional y, según el informe, es el único que perdió posiciones en todas las mediciones del ranking realizadas entre 2012 y 2025. La comparación resulta relevante porque Argentina no solo queda detrás de Uruguay y Chile, países con un producto bruto interno per cápita más alto, sino también de México, Colombia, Brasil y Perú, que tienen un PBI per cápita menor.

Alzú reconoce que existe una relación entre la riqueza de los países y los resultados educativos, aunque advierte que no es automática ni directa. "Hay una relación, no la negamos, entre este índice y la riqueza de los países, pero no es tan directa", señala.

A partir de esa comparación, agrega que, por el nivel de PBI per cápita argentino, "esperaríamos que los resultados educativos sean todavía mejores". El desempeño de países con menores ingresos por habitante introduce, de este modo, otro elemento en el análisis: las condiciones económicas generales no alcanzan por sí solas para explicar las diferencias entre los sistemas educativos.

Qué significa tener sobreedad en la escuela

La sobreedad se produce cuando un estudiante tiene más años de los que teóricamente debería tener para el curso que está realizando. Sin embargo, la definición utilizada en el informe contempla situaciones específicas vinculadas con la edad de los participantes de las pruebas PISA.

Alzú explica que esas evaluaciones se realizan en una época del año en la que se espera que los alumnos tengan 15 años o 16 recién cumplidos. Por eso, se considera que existe sobreedad cuando los estudiantes tienen 17 o 18 años, o cuando tienen 16, pero están próximos a cumplir 17.

La situación puede originarse por tres motivos principales:

El alumno o la alumna repitió algún año escolar.

Abandonó la escuela y luego regresó al sistema educativo.

Ingresó más tarde a la escolaridad y cursó toda su trayectoria con ese desfase.

La sobreedad, por lo tanto, no responde a una única causa. Puede ser el resultado de dificultades de aprendizaje que derivaron en una repetición, de interrupciones en la asistencia o de un ingreso tardío al sistema.

El segundo componente del indicador, los conocimientos mínimos, tampoco equivale necesariamente a las calificaciones que los estudiantes reciben en la escuela. Alzú aclara que las notas dependen de los contenidos considerados necesarios para aprobar, tanto a nivel nacional como en cada provincia.

Un ejemplo son los trabajos prácticos integradores, previstos como una instancia para quienes no alcanzan los contenidos mínimos. Según la analista, un estudiante puede llevar menos materias pendientes y, aun así, obtener resultados deficientes en las pruebas PISA.

Esta diferencia ayuda a comprender por qué la aprobación de materias no siempre se traduce en el dominio de los conocimientos evaluados en las pruebas internacionales.

Matemática, Lectura y Ciencias: resultados en retroceso

Los resultados de las pruebas PISA constituyen otro de los puntos centrales del diagnóstico. Alzú señala que los desempeños argentinos en Matemática, Lectura y Ciencias son los peores desde 2006 y que, además, disminuyeron respecto de la medición anterior, realizada en 2022.

El deterioro de los aprendizajes influye directamente en el índice porque no alcanza con que los estudiantes permanezcan escolarizados y cursen sin sobreedad: también deben demostrar que incorporaron conocimientos básicos en las áreas evaluadas.

La dificultad, además, puede comenzar mucho antes de que los adolescentes lleguen a la edad en que se toman las pruebas PISA. Alzú advierte que ya en tercer grado existen problemas de comprensión lectora y que prácticamente la mitad de los chicos no logra comprender en profundidad un texto adaptado a su edad.

Esa dificultad no queda restringida a la materia Lengua. La comprensión lectora también es necesaria para resolver problemas matemáticos, interpretar consignas y utilizar conocimientos adquiridos.

"Un chico que no comprende el enunciado de un problema, aunque sepa hacer las operaciones básicas, tiene muy difícil resolver el ejercicio", ejemplifica la analista. La observación pone el foco en la relación entre las habilidades de lectura y el desempeño en otras áreas. Si los problemas de comprensión no se resuelven durante la primaria, pueden convertirse en una barrera para el aprendizaje de contenidos más complejos en los años siguientes.

La inclusión educativa y el desafío de mejorar 

Una de las explicaciones habituales sobre los resultados escolares sostiene que la ampliación de la cobertura puede generar dificultades adicionales para el sistema. Argentina extendió la escolarización durante los últimos años, especialmente en la secundaria, uno de los últimos niveles en incorporarse a la obligatoriedad.

Alzú reconoce que una mayor inclusión plantea desafíos pedagógicos porque incorpora estudiantes con realidades y contextos diferentes. "Mayores niveles de inclusión también representan un desafío en términos de aprendizaje, porque son realidades y contextos diferentes", plantea.

En el corto plazo, explica, puede existir una tensión entre ampliar el acceso y sostener los resultados. En ese sentido, "más inclusión puede venir acompañada de peores resultados".

Sin embargo, el informe señala que la ampliación de la asistencia también se produjo en otros países de la región y que no en todos ellos cayó el índice de resultados escolares. Por ese motivo, Alzú considera que el deterioro argentino parece responder a una problemática más específica del país que a una tendencia regional generalizada.

El especialista en planeamiento y políticas educativas Alejandro Morduchowicz cuestiona que el debate público se concentre en el aumento de la cobertura sin prestar suficiente atención a los aprendizajes.

"En Argentina las autoridades suelen jactarse del aumento de la cobertura, pero omiten los bajos resultados en el aprendizaje. Este índice, al combinar distintas variables, brinda una imagen más fidedigna y difícil de soslayar. Con más alumnos y menos sobreedad que años atrás, en la actualidad son menos quienes llegan a tiempo y con los conocimientos esperados", afirma.

Morduchowicz agrega que la comparación con países más pobres debería encender otra señal de alerta. "La comparación con países de mayor pobreza debería sumar una segunda alerta: los factores externos ya no alcanzan para explicar nuestro bajo desempeño. Despejado esto, queda como gran responsable la política educativa, cuya mayor constante es la de su ausencia o sus desaciertos, según el caso", sostiene.

Las familias y los gobiernos

El diagnóstico abre otra discusión: hasta qué punto la mejora de los resultados depende exclusivamente de las escuelas. Agustín Porres, director regional para América Latina de Fundación Varkey, sostiene que el aprendizaje requiere la participación de distintos actores de la comunidad educativa. Desde su perspectiva, la responsabilidad no puede recaer únicamente en las instituciones escolares.

"La escuela se sostiene en comunidad. Con directores que confían en sus equipos, con familias que apoyan a la escuela, con gobiernos que potencian. No podemos relegar el aprendizaje a las escuelas porque esto nos ocupa a todos", afirma.

Porres plantea que revertir la tendencia requiere un compromiso compartido para que los estudiantes no solo asistan a clases, sino que aprendan en el tiempo previsto y alcancen los conocimientos esperados.

"Si queremos que los estudiantes vayan y allí aprendan en tiempo y forma, debemos asumir el compromiso y así podremos revertir la tendencia", concluye.

El Índice de Resultados Escolares en América Latina deja planteado, en definitiva, un desafío que va más allá de la cobertura educativa. Argentina logró que el 97% de los adolescentes de 15 años asista a la escuela, pero esa presencia no se traduce necesariamente en trayectorias continuas ni en aprendizajes satisfactorios.

Con una tasa de sobreedad del 21%, resultados descendentes en las pruebas PISA y apenas 19 de cada 100 estudiantes que llegan en tiempo y forma, el reto consiste en convertir el acceso a la educación en una experiencia sostenida y efectiva. Como señala el informe, la meta regional no es solamente ampliar la escolarización, sino garantizar que los estudiantes permanezcan en el sistema, avancen de acuerdo con su edad y aprendan lo necesario durante todo el recorrido educativo.