León XIV se despidió de Francia con un fuerte mensaje contra la guerra y a favor del perdón
En Metz, ante una multitud de distintas religiones y nacionalidades, el Papa llamó a romper la cadena del resentimiento y defendió la reconciliación como camino para construir la paz. Su visita a Francia concluyó con un mensaje sobre la guerra, la unidad de Europa, la laicidad y los derechos de los migrantes.

El Papa León XIV cerró su visita a Francia con una celebración cargada de simbolismo en la catedral gótica de Saint Étienne de Metz, donde encabezó la Misa "por la Salvaguarda de la Paz y la Justicia".

En las calles de Metz, una multitud integrada por personas de distintas razas, religiones y nacionalidades se congregó para acompañar el paso del Pontífice rumbo a la celebración. Con su sotana blanca, avanzó lentamente por las calles estrechas de una ciudad que simboliza la reconciliación francoalemana y que también aparece vinculada con el origen de los cantos gregorianos.

Rodeado por un importante dispositivo de seguridad, León XIV saludó al público, bendijo a quienes se acercaban y recibió también a los bebés que algunas familias le presentaban. El contacto con la gente continuó dentro de la catedral. Sobre una alfombra roja, el Papa rezó frente al altar antes de saludar a obispos, sacerdotes y diáconos. Abrió los brazos para recibir a los fieles, quienes le tomaron la mano y besaron su anillo.

También conversó con jóvenes sacerdotes y seminaristas. Luego se acercó a las personas con discapacidad que se encontraban en sillas de ruedas. Con ellas no solamente intercambió saludos: escuchó, bendijo y tocó, prolongando el contacto personal que había mantenido durante su recorrido.

 

Macron y un fenómeno que movilizó a Francia

En la primera fila de la celebración se encontraban el presidente francés Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte, vestida de negro. También estaban presentes los duques de Luxemburgo y su primer ministro.

Para Macron fue la segunda vez que asistió a una misa durante su gestión. La anterior había sido en Marsella, frente al papa Francisco. Las autoridades fueron testigos de un fenómeno que, según el relato de la visita, se extendió durante cuatro días en distintas ciudades francesas. Un millón de franceses, de todas las religiones, se movilizaron para escuchar a León XIV en la Place de la Concorde, mientras otros miles participaron de los encuentros en Lourdes y Metz.

La experiencia fue presentada como una combinación de devoción, encantamiento, descubrimiento y búsqueda de la paz, con un Papa definido como misionero y pastor en acción.

En ese contexto también se destacó el papel del arzobispo de Marsella, el cardenal y monseñor Jean Marc Aveline, a quien le costó convencer al Papa y al Vaticano de que debía realizar la visita antes de las elecciones francesas de 2027.

 

Una misa que entiende la paz como fruto de la justicia

La Misa "por la Salvaguarda de la Paz y la Justicia" celebrada en Metz representa una innovación surgida de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. Sus oraciones fueron escritas en el contexto de nuevos tipos de guerra, como los conflictos de Vietnam y Biafra.

A diferencia del antiguo rito, que incluía una Misa "por la Paz", esta celebración no se limita a pedir el final de los combates. En consonancia con la constitución pastoral Gaudium et Spes, concibe la paz como fruto de la justicia y enfatiza la responsabilidad de cada Iglesia y de cada comunidad para abrazar la paz y la justicia tanto en sus oraciones como en sus acciones.

Vestido con una casulla blanca con pequeñas líneas doradas, León XIV subrayó que la paz solamente existe mediante "un esfuerzo compartido" de todos. También sostuvo que "la concordia se construye únicamente en la caridad que sabe compartir alegrías y tristezas, que sabe animar y perdonar, sin cálculo ni límite, como en una familia".

La homilía colocó así el perdón en el centro del mensaje. Para el Pontífice, la reconciliación no implica debilidad, sino que requiere una decisión y un esfuerzo capaces de superar las heridas acumuladas.

"Romper la cadena del resentimiento"

Uno de los pasajes centrales de la homilía estuvo dedicado al perdón como herramienta de reconciliación. León XIV afirmó que el perdón no es una "debilidad" ni una "capitulación ante el mal". Para fundamentar su reflexión, recordó la historia de la región del Mosela, a la que definió como "una tierra desgarrada en el pasado por conflictos fratricidas".

Desde esa referencia histórica, sostuvo que no es cierto que quien busca venganza sea más fuerte que quien perdona, ni que quien no cede sea más fuerte que quien busca la reconciliación.

El Papa resumió su planteo con una frase dirigida específicamente a Metz y a la región del Mosela: "La reconciliación solo es posible cuando se tiene el valor de romper la cadena del resentimiento". El mensaje quedó así ligado a una ciudad que representa la reconciliación francoalemana y a una celebración cuyo eje no fue solamente el final de las guerras, sino las condiciones necesarias para construir una paz duradera.

La herencia cristiana y los valores de Europa

León XIV también destacó la importancia de la "herencia espiritual y moral" del cristianismo en la formación de los valores de Europa.

Durante su homilía enumeró principios que, según describió, fueron transmitidos desde esa tradición y que forman parte de los fundamentos morales del mundo contemporáneo:

  • La primacía de la persona.
  • El carácter sagrado e inviolable de la vida humana, en todas sus etapas y condiciones.
  • La protección de la libertad de los individuos.
  • La importancia primordial de la familia como fundamento de la sociedad.
  • La atención a los pobres y a los más necesitados.
  • La acogida al forastero.
  • El respeto a los ancianos.

La reflexión sobre esos principios estuvo vinculada con la visión del Pontífice sobre Europa y con los desafíos que atraviesa el continente.

Chagall y la armonía de las diferencias

Otro de los momentos significativos de la homilía surgió cuando León XIV se refirió a las vidrieras de Marc Chagall que adornan la catedral de Metz. El Papa destacó que las obras de este gran pintor judío, ubicadas dentro de los muros de la catedral, transforman al templo en un símbolo extraordinario de ecumenismo y diálogo interreligioso.

A partir de esas vidrieras, el Pontífice planteó que la luz de Dios no elimina las diferencias, sino que puede unir distintas historias y culturas en un "maravilloso mosaico de paz", especialmente necesario en un tiempo marcado por nuevas divisiones y conflictos.

León XIV insistió además en que, al contemplar esos vitrales, se puede aprender que el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la "armonía de las diferencias". Según su planteo, las heridas del pasado pueden convertirse en una abertura por la que brille la luz. Esa imagen condensó su visión de Europa y su llamado a transformar las experiencias dolorosas en una oportunidad de encuentro.

Una celebración con identidad propia

La homilía por la paz concluyó en la catedral gótica de Saint Étienne, en una celebración concelebrada por monseñor Philippe Ballot, arzobispo de Metz, y el cardenal Jean Marc Aveline, arzobispo de Marsella y presidente de la Conferencia de Obispos de Francia.

Luego, León XIV recibió las ofrendas de los fieles. La música también estuvo atravesada por la identidad del lugar. Los cantos de la misa fueron en su mayoría gregorianos, tradición que en parte tiene su origen en el denominado "canto de Metz", promovido por San Chrodegang.

El Sanctus, en cambio, fue un extracto de la Misa para Europa, compuesta en 1994 por Jacques Berthier para el encuentro de los Scouts y Guías de Europa en Le Puy-en-Velay. La pieza fue interpretada durante la celebración, sumando una referencia musical directamente relacionada con la dimensión europea del mensaje.

"Continuemos a marchar juntos"

Al momento de despedirse de Francia, el Papa agradeció al presidente Emmanuel Macron, a la Conferencia Episcopal, a los obispos, a los consagrados, a los laicos y a los voluntarios.

"Queridos amigos. Continuemos a marchar juntos. Gracias a todos", dijo en francés. Cuando comenzó a retirarse de la catedral, se escuchó el Aleluya. Al menos 35.000 personas se encontraban en la explanada para escuchar al Pontífice, después de que se hubiera despedido uno a uno de los discapacitados.

La despedida culminó con un último encuentro político entre León XIV y Emmanuel Macron en el aeropuerto. La conversación fue en inglés y fue propuesta por el propio Santo Padre, en un gesto definido como político, aunque diferente.

La salida de Francia y el regreso a Roma

León XIV partió de Francia desde el aeropuerto de Metz-Nancy-Lorena a bordo de un A321 de Air France a las 19:33. El vuelo hacia Roma contempla un recorrido de 1.075 kilómetros y una duración de 1 hora y 50 minutos, con llegada prevista alrededor de las 21:20.

Durante el viaje estaba prevista la tradicional rueda de prensa a bordo, destinada a resumir el quinto viaje apostólico del Papa estadounidense.

El recorrido concluirá en el aeropuerto internacional Leonardo da Vinci-Fiumicino de Roma. Tras aterrizar en la capital italiana, el Pontífice regresará al Palacio Apostólico del Vaticano, en lugar de dirigirse a Castel Gandolfo, como suele hacer los lunes por la noche.