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El nuevo horizonte geopolítico

El sueño de Trump: Venezuela como parte de EE. UU.

El mandatario estadounidense aprovechó el éxito de la selección caribeña en el Mundial de Béisbol para sugerir que el país se convierta en el estado número 51 de la Unión.

17 Marzo de 2026 18.07

En un nuevo capítulo de su agresiva política exterior y sus ambiciones de expansión territorial, el presidente Donald Trump ha vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de que Venezuela deje de ser una nación soberana para integrarse formalmente a los Estados Unidos. La propuesta, lanzada con el estilo directo y provocador que caracteriza al líder republicano, se produjo en el marco de un evento deportivo de alto perfil, vinculando el éxito de la selección venezolana de béisbol con un destino político bajo la bandera de las barras y las estrellas.

El béisbol como plataforma política

El lunes por la noche, la selección venezolana de béisbol logró una victoria histórica al derrotar a Italia 4 a 2 en una de las semifinales del Clásico Mundial de Béisbol disputado en la ciudad de Miami. Este triunfo deportivo, que coloca a Venezuela en la final precisamente contra Estados Unidos, fue el detonante para que Trump utilizara su red social, Truth Social, para emitir un mensaje que sacudió las cancillerías internacionales.

"¡Guau! Venezuela derrotó a Italia 4-2, en la semifinal del Clásico Mundial de Béisbol. Se ven realmente bien. ¡Últimamente le están pasando cosas buenas a Venezuela! Me pregunto de qué se trata toda esta magia. ¿Quién quiere que sea el estado número 51? Presidente Donald J. Trump", publicó el mandatario.

Esta declaración no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una narrativa de control que Washington ha consolidado desde el inicio del año. Trump se jacta de mantener el control sobre el país caribeño tras el ataque estadounidense del pasado 3 de enero, una operación militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro y un cambio drástico en el equilibrio de poder regional.

La presión sobre el nuevo gobierno y el sector petrolero

Desde la caída de Maduro, Venezuela vive bajo una realidad política tutelada. El nuevo gobierno chavista, ahora encabezado por Delcy Rodríguez, opera bajo una fuerte presión de Washington. Esta influencia se ha traducido en cambios estructurales profundos en la economía venezolana, diseñados para alinear los recursos estratégicos del país con los intereses estadounidenses. Una de las medidas fundamentales en este proceso ha sido la reforma de hidrocarburos, una modificación radical de las leyes vigentes que ha permitido la apertura del mercado petrolero a las inversiones extranjeras, rompiendo finalmente con décadas de estatismo estatal.

Asimismo, la administración de Trump ha ejercido su influencia para obligar a Venezuela a cortar el suministro de crudo a la isla de Cuba. El gobierno cubano, que dependía históricamente del petróleo venezolano para echar a andar su vetusto sistema energético, enfrenta hoy un escenario crítico. Como consecuencia directa de esta decisión impulsada desde la Casa Blanca, la isla vive bajo un colapso total de su economía debido a la falta absoluta de combustible.

Un mapa de ambiciones continentales

La idea de convertir a Venezuela en el estado número 51 no es una ocurrencia del momento, sino una pretensión que el mandatario ha alimentado de forma visual y pública. El pasado 20 de enero, el presidente ya había utilizado su red Truth Social para compartir una serie de fotos hechas con Inteligencia Artificial que revelaban el alcance real de sus pretensiones. En dichas publicaciones, se observaba un mapa detallado donde Venezuela aparecía integrada como parte del territorio de los Estados Unidos de manera definitiva.

Sin embargo, las ambiciones de Trump parecen no detenerse en el Caribe, ya que en aquel mismo mapa digital la expansión territorial proyectada incluía a otros actores clave como Canadá y Groenlandia. Respecto a este último, el territorio autónomo danés ha sido objeto de una presión constante por parte de Trump para concretar su conquista. Esta insistencia en la anexión de Venezuela, sumada al control fáctico tras la captura de Maduro y la reconfiguración forzada del mercado energético, sugiere que para la Casa Blanca el país sudamericano ya no es solo un aliado estratégico bajo presión, sino una pieza fundamental en un nuevo diseño de expansión territorial que busca redefinir las fronteras del continente americano.