En un clima de júbilo y profunda oración, durante la tarde de este sábado 11 de abril, se llevó a cabo la Solemne Bajada de la Imagen de Nuestra Señora del Valle, un acontecimiento central para la vida religiosa de Catamarca que marca el inicio del Septenario en su honor. Este año, la celebración adquiere una dimensión especial al conmemorar el 135° aniversario de la Coronación Pontificia, enmarcado además en el Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú.
La ceremonia se desarrolló en sintonía con este tiempo jubilar y con la Jornada de Oración por la Paz en el Mundo, convocada para este mismo día por el Papa León XIV. Bajo el lema "Con María y el Beato Esquiú, mensajeros de la paz", y con el tema general "Madre de Dios, modelo de fe, figura sinodal que llama a la unidad", la celebración articuló tradición, espiritualidad y un fuerte mensaje contemporáneo.
El rito central: una imagen que convoca multitudes
La tradicional ceremonia fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, quien protagonizó uno de los momentos más significativos al llevar en sus brazos la Imagen cuatro veces centenaria de la Pura y Limpia Concepción del Valle. El traslado se realizó desde el Camarín hasta el Presbiterio, acompañado por sacerdotes del clero catamarqueño y peregrinos.
En el templo, una multitud de devotos aguardaba la llegada de la imagen. El recibimiento fue jubiloso y emotivo, marcado por:
Aplausos sostenidos
Pañuelos agitados
Vivas que se entrelazaban con el canto colectivo
A su vez, muchos fieles participaron desde sus hogares mediante la transmisión en vivo por redes sociales y medios de comunicación, ampliando el alcance de la celebración.
Tras el saludo a los fieles, el Obispo colocó la imagen de la Madre Morena en el Trono festivo, desde donde comenzó a presidir las celebraciones litúrgicas que se extenderán durante el Septenario, recibiendo el homenaje de distintos sectores de la sociedad y de la comunidad eclesial.
Presencia institucional y participación comunitaria
La ceremonia contó con la presencia de autoridades civiles de relevancia, entre ellas:
El gobernador de Catamarca, Lic. Raúl Jalil
El intendente de San Fernando del Valle de Catamarca, Dr. Gustavo Saadi
Representantes del ámbito legislativo
Integrantes de las fuerzas de seguridad
Luego del rezo del Santo Rosario, la celebración continuó con el canto del Regina Coeli, consolidando un clima de recogimiento y participación comunitaria.
Un mensaje centrado en la paz y el compromiso espiritual
Uno de los momentos más significativos de la jornada fue el mensaje del Obispo, profundamente atravesado por el contexto internacional y la convocatoria del Papa León XIV.
En su alocución, expresó:
"Querida Madre del Príncipe de la Paz. Hoy, nos unimos al clamor angustioso y esperanzado del Papa León XIV por la Paz en el mundo, sabedores de que la Paz existe, que quiere habitar en nosotros, que tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resistir a la violencia y vencerla, y que posee el aliento de lo eterno. Mientras que al mal le gritamos ¡basta!, a la Paz le decimos ¡para siempre!".
El Obispo profundizó en el rol de las religiones frente a los conflictos contemporáneos, subrayando que su servicio fundamental es evitar la transformación de pensamientos y palabras en armas, e invitó a trascender las barreras de sangre, etnia o semejanza.
Asimismo, elevó una súplica a la Virgen para fomentar:
La oración y la espiritualidad
El diálogo ecuménico e interreligioso
La construcción de comunidades como "casas de paz"
La práctica de la justicia y la preferencia por el perdón
En este marco, destacó la necesidad de promover una "creatividad pastoral" que genere acciones "desarmadas y desarmantes", demostrando que la paz no es una utopía.
El mensaje culminó con una exhortación contundente:
"Madre Bendita, que no nos acostumbremos a la violencia, que no nos resignemos a ella y no nos volvamos indiferentes ante la muerte de miles de personas, ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos y ante las secuelas económicas y sociales que éstos desencadenan y que todos percibimos".
La alocución concluyó con el rezo de la Oración por el desarme y la paz.
Oración, reconciliación y continuidad de las celebraciones
Posteriormente, se dio inicio a un intenso momento de oración por la paz en el mundo, en comunión con la convocatoria papal. Este espacio incluyó también una reflexión sobre la Reconciliación, en vísperas del Día de la Divina Misericordia, que se celebrará el domingo 12.
Durante este tiempo, los sacerdotes administraron el Sacramento de la Confesión a los fieles que se acercaron, reforzando el carácter espiritual de la jornada.
Las actividades continuarán a lo largo del día con:
20.00: Misa de homenaje de los medios de comunicación social
Hasta las 23.00: Espacio sostenido de súplica por la paz tras la celebración eucarística
En suma, la Bajada de la Virgen del Valle no solo inauguró formalmente el Septenario, sino que se constituyó en un acto de profunda significación espiritual y social, donde la tradición religiosa se entrelazó con un llamado urgente a la paz, la unidad y el compromiso colectivo.