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Crisis institucional y mando policial

Tras cuatro días de protesta, removieron al jefe de la Policía de Rosario

El ministro Pablo Cococcioni desplazó a Guillermo Solari al frente de la Unidad Regional II tras una inédita manifestación de efectivos. El Gobierno santafesino ratificó al jefe provincial y busca recuperar la cohesión interna en la fuerza.

12 Febrero de 2026 16.53

La crisis interna que sacudió a la Policía de Rosario durante casi 96 horas sumó este jueves su primera y más drástica consecuencia política. El ministro de Justicia y Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni, tomó la decisión de remover de su cargo al jefe de la Unidad Regional IIGuillermo Solari

El desplazamiento se produce en un clima de extrema sensibilidad institucional, luego de casi cuatro días de tensión sostenida y manifestaciones abiertas frente a la Jefatura local que pusieron en jaque la normalidad operativa de la fuerza. El conflicto, que mantuvo en vilo a la ciudad, estuvo protagonizado por efectivos policiales que, en una imagen de fuerte impacto visual y simbólico, mantuvieron sus patrulleros apostados en el lugar de la protesta como señal de descontento.

Este escenario de reclamos dejó al descubierto una profunda interna dentro de la fuerza, donde las demandas no se limitaron únicamente a cuestiones salariales, sino que escalaron hasta convertirse en cuestionamientos institucionales directos hacia la conducción de la unidad más importante de la provincia. En ese contexto crítico, el Gobierno provincial resolvió desplazar a Solari, marcando el fin de una gestión que resultó ser extremadamente breve. El ahora exjefe de la Unidad Regional II llevaba apenas tres meses en el cargo, habiendo asumido sus funciones en noviembre pasado, y su salida busca enviar un mensaje de autoridad ante la falta de contención de la protesta.

 

La decisión política de remover a Guillermo Solari no fue aislada, sino que respondió a una evaluación de su desempeño durante las jornadas de mayor tensión. A diferencia de lo ocurrido con el jefe provincial de Policía, Luis Maldonado —quien fue ratificado explícitamente por el gobernador Maximiliano Pullaro—, Solari no tuvo presencia pública durante los momentos más críticos del conflicto. Esta ausencia de liderazgo visible fue un factor que incidió de manera decisiva en la pérdida de confianza por parte de la cartera de seguridad, contrastando con la actitud de la cúpula provincial que sí se mantuvo alineada con el Ejecutivo santafesino.

Desde el Ministerio de Seguridad confirmaron que el reemplazante asumirá sus funciones este mismo jueves por la tarde, con la misión inmediata de restablecer el orden en la fuerza. De manera extraoficial, ha trascendido que el nombre que suena con mayor fuerza para ocupar la titularidad de la Unidad Regional II es el de Danilo Villán. Villán es un funcionario que ya cuenta con antecedentes directos en el cargo, habiendo liderado la misma unidad regional en el año 2020, lo que le otorga un conocimiento previo del territorio y de la complejidad delictiva que atraviesa la ciudad de Rosario.

La salida de Solari busca, por sobre todas las cosas, enviar una señal clara de conducción y reordenamiento en un escenario de alta sensibilidad institucional. El desafío inmediato para la nueva gestión y para el ministro Cococcioni será recomponer la autoridad y la cohesión interna en la principal unidad regional de la provincia, evitando que las internas policiales interfieran con las políticas de seguridad ciudadana. La ratificación de Maldonado como jefe provincial funciona como un ancla de estabilidad, mientras que el cambio en la cúpula rosarina intenta canalizar el descontento y desactivar los focos de protesta que mantuvieron a los patrulleros fuera de sus recorridos habituales.

Con este movimiento, el Gobierno de Santa Fe apuesta a recuperar la verticalidad del mando en Rosario. La designación de un nuevo jefe busca cerrar una etapa de casi cuatro días de patrulleros estacionados y manifestaciones que erosionaron la imagen de la institución. 

En adelante, el foco estará puesto en la normalización total del servicio y en la resolución de los reclamos salariales que originaron la crisis, bajo un esquema de liderazgo que garantice la presencia institucional y la disciplina necesaria para enfrentar la compleja realidad de seguridad que demanda la ciudadanía rosarina.