La final del WTA 500 de Brisbane volvió a quedar atravesada por el conflicto geopolítico que divide al tenis femenino desde la invasión rusa a Ucrania. La ucraniana Marta Kostyuk, actual número 26 del ranking mundial, volvió a negarle el saludo a la bielorrusa Aryna Sabalenka, líder del circuito, luego de caer por 6-4 y 6-3 en una hora y 18 minutos de juego en el Pat Rafter Arena. El gesto, que ya se ha repetido en otras ocasiones, fue acompañado esta vez por un fuerte mensaje público sobre la situación humanitaria que atraviesa su país.
Kostyuk es una de las jugadoras más comprometidas del WTA Tour con la causa ucraniana desde el inicio de la guerra en febrero de 2022. Parte de su familia directa reside en Kiev y, desde el comienzo del conflicto, la tenista decidió no saludar en la red a rivales nacidas en Rusia o Belarús, países vinculados directa o indirectamente a la ofensiva del Kremlin. La escena volvió a repetirse este domingo, aunque la transmisión oficial evitó mostrar el cruce entre ambas, anticipando que el saludo no se produciría. Tampoco la web oficial de la WTA hizo referencia al momento.
Sabalenka, campeona defensora del torneo, celebró su triunfo besándose los bíceps, mientras Kostyuk, con gesto serio, se dirigió directamente a su banco sin estrecharle la mano. La tensión, sin embargo, se trasladó con mayor fuerza a la ceremonia de premiación, donde la ucraniana tomó la palabra y pronunció un discurso cargado de emotividad y denuncia.
"Quiero decir unas palabras sobre Ucrania. Juego cada día con dolor en el corazón. Hay miles de personas que ahora mismo no tienen luz ni agua caliente. Afuera hay -20 grados. Es muy doloroso vivir esta realidad cada día", expresó Kostyuk ante el público presente. Luego agregó una referencia personal que conmovió al estadio: "Mi hermana duerme bajo tres mantas porque hace mucho frío en casa. Me emocionó y me alegró mucho ver tantas banderas ucranianas esta semana".
El desempeño de Kostyuk en Brisbane fue uno de los más destacados del torneo. En su camino a la final, logró victorias de alto impacto, como la que obtuvo ante la estadounidense Jessica Pegula, número 6 del mundo, y frente a la rusa Mirra Andreeva, actual número 9 del ranking. Conscientes de la distancia política y personal entre ambas finalistas, los organizadores evitaron el tradicional posado conjunto con los trofeos.
No es la primera vez que Kostyuk y Sabalenka protagonizan una situación similar. En Roland Garros 2023, tras otro partido entre ambas, la ucraniana también se negó al saludo y fue aún más contundente en sus declaraciones. "Siempre generaliza en sus respuestas y lo que tiene que hacer es decir cuál es su opinión al respecto. Dice que todos los atletas rusos y bielorrusos están en contra de la guerra y yo conozco a algunos que están a favor", afirmó entonces, dejando en evidencia la fractura que atraviesa al vestuario femenino.
Por su parte, Sabalenka mantuvo un discurso conciliador tras consagrarse campeona en Brisbane. "Quiero empezar felicitando a Marta y a su equipo por un increíble comienzo de temporada. Espero que nos encontremos muchas más veces en las finales para demostrar un gran tenis", señaló la bielorrusa. A lo largo de los últimos años, la número uno del mundo ha sostenido que el deporte debería mantenerse al margen de la política, una postura que le valió críticas dentro y fuera del circuito.
La campeona también fue cuestionada por su cercanía pasada con el régimen de Alexander Lukashenko, presidente de Belarús desde 1994 y aliado de Vladimir Putin. En 2021 asistió al discurso de Año Nuevo del mandatario y, en junio de 2023, durante Roland Garros, expresó su incomodidad ante las reiteradas consultas sobre la guerra: "No quiero que mi país esté en ningún conflicto, no apoyo la guerra".
Kostyuk no está sola en su postura. Otras tenistas ucranianas adoptaron decisiones similares desde el inicio del conflicto. Lesia Tsurenko, ex número 23 del mundo, se negó a saludar a Sabalenka en el Abierto de Australia 2024. Elina Svitolina, actual 13ª del ranking y reciente campeona del WTA 250 de Auckland, también evita el apretón de manos en señal de respeto hacia los soldados ucranianos. En el tenis femenino, la guerra sigue jugando su propio partido.