Abrís TikTok, Instagram o X para enterarte de las noticias del día y, casi sin darte cuenta, pasaron 30 minutos mientras mirabas una sucesión de guerras, accidentes, crisis económicas y tragedias. Ese comportamiento tiene un nombre: doomscrolling.
El concepto describe el hábito de desplazarse de manera compulsiva por noticias y contenidos negativos, incluso cuando esa práctica genera angustia, ansiedad o tristeza.
Lejos de generar necesariamente una mayor sensación de control, distintos especialistas advierten que esta conducta puede mantener al cerebro en un estado de alerta constante y afectar aspectos cotidianos como el descanso, la concentración y la atención.
Qué es el doomscrolling
La palabra doomscrolling surge de la combinación de doom, que puede traducirse como "fatalidad" o "catástrofe", y scrolling, que refiere a la acción de deslizar contenido en una pantalla.
En la práctica, se utiliza para describir el consumo prolongado de información negativa de manera casi automática. La persona continúa desplazándose por las publicaciones sin una intención concreta de seguir informándose, pero al mismo tiempo encuentra dificultades para detenerse.
Aunque puede afectar a cualquier persona, la Generación Z es uno de los grupos más estudiados debido al lugar que ocupan las redes sociales en su vida cotidiana y en sus formas de acceder a la información.
Por qué el cerebro puede quedar atrapado en las malas noticias
Los psicólogos explican que el doomscrolling no aparece por casualidad. El cerebro humano está preparado para detectar posibles amenazas, por lo que tiende a prestar mayor atención a aquello que genera miedo, preocupación o incertidumbre.
A este mecanismo se suma el funcionamiento de las plataformas digitales, que pueden favorecer la permanencia de los usuarios:
- Las noticias impactantes generan más interacción.
- Los algoritmos muestran contenidos similares para mantener la atención.
- La incertidumbre puede impulsar la búsqueda permanente de información, incluso cuando esa conducta aumenta la ansiedad.
Según la psicóloga española Silvia Álava Reyes, esa búsqueda constante puede generar una falsa sensación de control. La persona puede creer que acumular más información le permitirá reducir la incertidumbre, aunque el efecto termine siendo el contrario.
Qué efectos puede tener el doomscrolling
Cuando la conducta se vuelve habitual, la exposición permanente a contenidos negativos puede afectar distintos aspectos del bienestar.
La psicóloga Gema Fernández-Blanco señala entre sus posibles consecuencias:
- Aumento de la ansiedad y el estrés.
- Dificultades para concentrarse.
- Alteraciones del sueño y el descanso.
- Problemas de atención y memoria.
- Sensación constante de alerta o preocupación.
El problema no está necesariamente en mantenerse informado, sino en la manera en que se consume la información.
Leer una noticia para comprender un determinado hecho es diferente de pasar horas deslizando publicaciones negativas sin poder interrumpir ese comportamiento.
Cómo evitar caer en el doomscrolling
Los especialistas recomiendan establecer límites al consumo de noticias a través de las redes sociales y reservar momentos específicos del día para informarse.
Entre las estrategias que pueden ayudar se encuentran:
- Definir un tiempo máximo para consultar las redes sociales.
- Elegir fuentes confiables en lugar de consumir información de manera ilimitada.
- Evitar las noticias antes de dormir, debido a su posible impacto sobre el descanso.
- Reconocer cuándo el consumo deja de ser informativo y se convierte en compulsivo.
Identificar ese momento puede ser un primer paso para construir una relación más saludable con las redes sociales y con la información, sin renunciar a mantenerse al tanto de lo que ocurre.