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El regreso del "Pobre de Asís": la exhumación histórica de San Francisco

Tras siglos de reposo bajo la roca y la tierra, los restos del santo de la humildad son expuestos en una ostensión extraordinaria que busca conectar al mundo moderno con su mensaje de paz. El evento se relaciona con los 800 años del aniversario de su muerte.

22 Febrero de 2026 08.07

El 21 de febrero de 2026 marcará un hito en la historia de la cristiandad y en la crónica de la ciudad de Asís. A las 9:00 a.m., con una atmósfera de profunda reverencia, se llevó a cabo la exhumación de los restos mortales de San Francisco de Asís. El cuerpo del santo, que ha reposado durante siglos en el sarcófago ubicado en la cripta de su basílica, fue retirado de su lugar de descanso en presencia de varios frailes de la comunidad. En un acto de cuidado extremo, los restos fueron colocados sobre una mesa preparada especialmente dentro de la misma cripta para iniciar este proceso de veneración pública.

Crónica de una traslación solemne

La jornada no terminó con la apertura del sarcófago. A las 4:00 p.m., se celebró la traslación formal de los restos hacia la basílica inferior. Este movimiento fue acompañado por la oración vespertina y contó con la participación de aproximadamente 300 frailes franciscanos, quienes escoltaron al fundador de su orden en un clima de recogimiento.

Este evento no es fruto de la improvisación, sino de un riguroso proceso de preparación. El pasado 9 de enero se realizó la primera inspección de los restos, una tarea encabezada por monseñor Domenico Sorrentino, obispo diocesano. Dicha inspección fue el paso administrativo y espiritual necesario para garantizar que el acontecimiento de hoy cumpliera con los estándares de dignidad que requiere la figura del Santo de Asís.

san francisco exhumacion
 

El 800 aniversario

El motivo detrás de esta ostensión extraordinaria es la conmemoración del 800 aniversario de la muerte de San Francisco. La exposición especial estará abierta a los fieles desde el 22 de febrero hasta el 22 de marzo de 2026, ofreciendo un mes de oportunidad única para la oración y el encuentro con el testimonio del santo.

El capellán Thomas Freidel, miembro de los Frailes Menores Franciscanos durante casi 40 años y coorganizador del evento, ha sido enfático en marcar el tono de la exhibición. Según Freidel, el objetivo no es satisfacer ningún tipo de sensacionalismo mediático, sino ofrecer una experiencia con una base espiritual y teológica. Para el capellán, se trata de una invitación a contemplar al hombre que renunció a su vida como hijo de un rico comerciante para abrazar una existencia de absoluta pobreza.

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Logística para una devoción masiva

Incluso en años normales, la Basílica de San Francisco atrae a unos cinco millones de visitantes anuales. Para esta ocasión, las cifras prometen desbordarse, por lo cual se ha desplegado un dispositivo logístico sin precedentes:

Infraestructura: Se ha instalado una gran carpa en la explanada de la basílica que funciona como zona de espera, con capacidad para 1.500 personas.

Personal de apoyo: Más de 100 voluntarios gestionan los controles de entrada y brindan asistencia.

Comunidad religiosa: Los 55 franciscanos locales, liderados por el hermano Thomas, cuentan con el apoyo adicional de 25 frailes llegados de todo el mundo.

El rescate de una figura idealizada

A pesar de la fama mundial de Francisco, el hermano Freidel señala una realidad paradójica: muchos de los visitantes conocen muy poco sobre el hombre real que fue canonizado apenas dos años después de su muerte. El público suele percibirlo como una figura idealizada, un símbolo de:

La conexión íntima con Dios.

El compromiso inquebrantable con la paz y la justicia.

El respeto profundo por toda la creación.

La reconciliación necesaria entre las religiones.

Seis siglos de olvido y resguardo

La historia de estos restos es tan austera como la vida del santo. En 1230, cuatro años después de su fallecimiento, el cuerpo de Francisco fue trasladado de la Basílica de Santa Clara a la iglesia inferior. Allí fue enterrado a 3,5 metros de profundidad, entre tierra y roca. El lugar fue tapiado, sellado y casi olvidado durante casi 600 años, protegiendo así el cuerpo de posibles saqueos o conflictos.

Hoy, la basílica permite a los peregrinos acercarse no solo a sus restos, sino a sus reliquias más personales. Se conservan su vestimenta original (un hábito gris remendado y dañado que evidencia su renuncia material), una carta de su puño y letra y su regla manuscrita, documentos que atestiguan la radicalidad de su misión.

Desde hoy, bajo el altar de la cripta inferior donde reza la inscripción "San Francisco", el embajador radical de la humildad vuelve a encontrarse cara a cara con el mundo.