La industria textil argentina atraviesa uno de los ciclos más agudos de su historia reciente, marcado por una crisis sistémica que no parece encontrar piso. En este escenario de retroceso manufacturero, la confirmación del cierre de la empresa Emilio Alal representa un hito trágico para la economía del noreste del país.
Según publicó el medio santafesino El Litoral, la compañía, cuya trayectoria se remonta a su fundación en 1914, se vio forzada a tomar la decisión no deseada de clausurar definitivamente sus plantas productivas de hilados y telas ubicadas en las provincias de Corrientes y Chaco. Esta medida impacta de manera directa en el tejido social regional con la desvinculación de más de 260 empleados, quienes ya han recibido el comunicado oficial por parte de esta firma centenaria.
Este desenlace es el resultado de una acumulación de factores que la propia compañía definió como un contexto económico y comercial adverso, agravado por problemas de carácter estructural que han vuelto inviable la sostenibilidad de sus operaciones, sin que se avizoren cambios de relevancia para el corto y mediano plazo. La empresa, cuya actividad principal se centraba en la fabricación de hilados de algodón, telas derivadas y productos específicos para las industrias del calzado, accesorios y talabartería, detalló que la pérdida de competitividad responde a un complejo entramado de variables.
Entre los motivos puntuales que precipitaron el cierre, la dirección de la firma destacó la apertura indiscriminada de importaciones de hilados, telas y prendas de vestir, tanto nuevas como usadas, que desplazó a la manufactura local del mercado interno. A esto se sumó una caída drástica del poder adquisitivo en el país que paralizó el consumo, junto con una estructura de costos asfixiante compuesta por elevados cargos energéticos, laborales y financieros. La empresa también hizo hincapié en la elevada carga impositiva, un factor que, combinado con los anteriores, generó una pérdida significativa en la competitividad para la producción nacional.
El caso de Emilio Alal no es un hecho aislado, sino que se suma a un preocupante efecto dominó que afecta a diversas plantas del país. Recientemente, el Grupo Dass, fabricante de calzado para marcas como Nike, Adidas y Fila, desvinculó a 43 operarios en Eldorado, Misiones, tras haber cerrado previamente su planta de Coronel Suárez. Del mismo modo, la firma Eseka S.A., productora de lencería para Cocot y Dufour, despidió a 140 empleados en su planta de Parque Chas bajo un clima de tensión por el pago de haberes en cuotas. En Tucumán, la compañía TN & Platex también anunció el cierre por tiempo indefinido de su planta en Los Gutiérrez, suspendiendo a 190 operarios debido a la imposibilidad de financiarse y la caída del mercado interno.
El desplome de los indicadores sectoriales
La gravedad de la situación queda expuesta en las estadísticas de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), que indican que la actividad del rubro sufrió una caída interanual del 24% en octubre de 2025. Este desplome se traduce en una alarmante subutilización de las fábricas, con una utilización de la capacidad instalada que se hundió al 32,5%. Estos niveles de inactividad solo son comparables con los periodos más restrictivos de la pandemia, lo que evidencia la magnitud de la crisis.
Finalmente, el impacto en el empleo formal es devastador, habiéndose perdido más de 16.000 empleos registrados desde diciembre de 2023. En septiembre de 2025, el sector contabilizó apenas 105.000 trabajadores, lo que representa una pérdida de 8.000 puestos en comparación con el año anterior. El cierre de Emilio Alal se convierte así en un símbolo de una industria que, asediada por las importaciones y los costos locales, lucha por no desaparecer del mapa productivo argentino.