Los devastadores incendios forestales que afectan al sur de Chile continúan dejando un saldo dramático. Este domingo por la tarde, el presidente Gabriel Boric actualizó el reporte oficial y confirmó que ya son al menos 19 las personas fallecidas, mientras que más de 50.000 habitantes debieron ser evacuados como consecuencia del avance del fuego. En ese contexto, el mandatario decretó toque de queda nocturno en las localidades más comprometidas y alertó que la cifra de víctimas fatales "va a aumentar".
Horas antes, el Gobierno chileno había informado que la magnitud del desastre obligó a desplegar un operativo de evacuación masivo, en medio de condiciones climáticas extremas propias del verano austral, con altas temperaturas y fuertes vientos, factores que dificultan severamente el combate de las llamas.
Actualmente, bomberos y brigadistas trabajan intensamente para controlar al menos 14 focos activos en las regiones de Ñuble y Biobío, ubicadas a unos 500 kilómetros al sur de Santiago. Las autoridades reconocen que el escenario es crítico y que la situación podría agravarse en las próximas horas.
"Estamos enfrentando un cuadro complejo", reconoció el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, quien remarcó que la proyección meteorológica no es alentadora. Según explicó, las temperaturas extremas previstas y la persistencia del viento generan condiciones altamente desfavorables para contener los incendios forestales.
Ante la gravedad de la situación, el presidente Boric había declarado previamente el estado de emergencia en las regiones afectadas. "Ante los graves incendios en curso, he decidido declarar el estado de desastre natural para las regiones de Ñuble y Biobío. Todos los recursos están disponibles", señaló el jefe de Estado. Esta medida habilita, entre otras disposiciones, a que las Fuerzas Armadas asuman el control operativo en las zonas bajo emergencia.
En paralelo, el presidente electo José Antonio Kast se pronunció públicamente sobre la tragedia y pidió respaldo total a las autoridades y a los equipos de emergencia. "Frente a los devastadores incendios en Ñuble y Biobío, hoy el foco debe ser combatir el fuego, asistir a las personas afectadas y apoyar a las autoridades. No hay espacio para la política en este momento crítico", expresó a través de sus redes sociales.
Las imágenes difundidas por la televisión local reflejan la magnitud del desastre: calles arrasadas por las llamas, viviendas destruidas y vehículos completamente calcinados, en ciudades y localidades que quedaron prácticamente rodeadas por el fuego.
El gobernador regional del Biobío, Sergio Giacaman, advirtió que la situación actual supera en gravedad a la vivida tras el terremoto de 2010 y alertó que las condiciones meteorológicas previstas podrían intensificar la propagación del incendio. Tras una reunión del Comité para la Gestión del Riesgo de Desastres (Cogrid) a nivel nacional, el ministro Elizalde fue contundente: "La proyección meteorológica para las próximas horas no es buena. Se esperan temperaturas extremas, lo que hace aún más complejo el combate contra los incendios".
Desde el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), su directora Alicia Cebrián reforzó el mensaje de alerta. Señaló que el calor extremo no solo favorece la expansión del fuego, sino que también implica riesgos directos para la salud de la población. En ese sentido, pidió a la ciudadanía mantenerse informada y evitar desplazarse hacia las zonas de emergencia, para no entorpecer el trabajo de los equipos desplegados.
Durante la jornada se emitieron 87 mensajes del Sistema de Alerta de Emergencia (SAE), lo que derivó en la evacuación de más de 50.000 personas. Además, permanecen habilitados 14 albergues, seis en Ñuble y ocho en Biobío, donde ya se encuentran alojadas más de 860 personas. Las autoridades no descartan ampliar el toque de queda nocturno para restringir la circulación y prevenir la aparición de nuevos focos.
Los incendios forestales se han convertido en una tragedia recurrente en el centro-sur de Chile. En febrero de 2024, una serie de siniestros cerca de Viña del Mar provocó 138 muertes, mientras que un año antes, en la región de Valparaíso, otro incendio dejó 131 víctimas fatales, en lo que fue considerada la peor tragedia nacional desde el terremoto del 27 de febrero de 2010.