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Bienestar Emocional

Educación Emocional: ¿Cómo manejar la ira?

El crimen de Tomás Tello en Santa Teresita demostró lo que puede desencadenar este tipo de emociones sobre todo en los adolescentes.

03 Enero de 2024 22.20

La educación emocional es la posibilidad de enseñar aprender y aprehender que son las emociones, darle un sentido productivo para una persona, la cual podrá reconocer sus estados anímicos y manifestar que ocurre con ellos. Así lo explicó Diego J. Degratti (M.N. 34.375) Licenciado en Psicología, quien además indicó: “Las etapas evolutivas son diferentes entre sí y cada cual tendrá características que le son propias y con la dificultad que cada una tendrá, siendo el ámbito familiar, escolar y social un punto que favorezca o inhiba el desarrollo emocional de un individuo”.

El especialista señaló que, teniendo en cuenta la etapa del desarrollo del individuo, la educación emocional provee un sentido a las emociones y dio un ejemplo: “Un niño que ingresa a la etapa escolar del jardín o el primario desarrolla frente a lo novedoso de lo escolar, un sentimiento de desconfianza frente a un entorno que desconoce y por ende se vuelve temeroso, poco confiado del entorno y ahí, a través del juego podemos buscar que el niño manifieste sus temores, sus miedos y luego transformarlos para que el ámbito escolar adquiera un sentido de pertenencia y seguro para el niño”.

En tanto, Degratti dijo que la educación emocional la podemos pensar desde diferentes lugares, desde el ámbito familiar, escolar y/o social. Para esto es importante el reconocimiento de las emociones, los sentimientos, sobre diversos temas. “Está comprobado que la inteligencia logra un mejor desarrollo con el acompañamiento de los afectos. Entonces su implementación en las diferentes etapas etarias del desarrollo del ser humano son vitales para lograr una mejora a nivel personal, familiar y por ende social”, dijo.

Además, agregó: “Es difícil hablar de educación como tal, Freud decía que el ser humano hay tres áreas que jamás podrá dominar, los fenómenos de la naturaleza, gobernar y educar, dado a las características del ser humano y su configuración psíquica. Sin embargo, cuando planteamos la idea conceptual de educación, lo pensamos desde la posibilidad de generar herramientas de diversa índole para que el ser humano pueda desarrollar su potencial y plenitud dentro de una sociedad. Por ejemplo, cómo nos enseñan, cuánto es 2+2, fechas patrias o la diferencia entre sujeto y predicado, es de igual importancia aprender qué nos sucede con nuestras emociones, nuestros sentimientos”.

 

La agresividad y su vínculo con la autoridad

 

El psicólogo indicó que en la adolescencia se juegan otras características, principalmente dos: la agresividad y su vínculo con la autoridad. “El ser humano en su origen fue un animal que, gracias a la evolución del prefrontal cerebral, le permitió la evolución frente a diversas condiciones, pero también lleva una carga de agresividad que es parte de sí, que no puede ser excluida”, dijo.

Asimismo añadió: “Tenemos que entender que la agresividad en sí no es mala, ni buena, sino que es, una energía que nos posibilita diversas cosas y, en la medida que esta se vincula de forma productiva, será un beneficio para un adolescente y que, lamentablemente, se conecta o carece de acciones productivas, el resultado puede llegar a vincularse con la muerte”.

Degratii dijo que la autoridad es la posibilidad que dé calma, que serene ese torbellino hormonal que el adolescente trae consigo en su etapa de desarrollo. “Cuando la autoridad no logra dar esa pacificación, la agresividad adquiere preponderancia y, por ende, se transforma en un peligro latente para un adolescente. Cuando un joven bebé alcohol y conduce un automóvil, lo hace bajo la equivocada premisa 'a mí no me va a pasar nada' y esto puede que sea así, lo cual favorece la reiteración de la conducta hasta que, lamentablemente, ocurra la desgracias de un accidente de tránsito que puede costarle la vida o la vida a terceros”, explicó.

 

El exceso y sus implicancias

 

El especialista dijo que el uso excesivo de tóxicos cómo el alcohol o drogas cómo la cocaína o psicofármacos mezclados con alcohol, provocan un estado de euforia y de desinhibición que transforma a un adolescente un potencial de todo aquello que sabemos que daña. “Un adolescente bajo los efectos de los tóxicos no mide ningún tipo de consecuencia, porque las sustancias provocan la liberación de los frenos inhibitorios cómo la moral (esto que hago está mal y si lo hago tengo un castigo) y se exacerba la agresividad exponiéndose a situaciones altamente peligrosas”, indicó.

En tanto, agregó: “Luego que los efectos tóxicos quedan de lado y, dependiendo del resultado de las situaciones, el adolescente hace una interpretación, como una simple anécdota (manejar alcoholizado) o como un hecho delictivo (el haber asesinado a una persona en una riña callejera). Si notamos bien, cuando se trabajan las emociones, es conectar al adolescente en relación a lo problemático que es en sí no ser un sujeto responsable de sus actos”.

Degratti dijo además: “Si enseñamos a los adolescentes a vincularse con sus emociones primarias desde un punto de vista productivo, seguramente las posibilidades de bajar la situaciones a exposiciones peligrosas sería un hecho. Debe existir siempre un compromiso entre los ámbitos donde el adolescente se desarrolla, familia, escuela y sociedad. Un adolescente que tenga entornos favorables tendrá beneficios en su desarrollo, en tanto que, aquellos que no les tengan la dificultad es mayor, sin embargo, la posibilidad de ser resiliente es una herramienta que va con la educación emocional y que permite ver un futuro no tan oscuro”.

“Todo acto de agresividad encubre un acto de frustración y angustia, cuando reconocemos su origen, aquello que nos frustró y angustió, la agresividad tiene a bajar su intensidad, por esto es importante aprender a reconocer primero la frustración o angustia para que la agresividad no sea la primera respuesta frente a una situación donde la violencia no es necesaria cómo modo de resolución en un conflicto determinado”, aclaró Degratti.

 

Las políticas públicas y su relevancia en la salud psíquica

 

El psicólogo dijo que las políticas públicas son siempre necesarias y más en lo concerniente a la salud mental. “La promoción de la salud mental, es decir aquello que conocemos cómo prevención primaria es vital para bajar los índices de diversos temas, cómo las adicciones, suicidio, abuso intrafamiliar, etc”, dijo

La educación emocional entra sin duda alguna, en la prevención primaria, nutrir a familias, escuelas, clubes de barrio, centros religiosos, iglesias con charlas informativas, juegos y/o programas sobre salud mental, nos daría una sociedad más cercana al concepto de lo sano.

 

Hablando de lo sano: Vamos a tratarnos bien

 

El especialista comentó que Natalia Jañez, vicepresidenta de la Fundación Lebensohn, en la sede del Instituto Moisés Lebensohn de la ciudad de Río Grande, lleva adelante con su equipo una campaña llamada “Vamos a Tratarnos Bien” que cuenta con la participación de vecinos para mejorar la convivencia, busca promover y concientizar sobre la necesidad de mejorar la forma de relacionarse entre los habitantes de la ciudad de Río Grande.

Su objetivo es ser una herramienta de cambio y un gran aporte para la convivencia social, en medio de un país que se divide entre grietas y egoísmo, dijo y añadió: “A la Fundación la acompañan profesionales de la Psicología y la Sociología, docentes y especialistas que trabajan diariamente con casos que pueden evitarse si el entorno cambia para bien. Estaría bueno que esta concientización y trabajo se replique en toda nuestra Argentina y ya no haya más casos de bullying”.

(Fuente: TN)