El vertiginoso crecimiento de la inteligencia artificial ha planteado una paradoja para la modernidad: mientras sus algoritmos prometen optimizar procesos globales, su infraestructura física consume recursos planetarios a un ritmo alarmante. Ante este escenario, investigadores de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, han divulgado un plan futurista que pretende conciliar el desarrollo tecnológico con el cuidado del medioambiente. La propuesta consiste en trasladar los centros de datos al espacio, permitiéndoles orbitar el planeta y operar íntegramente gracias al empuje de la energía solar.
Según los autores del estudio, esta iniciativa representa un hito que "abre un nuevo camino" para la industria digital.
Detrás de la interfaz etérea de cada aplicación o programa online, existen infraestructuras tangibles que gestionan millones de datos por segundo. Este mundo digital tiene un correlato físico con un impacto ambiental profundo que se ha agravado con la adopción masiva de tecnologías generativas. Cada interacción multiplica los requisitos de potencia computacional de forma exponencial, lo que deriva en un consumo energético masivo y en una generación de calor difícil de mitigar. En este sentido, el ingeniero Pablo Prieto destacó recientemente que una de las empresas líderes del sector reportó un aumento del 48% en sus emisiones de carbono en los últimos cinco años, un incremento impulsado principalmente por la expansión de la IA.
Históricamente, la industria ha utilizado aire para enfriar sus servidores, pero este método ya no es suficiente. Por ello, se ha migrado hacia mecanismos de refrigeración líquida, los cuales, aunque son más eficientes para disipar el calor en los chips, presentan riesgos de fugas y corrosión. Además, este sistema utiliza agua, un recurso que se vuelve cada vez más escaso en el planeta. Ante estos límites terrestres, han surgido propuestas singulares, como la instalación de infraestructuras debajo del océano en China, pero el proyecto de la Universidad de Pensilvania busca una solución definitiva fuera de los límites atmosféricos para garantizar una escalabilidad sostenible.
El diseño propuesto por los ingenieros estadounidenses se aleja de las estructuras compactas terrestres y se asemeja a una planta frondosa con muchos tallos. El sistema se basa en la creación de centros de datos que orbitarán la Tierra potenciados por energía solar, utilizando una tecnología conocida como ataduras o anclajes. Estos son cables largos y flexibles que se han estudiado durante décadas y que se alinean de forma natural en el espacio debido a las fuerzas gravitatorias. El autor principal del artículo, Igor Bargatin, presentó este sistema en el Foro SciTech 2026, destacando que es el primer diseño que prioriza la orientación pasiva, permitiendo que los paneles solares miren siempre al Sol sin necesidad de ajustes constantes.
La estructura es profundamente modular y funciona de manera similar a un collar, donde es posible añadir nodos para incrementar la potencia de procesamiento según sea necesario. En la práctica, miles de nodos con chips, paneles y sistemas de refrigeración estarían conectados a través de una cuerda, formando una larga cadena vertical que podría extenderse por varias decenas de kilómetros. Para la transmisión de la información procesada, se utilizarían enlaces ópticos basados en láser, una tecnología que ya se emplea con éxito para enviar datos entre satélites en órbita.
Finalmente, los investigadores aclaran que, aunque este diseño permitiría reducir significativamente la demanda de energía y agua en la Tierra, tiene una aplicación específica. La propuesta sería de gran utilidad para interactuar con sistemas de IA ya operativos, como los chatbots, pero no sería eficaz para el entrenamiento de nuevos modelos. Esto se debe a la demora o latencia inherente a la transmisión de datos desde y hacia la superficie terrestre. No obstante, el proyecto vislumbra un cinturón de estos sistemas rodeando el planeta, trabajando en conjunto para sustentar la demanda digital del futuro de forma limpia.