Nicaragua elimina las elecciones y EE.UU dice que "no se quedará de brazos cruzados"
Washington reaccionó al anuncio del presidente nicaragüense, quien afirmó que en su país "no volverá a haber elecciones", mientras la Asamblea Nacional comenzó a analizar reformas impulsadas por el mandatario. Estados Unidos ya restringió la visa a más de 2.350 funcionarios y sus familiares, en medio de una creciente presión internacional contra el régimen.

Estados Unidos advirtió este martes que no se quedará "de brazos cruzados" luego del polémico anuncio del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, quien sostuvo que en su país no volverá a haber elecciones. La declaración encendió nuevas alarmas sobre el rumbo político del país centroamericano y el avance del régimen hacia un modelo cada vez más cerrado, con rasgos de autocracia y la posibilidad de una estructura de partido único.

La reacción de Washington llegó después de que Ortega planteara públicamente la eliminación de los procesos electorales en los que, según sus palabras, "partidos puestos por los yanquis" puedan acceder al poder.

El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, expresó la posición de la administración del presidente Donald Trump a través de una publicación en la red social X. Allí afirmó que Estados Unidos y la comunidad internacional "no se quedarán de brazos cruzados mientras la dictadura (...) profundiza la represión y fabrica inestabilidad que amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos".

Rubio también sostuvo que "abolir" las elecciones demuestra la "cobardía y miedo a la voluntad del pueblo nicaragüense".

La declaración representa una advertencia directa frente a las nuevas medidas impulsadas por el gobierno de Ortega y se suma a las sanciones que Washington ya aplica contra funcionarios y familiares vinculados con el régimen.

El anuncio de Ortega y el avance de las reformas

Ortega, de 80 años, realizó su anuncio el último domingo, en el marco del 47° aniversario de la revolución sandinista. En ese contexto, afirmó que "en Nicaragua no volverá a haber elecciones" en las que partidos respaldados por Estados Unidos puedan tomar el poder.

La declaración fue seguida por un movimiento institucional dentro del propio Estado nicaragüense. Este martes, la Asamblea Nacional informó que comenzó el "análisis" de reformas destinadas a cumplir con las "orientaciones presidenciales" anunciadas por Ortega.

El avance parlamentario fue interpretado como una señal del rumbo que podría tomar el sistema político del país. El contenido de las reformas fue presentado en un contexto en el que el gobierno ya modificó las reglas constitucionales y amplió el poder de la pareja presidencial.

La reacción de la OEA y de Costa Rica

El anuncio del mandatario nicaragüense provocó también reacciones regionales. El secretario general de la OEA, Albert Ramdin, rechazó la decisión y sostuvo que "el régimen abandonó la democracia".

Por su parte, el gobierno de Costa Rica llamó a consultas a su embajador en Managua. Las respuestas reflejan la preocupación internacional por una posible profundización del cierre político en Nicaragua. El anuncio de Ortega no fue interpretado como una simple modificación institucional, sino como un posible paso hacia la eliminación de la competencia electoral y el establecimiento de un modelo similar al que rige en Cuba.

Tres décadas de poder absoluto

Ortega y su esposa, Rosario Murillo, gobiernan Nicaragua con poder absoluto desde hace 30 años, si se incluye su primer período y los 19 años consecutivos de gobierno.

Durante ese tiempo, el régimen avanzó contra la oposición interna, especialmente después de las masivas protestas de 2018, que dejaron unos 300 muertos. El gobierno de Ortega consideró esas movilizaciones como un intento de golpe de Estado patrocinado por Estados Unidos.

Desde entonces, la oposición fue prácticamente desarticulada dentro del país. Dirigentes opositores, activistas, intelectuales, periodistas y religiosos partieron al exilio, en muchos casos después de haber pasado años en prisión.

Unos 450 opositores fueron despojados de su nacionalidad y de sus bienes, según la información proporcionada. Además, hace dos semanas, el gobierno eliminó los permisos de trabajo a unos 2.000 abogados, de acuerdo con medios nicaragüenses en el exilio.

Las sanciones de Washington y la comparación con Cuba

Estados Unidos mantiene sanciones contra el gobierno nicaragüense. Entre las medidas adoptadas se encuentra la restricción de visas a más de 2.350 funcionarios y sus familiares.

Sin embargo, Washington evitó hasta ahora avanzar tan lejos como lo hizo con Cuba, país sometido a una dura presión que llevó a su economía al borde del colapso.

La situación actual vuelve a poner en discusión el alcance de la respuesta estadounidense frente al régimen de Ortega. La advertencia de Marco Rubio de que la administración Trump y la comunidad internacional no permanecerán indiferentes se produce precisamente en un momento en el que el gobierno nicaragüense avanza sobre las reglas electorales.

Las elecciones de 2021 

Las últimas elecciones generales de Nicaragua se celebraron en noviembre de 2021. Ortega ganó ampliamente con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la exguerrilla que en julio de 1979 derrocó al dictador Anastasio Somoza.

Sin embargo, esos comicios estuvieron marcados por el encarcelamiento de opositores que tenían posibilidades de disputar la presidencia. Por ese motivo, dirigentes opositores consultados por la Agencia de Noticias AFP sostienen que el anuncio actual esconde el temor del gobierno a perder una elección competitiva.

Según esa interpretación, Ortega habría decidido avanzar hacia un sistema similar al de Cuba, donde el Partido Comunista es el único reconocido legalmente y los candidatos son nominados por asambleas vecinales u organizaciones civiles afines al gobierno. La reforma constitucional aprobada a fines de 2024 había establecido que Nicaragua debería celebrar elecciones generales durante el año próximo. El nuevo escenario abierto por el anuncio presidencial pone en duda el futuro de ese proceso.

"La voluntad de cambio sigue viva"

Los dirigentes opositores consultados interpretan la decisión de Ortega como una confesión de sus propios temores políticos. "Ortega confiesa lo que más le inquieta: no ha conseguido neutralizar a la oposición (...), sabe que la voluntad de cambio sigue viva y que aún le disputa el país", declaró Félix Maradiaga, exaspirante presidencial y ex preso político.

Maradiaga fue despojado de su nacionalidad y actualmente se encuentra exiliado en Estados Unidos.

Su análisis coincide con el de otros opositores que consideran que el anuncio presidencial no responde únicamente a una decisión ideológica, sino también al temor de que una competencia electoral real pueda poner en riesgo el control del poder.

La situación de Ortega y la interna del régimen

En paralelo a la creciente presión internacional, la situación interna del gobierno también está atravesada por una disputa por la sucesión. Opositores aseguran que Rosario Murillo realiza una purga interna y que mantiene en prisión a unos 200 copartidarios, ante un eventual fallecimiento de Ortega.

El presidente nicaragüense sufre lupus, una enfermedad crónica en la que el sistema inmunológico ataca por error los tejidos y órganos sanos, e insuficiencia renal, una condición que ocurre cuando los riñones pierden su capacidad para filtrar adecuadamente los desechos de la sangre.

En ese contexto, la eventual continuidad del poder aparece como uno de los factores centrales de la disputa interna del régimen.

El anuncio de que Nicaragua no volverá a tener elecciones, la puesta en marcha de reformas impulsadas desde la Presidencia, la persecución de opositores y las restricciones internacionales configuran un escenario de creciente tensión. Mientras Estados Unidos advierte que no permanecerá "de brazos cruzados", la OEA denuncia que el régimen abandonó la democracia y Costa Rica llamó a consultas a su embajador. En Nicaragua, el gobierno de Ortega avanza sobre el sistema político en un país donde, según sus opositores, la voluntad de cambio continúa vigente pese al exilio, las prisiones, la pérdida de nacionalidad y la represión.

La posibilidad de que Nicaragua avance hacia un modelo similar al cubano, con un único partido reconocido y sin elecciones competitivas, se convirtió así en el centro de una nueva crisis internacional alrededor del régimen que gobierna el país desde hace tres décadas.