Crisis en Irán: activistas denuncian más de 6.100 muertes tras la represión de protestas
Organizaciones de derechos humanos alertan por una escalada represiva sin precedentes en Irán, mientras crece la tensión regional y Estados Unidos evalúa una posible respuesta militar.

La crisis política y social en Irán atraviesa uno de sus momentos más críticos en décadas. Activistas de derechos humanos denunciaron que al menos 6.126 personas murieron como consecuencia de la represión de las protestas que estallaron en el país, una cifra que —advierten— podría seguir aumentando a medida que se restablezcan las comunicaciones y se logre acceder a nuevas informaciones desde el interior del territorio iraní. El gobierno, en contraste, reconoce un número significativamente menor de víctimas.

El nuevo balance fue difundido este martes por organizaciones de activistas, en una jornada marcada además por el arribo de un portaaviones de Estados Unidos y su grupo de ataque a Oriente Medio, en el marco de una creciente escalada de tensiones internacionales. Washington evalúa posibles respuestas militares ante el deterioro de la situación y las denuncias de violaciones masivas a los derechos humanos en Teherán.

Según los informes, grupos milicianos respaldados por Irán en distintos puntos de la región manifestaron su intención de lanzar nuevos ataques, lo que podría interpretarse como un intento de apoyo al régimen iraní frente a la presión externa. Este escenario se produce luego de las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, quien advirtió que podría ordenar acciones militares si continúan las muertes de manifestantes pacíficos o si el gobierno iraní avanza con ejecuciones masivas.

Desde Teherán, las autoridades advirtieron que cualquier ofensiva podría involucrar a toda la región en un conflicto de mayor escala, aunque analistas señalan que las fuerzas militares y los sistemas de defensa aérea iraníes aún se encuentran debilitados tras el enfrentamiento de 12 días con Israel, ocurrido en junio.

En este contexto regional inestable, se destacó que los hutíes en Yemen y el grupo Kataib Hezbollah no participaron de la guerra contra Israel, a pesar de los ataques sufridos por instalaciones nucleares iraníes. Esta situación refleja el desorden interno y las tensiones dentro del llamado "Eje de la Resistencia", profundizadas tras los recientes episodios del conflicto entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza.

Las cifras de la represión

El balance de víctimas fue dado a conocer por la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, una organización con sede en Estados Unidos que ha logrado consolidarse como una de las fuentes más confiables durante períodos de convulsión en Irán. El organismo sostiene que verifica cada fallecimiento a través de una extensa red de activistas dentro del país.

De acuerdo con el informe, entre las 6.126 muertes registradas se cuentan al menos 5.777 manifestantes, 214 miembros de fuerzas leales al gobierno, 86 niños y 49 civiles no involucrados directamente en las protestas. Además, se estima que más de 41.800 personas fueron arrestadas desde el inicio de las manifestaciones, muchas de ellas sin información oficial sobre su paradero o situación judicial.

La Associated Press informó que no pudo confirmar de manera independiente el número de fallecidos debido a la suspensión de los servicios de telefonía e internet en amplias zonas del país, una medida que el gobierno iraní ha utilizado reiteradamente para limitar la difusión de información durante episodios de protesta.

En contraposición, el gobierno iraní sostiene que el número de muertes asciende a 3.117, y asegura que 2.427 de las víctimas eran civiles y miembros de las fuerzas de seguridad, mientras que el resto fue catalogado como "terroristas". Históricamente, Teherán ha minimizado o directamente omitido reportar los fallecimientos ocurridos durante disturbios sociales.

Protestas sin precedentes

Las cifras denunciadas por los activistas superan ampliamente las de cualquier otro ciclo de protestas registrado en Irán en las últimas décadas, y evocan recuerdos del caos vivido durante la Revolución Islámica de 1979.

Las manifestaciones comenzaron el 28 de diciembre, impulsadas inicialmente por la devaluación de la moneda nacional y el deterioro de las condiciones económicas. En pocos días, el descontento se extendió por todo el país y derivó en reclamos más amplios contra el régimen. La respuesta estatal fue una represión violenta, cuya magnitud aún es difícil de dimensionar tras más de dos semanas con acceso restringido a internet.

Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos, en un escenario donde la crisis interna de Irán amenaza con transformarse en un conflicto regional de consecuencias imprevisibles.