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Con un golazo de Julián Álvarez, Atlético de Madrid aplastó a Barcelona por la Copa del Rey

El equipo de Diego Simeone goleó 4-0 en la ida de las semifinales de la Copa del Rey y firmó una actuación contundente que expuso todas las fragilidades de su rival. Con un primer tiempo demoledor, el conjunto madrileño quedó a un paso de la final.

12 Febrero de 2026 22.15

Atlético de Madrid dio un golpe casi definitivo en las semifinales de la Copa del Rey al golear 4 a 0 a Barcelona en el partido de ida. En una noche que quedará marcada por la eficacia y la intensidad del equipo de Diego Simeone, el conjunto rojiblanco construyó una ventaja contundente, especialmente a partir de un primer tiempo de altísimo nivel, y dejó a su rival contra las cuerdas de cara a la revancha.

La diferencia no fue solo numérica. Fue conceptual, anímica y táctica. Desde el inicio, el Atlético impuso condiciones, manejó los tiempos del partido y castigó cada error del adversario. El resultado fue la consecuencia lógica de una superioridad que se manifestó en todas las líneas.

Un arranque que anticipó la tormenta

El partido comenzó con una señal clara de lo que vendría. A los 3 minutos, Antoine Griezmann filtró un pase preciso para Giuliano Simeone, quien quedó mano a mano con el arquero. La reacción de Joan García fue rápida y efectiva: envió el remate al córner. Aquella intervención evitó el primer gol, pero no logró modificar la tendencia.

Apenas tres minutos más tarde, a los 6, se produjo una acción tan insólita como determinante. Eric García intentó descargar con su arquero y, en el intento de despeje, Joan García terminó introduciendo la pelota en su propio arco. El 1-0 no solo abrió el marcador: abrió el partido. Desde ese momento, el Barcelona quedó expuesto y el Atlético encontró los espacios para desplegar su plan.

Transiciones letales y eficacia total

Con la ventaja a favor, el equipo de Simeone acentuó su estrategia de presión y transición rápida. Barcelona no logró recomponerse, y cada salida rojiblanca se transformó en una amenaza concreta.

Una secuencia resumió esa dinámica:

Juan Musso sacó largo.

Ademola Lookman controló por izquierda.

La jugada continuó con Julián Álvarez, que abrió hacia Nahuel Molina.

El lateral asistió a Griezmann, quien definió con precisión para el 2-0.

La construcción del segundo gol evidenció coordinación, velocidad y lectura de espacios. La superioridad era clara. Barcelona apenas pudo insinuar una reacción cuando Fermín López intentó una mediavuelta que se estrelló en el travesaño. Fue un destello aislado en medio de un dominio territorial y anímico del local.

Antes del descanso, el Atlético volvió a golpear. Tras una recuperación y salida rápida, Álvarez optó por la generosidad: dejó de lado la opción personal y asistió a Lookman, que convirtió el 3-0. El partido ya parecía resuelto, pero aún quedaba una acción más para sellar una etapa inicial demoledora.

En la última jugada del primer tiempo, Molina envió un centro que cruzó toda el área. Lookman devolvió de primera y Álvarez, desde la medialuna, sacó un derechazo para el 4-0. La contundencia fue total. El Atlético no solo dominó: fue quirúrgico.

Intento de reacción y golpe final

El segundo tiempo mostró un escenario diferente en la intención, pero no en el resultado. Barcelona intentó reaccionar con más ímpetu que claridad. Buscó adelantarse en el campo y presionar, aunque sin la precisión necesaria para quebrar el orden rival.

Musso volvió a imponerse ante Fermín López, sosteniendo el arco en cero. Poco después, Pau Cubarsí marcó tras una serie de rebotes que parecían darle aire a la visita. Sin embargo, un extenso chequeo del VAR anuló el gol por posición adelantada. La revisión terminó de desactivar cualquier esperanza de remontada parcial.

El golpe fue doble: no solo se mantuvo la diferencia, sino que el ánimo del Barcelona cayó definitivamente. La intensidad disminuyó y el equipo sufrió la expulsión de Eric García en el tramo final, cerrando una noche adversa en todos los frentes.

Una ventaja que define la serie

El 4-0 en la ida deja al Atlético de Madrid con un margen amplio de cara a la revancha. Más allá del resultado, la forma en que se construyó la victoria marca la dimensión del golpe. 

Barcelona, por su parte, quedó condicionado por errores propios y por la incapacidad de revertir el impacto inicial. El gol en contra, la anulación del tanto de Cubarsí y la expulsión de Eric García conformaron una secuencia adversa que profundizó la diferencia.

Con una actuación contundente y un primer tiempo que rozó la perfección, el Atlético dio un paso gigante hacia la final de la Copa del Rey. La revancha aún está por disputarse, pero el mensaje ya fue enviado con claridad: la semifinal tiene dueño provisional, y la ventaja es tan amplia como elocuente.