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Actualidad económica

El fin del comercio de cercanía: cierran 50 kioscos por día y el sector atraviesa su crisis más profunda

La Unión de Kiosqueros de la República Argentina alerta sobre la desaparición de más de 20 mil locales en el último año, reflejando una parálisis crítica en el consumo interno.

3 Marzo de 2026 16.20

La fisonomía de los barrios argentinos está sufriendo una transformación drástica y dolorosa. El tradicional kiosco, ese eslabón fundamental del consumo cotidiano y punto de encuentro vecinal, se encuentra hoy en una etapa de supervivencia extrema. Según datos suministrados por la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), la actividad atraviesa uno de sus peores momentos históricos, marcada por una estadística desoladora que indica que en el país se cierran, en promedio, 50 kioscos por día. Esta sangría comercial no es un fenómeno aislado, sino una tendencia que se ha consolidado con una fuerza inusitada, traduciéndose en aproximadamente 1.500 cierres de persianas mensuales. En el acumulado del último año, más de 20 mil locales dejaron de funcionar definitivamente, una cifra que enciende alarmas rojas sobre la salud del consumo interno y la viabilidad del autoempleo en la economía nacional.

Radiografía de un escenario crítico

El deterioro del comercio de cercanía es el resultado de una combinación de factores macroeconómicos que han asfixiado al pequeño comerciante hasta dejarlo en una situación límite. La inflación sostenida, sumada a una caída estrepitosa en los niveles de ventas y el aumento constante de los costos fijos, ha provocado que el margen de rentabilidad prácticamente desaparezca del horizonte del kiosquero. El contexto general, reportado por la Cámara Argentina de Comercio, señala que enero marcó el tercer mes consecutivo de retracción interanual en las ventas, lo que agrava la falta de liquidez en el sector. Actualmente, la tendencia continúa en descenso y quedan menos de 60 mil kioscos activos en todo el territorio nacional, reflejando un achicamiento estructural que parece no encontrar un piso cercano.

Desigualdad competitiva y cambio de hábitos

Uno de los factores que más ha erosionado la posición del kiosco barrial es la competencia, calificada por los representantes del sector como profundamente desigual frente a los grandes jugadores del mercado. Las grandes cadenas y supermercados han avanzado agresivamente sobre productos que tradicionalmente estaban asociados al kiosco, como golosinas y bebidas, aprovechando un mayor poder de compra y condiciones comerciales mucho más favorables que las del pequeño comerciante independiente. A este desequilibrio estructural se le suma el impacto directo de la pérdida del poder adquisitivo de la población. Dado que el rubro depende esencialmente del volumen de la compra diaria y el consumo impulsivo, cualquier retroceso en el hábito de gasto frecuente impacta de lleno y de forma inmediata en la caja de estos establecimientos.

El factor social y político de la crisis

Más allá de las cifras frías, cada persiana que baja representa un drama social profundo, ya que detrás de cada cierre suele haber una familia que depende íntegramente de ese ingreso. El fenómeno genera un efecto dominó que afecta desde el sostenimiento de los alquileres hasta la actividad de los proveedores barriales, quienes ven resentida su propia cadena de distribución ante la desaparición de sus clientes de cercanía. El dato de que aproximadamente un tercio de los kioscos del país cerró desde el inicio de la actual gestión nacional agrega un componente político ineludible al análisis. Este proceso no solo refleja responsabilidades coyunturales, sino una transformación profunda en el esquema comercial urbano que tiende hacia la concentración y deja cada vez menos margen de maniobra para el pequeño comerciante, amenazando con hacer desaparecer una figura histórica del tejido social argentino.