¿Cisma?: una interna en el ala más conservadora de la iglesia desafía a León XIV
Dos cardenales procuran que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no obedezca al Pontífice y que ordene nuevos obispos sin mandato papal. La disputa, centrada en el Concilio Vaticano II y la unidad eclesial, amenaza con profundizar una grieta que podría derivar en un nuevo cisma.

Una nueva tensión sacude a la Iglesia católica. El desafío lanzado al Papa León XIV por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) desató un terremoto en el ala más conservadora del catolicismo. El grupo tradicionalista cismático rechazó entablar negociaciones con el Vaticano e insistió en que seguirá adelante con su decisión de ordenar nuevos obispos, una determinación que reaviva el fantasma de una ruptura formal.

La reacción no tardó en llegar desde figuras emblemáticas del propio sector conservador. Los cardenales Robert Sarah y Gerhard Müller, ambos críticos en su momento del Papa Francisco, llamaron públicamente a la Fraternidad a reconsiderar su postura. El argumento central fue contundente: "la unidad es el bien más precioso".

El origen del conflicto: ordenaciones sin mandato papal

La crisis actual se originó a principios de febrero, cuando la FSSPX anunció su decisión de ordenar nuevos obispos en julio. La Santa Sede reaccionó intentando reabrir un diálogo.

El 12 de febrero pasado, el Superior de la Fraternidad, el padre Davide Pagliarani, mantuvo un encuentro en el Vaticano con el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel "Tucho" Fernández. La propuesta oficial fue clara:

Reanudar un amplio diálogo doctrinal.

Suspender la decisión de realizar nuevas consagraciones episcopales.

La respuesta fue negativa. En una carta dirigida al cardenal Fernández, Pagliarani afirmó: "Ambos sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II", y confirmó que seguirán adelante con las consagraciones, que calificó como "una necesidad concreta a corto plazo para la supervivencia de la Tradición, al servicio de la Santa Iglesia católica".

El peso del antecedente de 1988

La advertencia de los cardenales conservadores no es abstracta. En junio de 1988, bajo el pontificado de Juan Pablo II, el arzobispo Marcel Lefebvre consagró cuatro obispos sin mandato papal, provocando un cisma y recibiendo una excomunión automática.

El cardenal Sarah, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos entre 2014 y 2021, recordó ese antecedente en un extenso artículo publicado en el semanario francés Le Journal du Dimanche. Allí pidió explícitamente que no se repita una ruptura semejante.

"La unidad de la Iglesia, salvaguardada por el Espíritu Santo, es más preciosa que todas las riquezas de este mundo", escribió. Además, evocó ejemplos de obediencia a la Cátedra de Pedro como los de Santa Catalina de Siena y San Pío de Pietrelcina, subrayando que "la mejor manera de defender la fe, la tradición y la auténtica liturgia será siempre seguir a Cristo obediente".

Concilio Vaticano II y liturgia

El conflicto remite a diferencias profundas. La FSSPX rechaza gran parte de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, incluyendo:

El ecumenismo

La sinodalidad

El diálogo interreligioso

La reforma litúrgica

Los lefebvristas celebran la antigua misa tridentina, preconciliar, en latín y de espaldas al público, cuya celebración fue limitada por el papa Francisco.

El propio León XIV dejó en claro, desde su elección, que su prioridad es la unidad, pero también la fidelidad al Concilio Vaticano II. De hecho, decidió abrir el ciclo de catequesis de las audiencias generales de los miércoles de 2026 abordando los textos aprobados por el Concilio, su significado e importancia para la Iglesia.

Müller: permanecer dentro para influir

En un artículo publicado el 21 de febrero por la revista austríaca Kath.net, el cardenal Müller fue igualmente categórico. Sostuvo que la única solución en conciencia ante Dios es que la FSSPX reconozca al papa León XIV como legítimo "no solo en teoría sino también en la práctica" y se someta a su autoridad magisterial y primacía de jurisdicción sin condiciones previas.

Müller reconoció que "gran parte de la población católica lamenta" incertidumbres doctrinales, pero subrayó que en los 2000 años de historia de la Iglesia las herejías fueron superadas por quienes permanecieron dentro y no se apartaron del Papa.

"Si la Fraternidad San Pío X ha de tener un impacto positivo en la historia de la Iglesia, no puede luchar por la verdadera fe a distancia, desde fuera, contra la Iglesia unida con el Papa, sino solo dentro de la Iglesia", afirmó.

Temor a un nuevo cisma

En un clima marcado por la inquietud, la FSSPX intentó moderar el tono en su cuenta de X. Allí sostuvo que una consagración episcopal no autorizada por la Santa Sede, cuando no va acompañada de intención cismática ni de colación de jurisdicción, no constituye una ruptura de la comunión eclesial.

Sin embargo, la tensión persiste. La pulseada representa un fuerte dolor de cabeza para León XIV, quien busca afirmar la unidad sin ceder en su adhesión al Concilio Vaticano II. La combinación de una decisión unilateral de ordenar obispos y un rechazo explícito al diálogo doctrinal coloca a la Iglesia ante una encrucijada.

La fractura abierta no solo atraviesa la relación entre el Vaticano y la Fraternidad, sino también al propio sector conservador, donde figuras históricas han optado por defender la obediencia al Pontífice como principio irrenunciable. El desenlace definirá si la grieta se convierte en ruptura o si prevalece el llamado a la unidad que hoy resuena desde Roma.