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León XIV clamó por la unidad familiar como signo de esperanza

En una emotiva misa en la Plaza San Pedro ante más de 45 mil fieles, el Papa León XIV pidió redescubrir la vocación de la familia como "santuario del amor fiel y fecundo". Reclamó unidad, coherencia y gratitud entre generaciones, y destacó que el matrimonio es un modelo real, no un ideal inalcanzable.

1 Junio de 2025 07.14

Con un fuerte llamado a la unidad y a redescubrir la vocación del amor familiar, el Papa León XIV presidió este domingo 1 de junio una multitudinaria Misa en la Plaza San Pedro, en el cierre del Jubileo de las Familias, de los Niños, los Abuelos y los Ancianos. Más de 45.000 personas se congregaron desde temprano para celebrar la jornada bajo un cielo despejado y un clima de profunda emoción.

"Son las familias las que generan el futuro de los pueblos", proclamó con énfasis el Santo Padre, que recorrió la explanada en la papamóvil bendiciendo a los presentes, besando a los más pequeños y saludando con ternura a padres y abuelos. Su cercanía corporal anticipó el centro de su mensaje: una comunión real, vivida desde el amor, como base de una sociedad más humana.

Durante la homilía, en el marco de la Solemnidad de la Ascensión del Señor y la 59ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Pontífice reflexionó sobre el Evangelio del día y pidió a las familias vivir una "unión universal" que refleje el amor de Dios. "Todos hemos recibido la vida antes de quererla", recordó. Y subrayó que los más pequeños, en particular, necesitan de los demás para vivir. "Nadie puede hacerlo solo", dijo. "Vivimos gracias a una relación: un vínculo libre y liberador, hecho de humanidad y cuidado mutuo".

Inspirado en el Evangelio de San Juan, León XIV evocó la oración de Jesús durante la Última Cena, cuando el Señor ruega al Padre "que todos sean uno". Esa unidad, explicó, no es una uniformidad que anula identidades, sino una comunión viva que nace del amor divino. "Un amor que une sin aplastar, que salva sin imponer, que construye comunidad sin borrar la diferencia".

"El amor por el que Jesús ora es un don", afirmó el Papa. "Y es desde su corazón humano que el Hijo se dirige al Padre diciendo: 'Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno'". Según León XIV, esa unidad es más fuerte que cualquier herida, incluso aquellas provocadas por el mal uso de la libertad, cuando se la invoca para dividir o destruir.

En este marco, el Pontífice hizo un llamado firme a recuperar la vocación de la familia como "santuario del amor fiel y fecundo". Citó como ejemplo a matrimonios canonizados como los santos Luis y Celia Martin o los mártires Ulma, afirmando que "el matrimonio no es un ideal inalcanzable, sino un modelo concreto del amor entre el hombre y la mujer". Ese amor, dijo, al hacerlos "una sola carne", los capacita para dar vida a imagen de Dios.

A los esposos, León XIV les pidió ser modelos de coherencia para sus hijos. A los niños, los llamó a cultivar la gratitud hacia quienes les dieron la vida. Y a los abuelos y ancianos, los invitó a mantener una "vigilia amorosa" que transmita sabiduría. "En la familia, la fe se comparte como el pan en la mesa, y los afectos se aprenden en el corazón", aseguró.

Antes de concluir, el Papa elevó la mirada hacia el horizonte de la eternidad: "Un día seremos todos uno (In illo uno unum), no sólo nosotros, sino también aquellos que ya nos han precedido en la luz de su Pascua". Así cerró su mensaje con un gesto de esperanza y una exhortación profética: que las familias, unidas en su diversidad, se conviertan en el verdadero signo de paz que el mundo tanto necesita.