A 81 años de la liberación de Auschwitz, el Papa apuntó contra el antisemitismo
En el Día de la Memoria de la Shoah, el pontífice reafirmó el compromiso de la Iglesia contra la discriminación y el odio racial. También se pronunciaron el presidente italiano Sergio Mattarella y la primera ministra Giorgia Meloni, en una jornada marcada por actos oficiales y mensajes de reflexión.

Al conmemorarse el 81° aniversario de la liberación del campo de concentración y exterminio de Auschwitz, el papa León XIV realizó un fuerte llamado a mantenerse "firmes contra toda forma de antisemitismo" y subrayó la importancia de la memoria histórica como herramienta para evitar que la humanidad vuelva a atravesar tragedias similares. El mensaje fue difundido en el marco del Día Internacional de la Memoria de la Shoah, que se recuerda cada 27 de enero.

"La memoria puede ser una lección iluminante para salvar a la humanidad de trágicos acontecimientos experimentados en la historia", expresó el pontífice, quien definió esta fecha como "un reclamo para la conciencia interior" de hombres y mujeres de todo el mundo. En ese sentido, sostuvo que recordar el Holocausto resulta fundamental para "reforzar el sistema inmunitario de la familia humana frente a posibles nuevos horrores".

León XIV advirtió que los "abismos de la historia" reaparecen cuando prevalecen sobre la fraternidad el nacionalismo extremo, la desconfianza y el lenguaje del odio. Por ello, insistió en la necesidad de sostener una vigilancia permanente ante discursos y prácticas que promuevan la discriminación racial, religiosa o cultural.

En su mensaje, el Papa recordó el documento Nostra Aetate, promulgado durante el Concilio Vaticano II, en el que la Iglesia Católica condenó "toda discriminación o molestia por motivo de lengua, nacionalidad y religión". Reafirmó así la posición histórica del Vaticano contra el antisemitismo y toda forma de persecución.

León XIV también evocó las palabras y testimonios de pontífices anteriores. Citó el radiomensaje navideño de Pío XII de 1942, cuando las tropas nazis ocupaban Roma, en el que denunció la persecución de "centenares de millares de personas, solo por razones de nacionalidad y de estirpe, destinadas a la muerte". Asimismo, recordó los "dolorosos recuerdos" de san Juan Pablo II, el primer Papa polaco, quien aludía con frecuencia al sufrimiento de su país durante la ocupación nazi.

En ese contexto, el actual pontífice destacó la figura del padre Maximiliano María Kolbe, sacerdote polaco recluido en Auschwitz, que se ofreció a morir en lugar de un padre de familia condenado por el régimen nazi. Kolbe falleció por inanición y hoy es venerado como santo por la Iglesia Católica.

León XIV también retomó enseñanzas de su predecesor, el papa Francisco, al señalar que "la lección de la Shoah es una exhortación a tener los ojos y el corazón siempre abiertos". Recordó especialmente el mensaje que Jorge Mario Bergoglio pronunció durante su visita a la sinagoga de Roma en enero de 2016, cuando afirmó que seis millones de judíos europeos fueron exterminados "en nombre de una ideología que quería sustituir a Dios por el hombre".

En Italia, la jornada estuvo marcada por actos oficiales. La bandera nacional flameó a media asta en los edificios públicos, en señal de duelo y recuerdo. El presidente Sergio Mattarella encabezó la ceremonia central en el Palacio del Quirinal, donde advirtió que la reaparición de manifestaciones de racismo y antisemitismo representa "un índice de altísima peligrosidad" y exige una respuesta firme de todos los países de la Unión Europea.

Mattarella sostuvo que nunca antes en la historia se había planificado un exterminio "con tanta minuciosidad" como el perpetrado por el régimen nazi, y calificó a la Shoah como el resultado "monstruoso" de una mentira ideológica que justificó la persecución y el asesinato sistemático de millones de personas. También recordó la responsabilidad del fascismo italiano, las leyes raciales de 1938 y la complicidad de la monarquía.

Por su parte, la primera ministra Giorgia Meloni afirmó que las leyes raciales impulsadas por el fascismo constituyeron "una ignominia" y reafirmó la condena del Estado italiano a las persecuciones, deportaciones y asesinatos. En su mensaje, destacó además la memoria de los "Justos entre las Naciones", quienes arriesgaron sus vidas para salvar a judíos durante el Holocausto.