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Hoy los restos de Fray Mario Fuenzalida vuelven a la tierra natal del Beato Esquiú

Este miércoles, la comunidad de Fray Mamerto Esquiú recibirá los restos del sacerdote franciscano, trasladados por su familia desde Santiago del Estero. A seis años de su fallecimiento, volverá a la tierra donde desarrolló una parte fundamental de su misión y dedicó su vida a difundir la figura de Fray Mamerto Esquiú.

Fray Mario Fuenzalida
Fray Mario Fuenzalida w

14 Octubre de 2026 08.28

La comunidad del departamento Fray Mamerto Esquiú vivirá este miércoles una jornada cargada de significado religioso y afectivo con la llegada de los restos de Fray Mario Rubén Fuenzalida OFM, el sacerdote franciscano que dedicó buena parte de su vida a difundir la figura y el legado de Fray Mamerto Esquiú. Seis años después de su fallecimiento, ocurrido en Santiago del Estero, sus restos regresarán a Catamarca para descansar en la tierra natal del Beato, en el año del Bicentenario.

El traslado fue realizado por su familia desde Santiago del Estero y la llegada está prevista cerca de las 10. La recepción tendrá como escenario la parroquia San José, donde se celebrará una misa y se realizará una reseña de su trayectoria. La ceremonia incluirá también campanadas y un toque de silencio a cargo de la Banda de Música, en un homenaje a quien hizo de la evangelización, la tarea misionera y la difusión de la vida de Esquiú una parte esencial de su vocación.

Después de las actividades previstas, los restos serán sepultados en el panteón familiar del Cementerio Municipal de Piedra Blanca. Allí quedará ligado definitivamente a la comunidad en la que ejerció su ministerio sacerdotal y desde la cual impulsó iniciativas para acercar la historia de Esquiú a las nuevas generaciones.

El regreso de Fray Mario se produce en un año especialmente significativo para la memoria del Beato. Su trayectoria estuvo estrechamente vinculada con la causa de beatificación y con el trabajo de difusión que desarrolló durante décadas, tanto en las aulas como en la radio y en cada uno de los lugares donde le tocó misionar.

Una vocación franciscana nacida en la infancia

Fray Mario Fuenzalida nació en el departamento Santa María el 13 de mayo de 1940. Su vocación religiosa comenzó a tomar forma cuando tenía apenas 12 años, a partir de un encuentro que dejó una marca en su vida. En aquella oportunidad, escuchó a un predicador hablar de San Francisco Solano. Motivado por ese testimonio, se acercó para expresarle su deseo de seguir un camino semejante: "Yo también quiero ser como San Francisco Solano".

Aquella frase, pronunciada durante la infancia, anticipó una elección que marcaría su recorrido personal y religioso. Fuenzalida se formó en las casas franciscanas de Catamarca y Córdoba, donde avanzó en su preparación para la vida sacerdotal. Finalmente, fue ordenado sacerdote en 1964, dando inicio a una trayectoria de servicio que se extendería durante décadas.

Su pertenencia a la orden franciscana estuvo acompañada por una actividad pastoral que lo llevó por distintas provincias y comunidades. En cada destino desarrolló su tarea religiosa y mantuvo una presencia activa en la difusión de la fe, con especial atención a la figura de Fray Mamerto Esquiú.

Piedra Blanca y el encuentro que marcó su vida

Uno de los capítulos centrales de su historia se desarrolló en Piedra Blanca, donde se desempeñó como párroco. Allí, el encuentro con la casa natal de Fray Mamerto Esquiú lo marcó para siempre y orientó una parte fundamental de su labor pastoral.

Fuenzalida no se limitó a acompañar la vida religiosa de la comunidad. También impulsó acciones destinadas a recuperar, poner en valor y difundir el legado del Beato, convencido de la importancia de acercar su historia a los vecinos y, especialmente, a los estudiantes. Entre las iniciativas que promovió se encuentra el arreglo de la iglesia y la construcción del monumento de la montañita. Ambas acciones formaron parte de un trabajo que vinculó la actividad pastoral con la preservación de los espacios y las referencias relacionadas con Esquiú.

Otra de sus propuestas más recordadas fue la organización de la Justa del Saber, una actividad en la que participaban cinco o seis escuelas de la zona. Los alumnos estudiaban la vida de Fray Mamerto Esquiú y competían a partir de los conocimientos adquiridos, con viajes como premio para los ganadores.

La iniciativa buscaba que los estudiantes conocieran la historia del Beato a través del estudio y la participación. De ese modo, la figura de Esquiú encontraba un lugar en las aulas y en las actividades educativas de la comunidad, más allá de los espacios estrictamente religiosos.

La Justa del Saber se convirtió así en una expresión concreta del compromiso de Fuenzalida con la transmisión de ese legado. Su tarea consistía en mantener viva la memoria de Esquiú y generar nuevas formas de acercamiento a su vida y su obra.

Un difusor incansable de la causa de Esquiú

Durante décadas, Fray Mario acompañó la causa de beatificación de Fray Mamerto Esquiú y se convirtió en uno de sus difusores más persistentes. Su labor se extendió a distintos ámbitos y comunidades, con una presencia que combinó la predicación, la enseñanza y la comunicación.

El aula y la radio fueron dos de los espacios desde los cuales contribuyó a divulgar la figura del Beato. A ellos se sumaron los destinos en los que desarrolló su misión religiosa, llevando consigo el mensaje y la historia de Esquiú. Su recorrido pastoral también incluyó funciones como capellán del Hospital de Niños de Córdoba, una tarea que formó parte de su servicio religioso. Además, prestó servicio en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, La Rioja y Santiago del Estero.

La amplitud geográfica de su trayectoria da cuenta de una vida dedicada a la misión, sin que su trabajo de difusión de Esquiú quedara limitado a Catamarca. En cada destino, la figura del Beato continuó siendo uno de los ejes de su tarea evangelizadora. Fray Eduardo Zatti OFM recordó a Fuenzalida con una expresión que sintetiza esa forma de vivir el sacerdocio: "un misionero en plena acción". La definición remite a un religioso que permaneció activo en su labor hasta el final de su vida.

Murió en plena actividad y fue recordado tras la beatificación

Fray Mario Fuenzalida murió el 17 de agosto de 2020 en Santiago del Estero, cuando todavía se encontraba en plena actividad. Incluso durante sus últimos días continuó participando de las tareas vinculadas con su ministerio.

Dos días antes de su fallecimiento, había grabado desde su habitación un mensaje para la fiesta de la Asunción. Ese registro constituye uno de los últimos testimonios de su actividad religiosa antes de su muerte. Un año después, Fray Mamerto Esquiú fue beatificado, un acontecimiento que tuvo un significado especial para quienes habían acompañado durante años la causa. En esa ocasión, Fuenzalida fue recordado con gratitud por su trabajo sostenido en la difusión de la figura del Beato.

Su fallecimiento, por lo tanto, no interrumpió la memoria de una tarea que había desarrollado durante décadas. El reconocimiento posterior a su trayectoria quedó asociado a su compromiso con la causa de Esquiú y con la convicción de que su vida debía ser conocida por nuevas generaciones.

Ahora, seis años después de su partida, el traslado de sus restos a Piedra Blanca permitirá que su historia vuelva a encontrarse con la comunidad donde dejó una huella profunda.

El mensaje de su hermana

La llegada de los restos también tiene un significado íntimo para la familia. Su hermana Rosita expresó ese sentimiento con una frase sencilla, pero cargada de sentido: Mario vuelve "como a dar este empuje". La expresión vincula el regreso del sacerdote con la continuidad de una misión que no se agotó con su muerte. Para quienes compartieron su camino, su figura permanece ligada al esfuerzo por sostener la devoción a Fray Mamerto Esquiú y acompañar la causa que impulsó durante tantos años.

En ese mismo sentido, Rosita invitó a los devotos, vecinos y peregrinos que llegan a la casa natal del Beato a mantener viva la oración y a no abandonar ese compromiso. "La oración es un arma. Si rezamos en familia, en las instituciones, en los colegios, pronto nuestro beato estará en los altares", expresó.

Sus palabras recuperan dos dimensiones centrales de la trayectoria de Fuenzalida: la importancia de la oración en la vida comunitaria y la necesidad de transmitir la figura de Esquiú en los ámbitos familiares, institucionales y educativos.