Cinco años son los que Negro, como cariñosamente lo han llamado, lleva viviendo en el campus del Instituto Educativo Técnico Diversificado del municipio colombiano de Monterrey vigilando celosamente a los estudiantes.
A cambio de su valioso trabajo, Negro recibe alimento, agua, atención y un lugar seguro para pasar las noches. Pero eso no es suficiente para él y de alguna manera entendió que si quería algo extra le costaría.
Conforme paso el tiempo en el colegio y conviviendo con los estudiantes, el canino captó la dinámica del kiosco escolar. Negro vio que los alumnos entregaban un billete y a cambio recibían algo, cuando eran galletas le compartían sin dudarlo.
“Iba a la tienda y veía a los niños dar dinero y recibir algo a cambio”, le dijo la profesora Ángela García Bernal.
Es ahí donde el perro conoció la dinámica de compra y venta, y sin duda sabía que si quería más galletas debía conseguirlas por sus propios medio.
“Entonces, un día, espontáneamente, apareció con una hoja en la boca, meneando la cola y haciendo saber que quería una galleta”.
El can había inventado su propia moneda con esa simple hoja y por supuesto que fue aceptada por los administradores de la tienda, que a cambio le dieron una galleta tras quedar conmovidos y asombrados.
Tras darse cuenta de que su hoja fue aceptada en la transacción y de que literalmente caían de los árboles, Negro empezó a aparecer diariamente en la tienda para “comprar”.
“Viene a buscar galletas todos los días”, dijo Gladys Barreto, uno de los empleados del establecimiento. “Siempre paga con una hoja. Es su compra diaria”, agregó.
Para no "mal acostumbrarlo", los empleados de la cafetería no siempre le dan al perro la galleta, entonces a este le toca buscarla en otro lado, con los estudiantes o profesores. "Negro les bate la colita y recibe su recompensa, mientras los alumnos se divierten. Es muy inteligente", comenta la mujer.