Cautela y desconfianza marcan la reacción de la oposición venezolana, los familiares de detenidos y las organizaciones de derechos humanos tras el anuncio del chavismo sobre la liberación de 116 presos políticos. Lejos de generar alivio, la información oficial volvió a despertar incertidumbre por la falta de datos precisos y antecedentes de anuncios que no se cumplieron en su totalidad.
El comunicado fue difundido este lunes por el Servicio Penitenciario, bajo la órbita del gobierno de Delcy Rodríguez, y aseguró que las excarcelaciones se produjeron en las últimas horas. Sin embargo, distintas organizaciones advirtieron que las cifras oficiales no siempre reflejan lo que efectivamente ocurre dentro de los centros de detención.
El Foro Penal Venezolano, principal entidad que mantiene contacto directo con las familias de los presos políticos, señaló que existe una brecha recurrente entre los anuncios del régimen y las liberaciones reales verificadas en el terreno. Esa diferencia es uno de los principales factores que alimenta la desconfianza y la prudencia con la que se recibe cada comunicado oficial.
El contraste se vuelve más evidente al comparar la situación actual con antecedentes recientes. En Navidad y Año Nuevo, el propio Nicolás Maduro había ordenado liberaciones de mayor alcance. En cambio, durante el último fin de semana, las excarcelaciones se produjeron de manera gradual y en menor número, lejos de las expectativas generadas tras la intervención de Estados Unidos en el escenario venezolano.
Desde la oposición remarcan que las liberaciones, tal como se están llevando a cabo, no implican el cierre de las causas judiciales. En muchos casos, los expedientes continúan abiertos pese a haber sido denunciados como armados o carentes de sustento legal, lo que deja a los liberados bajo permanente amenaza de nuevas detenciones.
En paralelo, los familiares de los presos mantienen vigilias frente a distintos centros de detención del país. La escena se repite: no existen listas oficiales de liberados, no hay cronogramas ni confirmaciones previas y la información suele llegar minutos antes de que se concrete cada excarcelación. Esa dinámica profundiza la angustia y refuerza la percepción de arbitrariedad.
A este escenario se suman tensiones internas dentro del propio régimen. Organizaciones y familiares advierten que distintos sectores del poder disputan el control político de los presos políticos como herramienta de negociación. En ese marco, el rol del ministro del Interior, Diosdado Cabello, aparece como uno de los focos de conflicto interno, al buscar sostener influencia a través del manejo de detenciones y liberaciones.
Mientras tanto, la incertidumbre continúa. Para los familiares y los organismos de derechos humanos, los anuncios oficiales no resultan suficientes: exigen información transparente, liberaciones verificables y el cierre definitivo de las causas como condición indispensable para hablar de un verdadero avance.