Nicolás Maduro se presentará este lunes ante la Justicia de Estados Unidos para notificarse formalmente de los cargos de narcotráfico y terrorismo que pesan en su contra. El líder chavista está citado por el Tribunal Federal del Distrito Sur de Manhattan, donde también deberá comparecer su esposa, Cilia Flores. Ambos permanecen detenidos desde el sábado en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn.
La audiencia está prevista para las 14 horas y se da en el marco del operativo militar ejecutado por Estados Unidos que derivó en la captura del mandatario venezolano y marcó un punto de quiebre en el escenario político regional, con impacto directo en países como la Argentina y provincias como Catamarca, donde la situación es seguida con atención por la comunidad venezolana y los organismos oficiales.
Tras la captura de Maduro, el presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia, difundió un mensaje en el que ratificó su compromiso con la reconstrucción institucional del país. "Nuestro compromiso es: lealtad al pueblo, a la libertad y al Estado de derecho. Venezuela merece un futuro con derechos y esperanza", expresó en un video publicado en la red social X.
Mientras tanto, desde Uruguay, el presidente Yamandú Orsi reafirmó la "posición histórica" de su país basada en los principios de no intervención, solución pacífica de controversias, igualdad soberana de las naciones y defensa del derecho internacional, postura que remite a antecedentes diplomáticos sostenidos desde la década del 60.
En Venezuela, el chavismo se prepara para una nueva etapa sin Maduro al frente del Ejecutivo. Por orden del Tribunal Supremo de Justicia, la actual vicepresidenta Delcy Rodríguez asumirá formalmente la presidencia, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo. Su hermano, Jorge Rodríguez, continuará siendo una figura clave del poder, con alta probabilidad de ser reelecto como titular de la Asamblea Nacional.
El gobierno estadounidense, a través del secretario de Estado Marco Rubio, dejó abierta la posibilidad de diálogo con el nuevo liderazgo chavista, aunque condicionó cualquier acercamiento a la adopción de "decisiones adecuadas". No obstante, advirtió que se mantienen activas múltiples herramientas de presión y no descartó nuevas acciones militares.
Analistas internacionales coinciden en que el chavismo conserva el control del aparato estatal, aunque deberá adaptarse a un escenario extremadamente condicionado por Washington. Según el académico venezolano Andrés Cañizalez, el movimiento atraviesa un proceso de recomposición: "Estamos en presencia de un chavismo-madurismo que ha demostrado capacidad de adaptación y resiliencia, con el objetivo de permanecer en el poder o postergar una transición".
Dentro de esta nueva interna, figuras como Diosdado Cabello y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López conservan poder estratégico, aunque ambos enfrentan recompensas millonarias ofrecidas por el Departamento de Estado estadounidense, lo que los excluye de cualquier canal de negociación.
Con Maduro fuera del escenario, Venezuela inicia una etapa incierta, en la que el nuevo chavismo deberá negociar su supervivencia política bajo la atenta mirada de Estados Unidos, en un contexto que redefine el equilibrio regional y mantiene en vilo a América Latina.