Tras la detención del líder chavista Nicolás Maduro, el gobierno de Estados Unidos dejó en claro que su relación con las actuales autoridades de Venezuela estará estrictamente condicionada a las decisiones políticas que adopten en el nuevo escenario abierto tras la operación militar que derivó en la captura del mandatario. Así lo expresó el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, quien aseguró que Washington evaluará cada paso del gobierno venezolano antes de definir su postura definitiva.
En declaraciones al programa Face the Nation de CBS News, Rubio sostuvo que Estados Unidos está dispuesto a trabajar con los dirigentes que permanezcan en el poder en Venezuela, siempre y cuando demuestren voluntad de cambio. "Vamos a juzgar todo por lo que hagan, y vamos a ver qué hacen", afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense, marcando una postura de cautela, pero también de firmeza frente a la nueva coyuntura política del país sudamericano.
El funcionario advirtió, sin embargo, que el margen de tolerancia de Washington es limitado. "Sí sé esto: que si no toman las decisiones adecuadas, Estados Unidos mantendrá múltiples palancas de presión", subrayó Rubio, en referencia a la posibilidad de aplicar sanciones económicas, diplomáticas y otras herramientas de presión internacional contra el chavismo residual.
El rol de Delcy Rodríguez y las condiciones de Washington
Las declaraciones de Rubio se producen luego de que el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela resolviera que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma de manera interina la presidencia, tras la captura de Maduro. En ese contexto, el secretario de Estado fue consultado específicamente sobre la figura de Rodríguez y el futuro inmediato del poder en Caracas.
"Queremos que termine el narcotráfico. No queremos ver llegar más pandillas a nuestro territorio. Queremos que la industria petrolera no beneficie a los adversarios de Estados Unidos, sino al pueblo venezolano", enumeró Rubio, dejando en claro cuáles son, a juicio de la Casa Blanca, los ejes centrales que deberían guiar cualquier transición política en Venezuela.
Según el funcionario, Washington observa con especial atención el vínculo histórico entre sectores del chavismo y el narcotráfico, así como el destino de los ingresos provenientes de la industria petrolera, un recurso estratégico tanto para la economía venezolana como para el mercado energético global. En ese sentido, Rubio remarcó que Estados Unidos no está dispuesto a tolerar que esos fondos continúen siendo utilizados para sostener estructuras de poder consideradas hostiles a sus intereses.
Presión, pragmatismo y señales al chavismo
Las advertencias del secretario de Estado reflejan una estrategia que combina pragmatismo político y presión internacional. Desde Washington insisten en que no se trata de un respaldo automático a las actuales autoridades venezolanas, sino de una evaluación permanente basada en hechos concretos y decisiones verificables.
Rubio reiteró que Estados Unidos "utilizará múltiples palancas de presión" si las autoridades chavistas no avanzan en un cambio de rumbo, aunque evitó detallar cuáles podrían ser esas medidas. Analistas internacionales coinciden en que el abanico incluye desde sanciones económicas selectivas hasta acciones diplomáticas coordinadas con aliados regionales y organismos multilaterales.
El mensaje de la Casa Blanca también apunta a enviar una señal clara tanto al chavismo como a la comunidad internacional: el futuro de la relación bilateral dependerá de la capacidad del gobierno venezolano de demostrar un quiebre real con las prácticas que llevaron al aislamiento del país en los últimos años.
Mientras tanto, el escenario político en Venezuela continúa marcado por la incertidumbre, con una población expectante y una comunidad internacional que sigue de cerca cada movimiento de las nuevas autoridades. En ese contexto, las declaraciones de Rubio refuerzan la idea de que el margen de maniobra del chavismo será estrecho y estará sometido a una vigilancia constante por parte de Washington.