El origen de una mente criminal: infancia y antecedentes
La historia de la criminalidad suele encontrar sus raíces en entornos de profunda degradación, y el caso de Dorothea Puente no es la excepción. Según las investigaciones posteriores al hallazgo de sus crímenes, Puente creció en un hogar donde la violencia doméstica y el alcoholismo eran moneda corriente, forjando un carácter marcado por la inestabilidad. La tragedia personal la alcanzó a los nueve años, cuando sus padres murieron, lo que la obligó a pasar gran parte de su adolescencia en un orfanato. En dicha institución, sufrió diversos tipos de maltrato que, según los expertos, resultaron ser situaciones traumáticas clave para su posterior desarrollo criminal.
Su historial delictivo no comenzó con la sangre, sino con el engaño sistemático. En 1948, tuvo su primer acercamiento con la justicia al ser arrestada por la falsificación de cheques, lo que marcó el inicio de una serie de encontronazos con la ley que incluyeron cargos por otros fraudes e incluso la dirección de un burdel. A lo largo de los años, Dorothea demostró ser una maestra del camuflaje; se casó en múltiples ocasiones y cambió su identidad repetidamente para evadir a la policía, hasta que finalmente se estableció en un pueblo de California donde montó una pensión para los más carenciados.
La pensión de la muerte: una fachada de amabilidad
En California, Puente logró lo que parecía imposible para alguien con su historial: ganar el respeto de la comunidad. Su pensión se presentaba como un refugio para los más necesitados, recibiendo a ancianos e indigentes que no tenían un techo donde cobijarse. Sin embargo, esta imagen de "abuela santa" era simplemente una máscara necesaria para ejecutar su plan sistemático de asesinato y lucro, ganándose la confianza de sus víctimas antes de traicionarlas.
El móvil detrás de sus actos era estrictamente económico, ya que una vez que las víctimas estaban bajo su techo, Dorothea las asesinaba para poder cobrar sus cheques de seguridad social. Con este dinero, la mujer lograba darse una vida lujosa a costa de las personas que prometía proteger, utilizando un método tan espeluznante como efectivo: drogaba a sus amigos y residentes con una mezcla de fármacos antes de terminar con sus vidas y ocultar los restos en su propia propiedad.
Caída, excavaciones y condena perpetua
El principio del fin para la mujer considerada más macabra que Yiya Murano comenzó en 1982, cuando fue arrestada por el robo a tres personas. Entre las víctimas se encontraba Ruth Munroe, quien falleció en lo que inicialmente pareció ser una muerte natural, aunque luego fue caratulada como homicidio, llevando a Puente a prisión. En la cárcel conoció a Everson Gillmouth, con quien inició una relación sentimental solo para convertirlo, tiempo después, en otra de sus víctimas tras recuperar su libertad.
Tras su período en reclusión, regresó a la misma pensión para retomar su actividad criminal, aunque su reputación ante los vecinos ya estaba dañada. Fue en 1988 cuando un vecino, alertado por las constantes desapariciones de quienes ingresaban a la propiedad, realizó el llamado que derivó en un allanamiento de la denominada "Casa de la muerte". Aunque el interior parecía normal, las excavaciones en el jardín revelaron una escena dantesca con múltiples cadáveres enterrados.
A pesar del hallazgo, Puente intentó escapar utilizando una identidad falsa, pero fue capturada tres días después y sometida a un juicio donde declararon más de 150 testigos. Finalmente fue acusada de nueve homicidios, aunque se la condenó formalmente por tres a cadena perpetua. Dorothea Puente murió en prisión en el año 2011, a los 82 años de edad, dejando un legado de horror que obligó a la sociedad estadounidense a cuestionar las fallas estructurales de su sistema de ayuda social.