Actos en Capital

Misa final y bendición del altar en honor al Beato Esquiú en la Catedral

06 Septiembre de 2021 13.13

Con la Santa Misa de acción de gracias por la Beatificación del fraile franciscano y obispo Mamerto Esquiú, oficiada ayer desde las 19.00 en la Catedral Basílica y Santuario del Santísimo Sacramento y de Nuestra Señora del Valle, concluyeron los actos centrales preparados para vivir este acontecimiento histórico.

La ceremonia litúrgica fue presidida por el Cardenal Primado de la Argentina y Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Mario Poli, y concelebrada por el Obispo de Catamarca, Mons. Luis Urbanc; el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Mons. Oscar Ojea; el secretario general Mons. Carlos Malfa; el Obispo Auxiliar de La Plata, Mons. Jorge González; y el Obispo Auxiliar de Buenos Aires, Mons. José María Baliña.

En el inicio de la celebración, Mons. Mario Poli bendijo e incensó la Imagen del Beato Mamerto Esquiú.

Luego de la proclamación de las lecturas y del Evangelio, Mons. Poli comenzó su homilía dedicando unas palabras a su hermano Obispo, Mons. Luis Urbanc. Trajo a la memoria de todos, que por la pandemia no se pudo celebrar a la Virgen del Valle en los 400 años de su presencia en nuestra tierra como se había previsto. “Sabemos de tus diligencias y preocupación por armar la fiesta que estaba en tu corazón y en tu mente, y seguramente tuviste que pasar por momentos aciagos”, dijo.  Entonces consideró que por eso fue grato para los obispos poder acompañarlo en estas celebraciones por la beatificación de Fray Mamerto Esquiú, poder “compartir contigo estas caricias que Dios ha hecho al pueblo catamarqueño ayer y hoy, caricias que vienen de su misericordia, de su bondad. Y así como compartimos tus preocupaciones, tus momentos amargos, nos permitiste compartir las alegrías de estos días”, le dijo. Sus palabras dedicadas al Obispo de Catamarca, fueron vivamente aplaudidas por los presentes en el templo catedralicio. 

A continuación, el cardenal primado de la Argentina predicó sobre el Evangelio proclamado (Mc 7,31-37), de la curación, por parte de Jesús, de un sordomudo. Estos son algunos párrafos de su predicación:

“Para entender lo que estuvimos celebrando ayer y hoy, providencialmente en este domingo, la Palabra de Dios viene en nuestro auxilio para comprender más profundamente lo que hemos celebrado. San Marcos nos presenta a Jesús recorriendo pueblos paganos. Allí el Señor pasará discretamente evitando la publicidad, porque su verdadera condición de Mesías, Hijo de Dios, deberá manifestarse en la Cruz. No obstante, no pasó desapercibido. También entre gentiles, en territorios que los judíos consideraban impuros, pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en el poder del demonio (?)”.

“En su peregrinación por estos pueblos ?continuó-, le presentan a Jesús a un hombre sordomudo y piden que le impusiera las manos. Jesús hace mucho más que eso. Evita la espectacularidad y su reacción es inmediata. Y con la intención de evitar la exposición pública ante la presencia curiosa del gentío, lo separa de la multitud, lo lleva a un lugar apartado, se acerca y pone sus dedos en sus orejas, y con su saliva le humedeció la lengua. Los gestos tan detallados con los que el evangelista describe la curación de aquel hombre pone de relieve que su poder de devolver la salud consiste tanto en tocar al Señor, como lo hizo aquella mujer hemorroísa al tocar su manto, recuerden, como dejarse tocar por Él”. 

Siguiendo el relato, Mons. Poli dijo que “luego San Marcos describe un gesto solemne, que ya lo observamos en otros pasajes del Evangelio. Jesús, levanta los ojos al Cielo como quien busca la aprobación de su Padre Dios. (?) Este discreto pasaje del Señor en pueblo pagano nos muestra que no estaban excluidos de la Promesa que Dios había hecho al pueblo de Israel. (?) Es claro que la exclamación 'Efatá', ábrete, en boca del Maestro no es sólo para aquel hombre privado de la audición y la voz. Se convierte en un ícono sacramental misionero, en un fuerte llamado que convoca a la libertad de los discípulos y para todos los que, habiendo escuchado la Palabra, no se animan a anunciarla a viva voz. Abrir bien el oído y soltar la lengua es una invitación a la evangelización”. 

“El final del texto contiene un hecho inesperado. Jesús impone silencio al hombre sanado y sucede todo lo contrario. Lo que aconteció discretamente, ahora empieza a correr de boca en boca y, por lo visto, el Señor no hace nada para impedirlo. Y así, este texto evangélico llega hasta nosotros como un kerigma: «todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos». Y digo yo, lo sigue haciendo en cada bautismo, en nuestro bautismo. Con el rito suplementario del 'Efatá', cada vez que la Iglesia se decide a salir de sus estructuras cómodas, como lo dice el Papa Francisco, para anunciar que vive Cristo, Esperanza nuestra. Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. La curación del sordomudo es una imagen de lo que ansiamos ser como Iglesia. El oído significa la escucha, y la lengua expresa el anuncio del Evangelio de Jesús”.

Sobre la beatificación

Al referirse a la ceremonia de beatificación señaló: “Queridos amigos, ayer vivimos un día de Cielo en Catamarca, -expresó más adelante Mons. Poli-.El sublime momento que hemos vivido en la ceremonia de la beatificación, tuvo su origen en aquel lejano mayo de 1826, cuando don Santiago Esquiú y su esposa, doña María Nieves, presentaban al recién nacido para que, sumergido en las aguas de la Salvación, recibiese el segundo nacimiento a la vida eterna. Fue el bendecido día en que Mamerto de la Ascensión Esquiú y Medina comenzaba a transitar el camino de la Gracia hasta alcanzar la beatitud a la que todo bautizado está llamado a desear. Ese fue el instante en el que el franciscano que lo bautizó, pronunció el 'Efatá', ábrete, y mientras tocaba con sus manos los oídos y los labios del niño, acompañaba el gesto con estas palabras: El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos te permita muy pronto escuchar su Palabra y profesar la fe para gloria y alabanza de Dios Padre. Y la gracia contenida en aquel admirable Sacramento causó abundantes frutos en el nuevo cristiano. Eso celebramos ayer?”.

Continuó describiendo momentos de la vida del nuevo Beato de la Iglesia argentina, que escuchó y anunció al Señor durante toda su vida.

Nuevo altar

Después de la Comunión, los concelebrantes se dirigieron en procesión con la imagen bendita del Beato Mamerto Esquiú y sus reliquias hacia el atrio de la Catedral desde donde, Mons. Poli bendijo a toda la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca. Luego regresaron por la nave lateral norte hasta el altar que a partir de ahora estará dedicado al Beato catamarqueño.

La arquitecta Catalina Ortiz, que tuvo a su cargo la obra del altar, pronunció unas emotivas palabras que iniciaron recordando "la primera estrofa de la oración que estaba colocada en este mismo lugar, desde 2018, exponiendo la reliquia destinada para nuestra Catedral Basílica, con el fin de que los fieles recemos por su beatificación y canonización: “Padrecito Fray Mamerto Esquiú / Pura flor de santidad / Catamarca está esperando un altar / un altar de Piedra Blanca / parecido a su heredad / muy cerquita de la Virgen / en la Iglesia Catedral”.

“Hoy, en los días que celebramos su Beatificación, ya tiene su altar bendecido, para entronizar la imagen y la reliquia, ubicado hacia la izquierda de la Virgen Morena y al lado del altar del Sagrado Corazón de Jesús, sus dos amores, quienes lo guiaron y protegieron a lo largo de sus aventurados pasos", expresó. 

A continuación detalló las características del altar, que se compone de cuatro niveles: el primer nivel, la base, presenta una línea de tiempo de la vida de Fray Mamerto. En el segundo nivel se entroniza la imagen del Beato escoltada por dos libros en escultura: los Evangelios y la Constitución Nacional. El tercer nivel presenta el escudo episcopal que lo representó como Obispo de Córdoba. Y el cuarto nivel remonta a la fachada del Templo de San Francisco.

Seguidamente Mons. Mario Poli bendijo el Altar donde permanecerán las reliquias y la imagen bendita del Beato Mamerto Esquiú. 

Con los vivas a nuestro Beato Mamerto Esquiú, a Dios y a la Madre Iglesia que nos regaló este don y la Virgen del Valle, concluyó esta emotiva ceremonia y las tres jornadas dedicadas a la Beatificación.