La presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, encabezó su primera actividad oficial de gobierno luego de haber jurado el cargo el pasado lunes y dejó un mensaje directo frente a las advertencias lanzadas por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. En un discurso pronunciado ante miembros de su gabinete, la mandataria afirmó que no se siente intimidada por las amenazas externas y sostuvo que su destino "solo lo decide Dios".
Las declaraciones de Rodríguez se producen en un escenario de extrema tensión política y diplomática entre Caracas y Washington, marcado por el reciente ataque estadounidense en territorio venezolano que derivó en la detención del exmandatario Nicolás Maduro y su posterior traslado a una prisión federal en Nueva York.
"Hemos crecido en fortaleza y espiritualmente para afrontar los desafíos, las agresiones y las amenazas", expresó la presidenta venezolana durante su mensaje. Y agregó, en tono firme: "En lo personal, quienes me amenacen deben saber que mi destino no lo decide nadie más que Dios". La frase fue interpretada como una respuesta directa a los dichos de Trump, quien había advertido públicamente que Rodríguez "pagará un precio más alto que Maduro" si no actúa conforme a los intereses de Estados Unidos.
Las advertencias del líder republicano fueron realizadas el lunes, pocas horas después de la asunción de Rodríguez, y encendieron una nueva escalada verbal entre ambos países. Trump sostuvo que la nueva presidenta venezolana tiene la oportunidad de "hacer lo correcto", aunque dejó en claro que, de no hacerlo, enfrentará consecuencias más severas que las aplicadas a su antecesor.
Desde el ataque estadounidense del pasado sábado —una operación que concluyó con la captura de Maduro—, el vínculo entre Trump y Rodríguez estuvo marcado por declaraciones cruzadas, señales ambiguas y cambios de tono respecto del rol que la flamante mandataria podría desempeñar en el nuevo escenario político venezolano. La ofensiva de Washington fue repudiada inicialmente por el gobierno de Caracas, que denunció una violación a la soberanía nacional y un acto de agresión directa.
En ese contexto, Rodríguez condenó en un primer momento la incursión militar en territorio venezolano y defendió el derecho del país a resolver sus asuntos internos sin injerencias externas. Sin embargo, con el correr de los días, el discurso oficial mostró ciertos matices. En un giro que fue seguido con atención por la comunidad internacional, la presidenta manifestó su disposición a entablar un diálogo con Estados Unidos y propuso avanzar en una agenda de cooperación bilateral.
Ese cambio de tono abrió interrogantes sobre el rumbo que tomará la relación entre ambos países y el grado de autonomía que tendrá Rodríguez frente a las presiones externas. Mientras Washington evalúa los próximos pasos en su política hacia Venezuela, el nuevo gobierno busca consolidarse internamente y transmitir una imagen de fortaleza institucional en medio de un escenario de alta volatilidad política.
Las palabras pronunciadas por la mandataria durante su primera actividad oficial no solo apuntaron a responder las amenazas personales, sino también a enviar un mensaje hacia el interior del país. Al destacar el crecimiento "en fortaleza y espiritualidad" del pueblo venezolano, Rodríguez buscó reforzar la idea de resistencia frente a las agresiones externas y cohesión nacional ante un momento crítico de la historia reciente.
El futuro inmediato de Venezuela permanece atravesado por múltiples interrogantes: el impacto político de la detención de Maduro, la reacción de la comunidad internacional, el rol que asumirá Estados Unidos y la capacidad del nuevo gobierno para estabilizar el país. En ese escenario, las declaraciones de Delcy Rodríguez marcan el inicio de una presidencia que se perfila atravesada por la confrontación diplomática y la necesidad de redefinir alianzas estratégicas.