Lo que deja el año

Chau 2021: sobreviviendo la pandemia y agradeciendo la Beatificación de Esquiú

Al ritmo del aumento de casos, la memoria hace ejercicio y no olvida el momento histórico por el que toda la provincia se emocionó el pasado 4 de Septiembre en Piedra Blanca.

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31 Diciembre de 2021 11.22

A pocas horas de finalizar el segundo año en el que el mundo convive con el nuevo coronavirus, muchos solo tienen a esta enfermedad como lo único predominante en su balance del 2021. Es cierto que gran parte de los catamarqueños, por estas horas están más pendientes de saber donde hisoparse o cuando podrán completar su esquema de vacunación, esto ante el temor que impone el brote de Covid en esta última semana. Mientras, los que no se contagiaron, esquivan a los contactos estrechos y los nuevos positivos que se registran en gran cantidad, según lo confirman las mismas autoridades sanitarias de la provincia.

Pero el 2021 no fue solo Covid o por lo menos, esto es lo que deberíamos rescatar, para así salvar un año que trajo pesar por los que se fueron y angustia, por las tragedias económicas.

El hecho que quedó grabado en la historia de nuestra provincia es sin dudas es el que tiene como protagonista al humilde fraile franciscano nacido en Piedra Blanca, en el departamento que justamente lleva su nombre.

Previo al día histórico de la Beatificación de Fray Mamerto Esquiú, en el 2020, año también de pandemia, la Gracia de Dios permitió conocer que el Vaticano reconocía como milagro la intercesión que tuvo Esquiú en la curación inexplicable de una recién nacida en la provincia de Tucumán. Fue por esa sanación que fue declarado beato por un decretado del Papa Francisco el 19 de junio de 2020.

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Llegó el día

Vinieron luego los preparativos, la definición de la fecha de la ceremonia, la que se fue ajustando en función de la pandemia que persistía pero, finalmente llegó el día. Y el 4 de Septiembre, en medio de un clima perfecto, la tierra que lo vio nacer fue escenario de una ceremonia que conmovió a todos. Y al decir esto, no nos referimos solo a los devotos del ahora Beato o a los catamarqueños, sino que a todo el país y al mundo.

La repercusión porque finalmente la vida y las virtudes del más ilustre de los catamarqueños fueran reconocidas para la Iglesia toda, llegó a extremos del mundo que se alegraron tanto como nosotros. Y no es para menos. Ya lo había dicho el Profesor Mario Vera, historiador y biógrafo del fraile: "Fray Mamerto Esquiú fue en hombre muy sabio y esa sabiduría le daba una gran humildad, porque la sabiduría va asociada a la humildad, así como la ignorancia va asociada a la soberbia y Esquiú tenía eso, sabiduría y sobre todo humildad”.

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Proclamación

En ese espíritu se vivió ese día la beatificación. El momento culmine de la celebración religiosa realizada en la explanada del templo de San José de Piedra Blanca, fue cuando minutos después de las 10.30, el delegado papal, el cardenal Luis Villalba, arzobispo emérito de Tucumán leyó la carta apostólica en la que el Papa inscribe en el libro de los beatos al venerable siervo de Dios Mamerto de la Ascensión Esquiú y Medina. Hubo lágrimas, pañuelos al viento, campanadas y el júbilo genuino del pueblo que fue su cuna en 1826.

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Emma junto a sus padres

De esa alegría fue parte, además de ser centro de las miradas de todos los presentes en la Plaza de Piedra Blanca, la niña que recibió la gracia del milagro del fray Esquiú. Emma Pacheco junto a sus padres, fueron parte del día histórico al momento de entregar las reliquias pertenecientes al flamante beato al representante papal. Y así junto a ellos, Catamarca escribió la página más trascendente de su historia, no sólo dentro de lo religioso, porque este evento fue más allá. De él se sostienen los que ahora la siguen peleando, porque la pandemia persiste pero como podría decir el Beato Esquiú, eso no es lo definitivo.

RGM