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Buenos Aires

Una joven en sillas de ruedas denunció que la discriminaron y le negaron el ingreso a un bar

Martina Sierra de 22 años había ido al lugar con sus amigas para festejar el cumpleaños de una de ellas.

22 Diciembre de 2021 21.09

Martina Sierra tiene 22 años y le quedan tres finales para completar el tercer año de la carrera de abogacía. Anda por los pasillos de la facultad en su silla de ruedas sospechando que el derecho penal es lo que más le atrae, aunque el por qué de su paso por el mundo de las leyes es otro.

La joven contó que se metió para involucrarse con los derechos de las personas discapacitadas y luchar por ellos.

El sábado por la noche, en La Plata, ciudad donde vive, salió con amigas a festejar el cumpleaños de una de ellas. Decidieron encontrarse en Bye Henry, una cervecería que después de medianoche se convierte en boliche.

Martina y una de sus amigas, pidieron una mesa para cinco. Les respondieron que no tenían. Luego volvió a preguntar si había para cuatro personas, porque el quinto invitado llegaría más tarde, si es que lograba asistir al festejo.

Las excusas rebotaron entre el "ya me pediste para cinco" y "la silla no pasa por los pasillos del lugar". Que no tuvieran lugar no le molestó a Martina, pero la reacción fue distinta con la segunda excusa.

Solamente un puñado de metros separaba al grupo de amigas de la mesa al fondo del local. Pero el argumento que recibió fue insólito: le dijeron que pedirle a los consumidores que corrieran sus sillas para que Martina pueda pasar sería "una falta de respeto".

"Voy a todos lados y nunca tuve problemas. He ido a lugar con escaleras y siempre hay alguien que me ayuda. Incluso fui a ver a Soda Stereo -el fin de semana en el Campo de Polo- y no tuve problemas. Nunca me había pasado esto", dijo.

"Estaba shockeada, no lo podía entender", agregó la futura abogada, quien además contó, riéndose para disimular la bronca y la indignación: "Me dijeron que no es un ambiente para mí. No entiendo a qué se refieren".

Martina y sus amigas tomaron la decisión de ir al local contiguo, donde hay dos escalones. Empleados del local la ayudaron a subirlos para que pueda disfrutar con sus amigas.

La joven de 22 años dudó en contar públicamente lo que le pasó. Lo charló con su familia y amigos y decidió dar a conocer la historia a través de una publicación en Instagram. "No los quise exponer a ellos ni a mí, pero finalmente decidí hacerlo. No esperaba que tenga tantas repercusiones".

El rebote mediático del caso es algo que ahora Martina toma como algo positivo. "Solamente quiero que la gente tome conciencia. Todos somos diferentes". La joven también hizo la denuncia ante el Inadi.

Luego, consultada sobre la respuesta del bar a lo que ella contó, sostuvo que lo hicieron porque su relato se volvió viral. "A mí nunca me llamaron".

Desde Bye Henry pidieron disculpas a “una persona que se sintió maltratada y discriminada”, e indicaron: “De ninguna manera ese es el pensamiento de la empresa, que al construir el local lo hizo con rampa y baño para discapacitados”.

"Claramente no pienso volver", dijo Martina y afirmó que algo así "atrasa mil años".

En agosto, el mismo bar fue protagonista de la furia de un grupo de jóvenes que no se quisieron ir y terminaron destrozando el frente del local arrojando sillas y mezas e hiriendo a un empleado del lugar.