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Carta al director

"Cuando una causa contra Rudnev se queda sin pruebas: el giro judicial que pone en jaque la prisión preventiva en Argentina"

Caso Rudnev
Caso Rudnev

9 Febrero de 2026 02.24

Por Samiira Alvarez

Durante más de un año, la detención del ciudadano ruso Konstantin Rudnev fue sostenida bajo una acusación de máxima gravedad impulsada por la Fiscalía Federal Descentralizada de San Carlos de Bariloche, encabezada por el fiscal Fernando Arrigo, con la intervención de los auxiliares fiscales Gustavo Revora y Tomás Labal. El expediente avanzó con imputaciones vinculadas a trata de personas, reducción a la servidumbre y asociación ilícita, una narrativa de alto impacto público que justificó desde el inicio la prisión preventiva del acusado.

Hoy, esa historia judicial entra en una fase incómoda: tras más de un año de investigación, la fiscalía evalúa reformular la acusación original y avanzar sobre una figura distinta — lavado de dinero —, un movimiento que reabre el debate sobre los límites de la prisión preventiva y el uso del derecho penal en causas complejas.

Rudnev permanece privado de la libertad desde 2025, sin condena firme, bajo decisiones adoptadas en el marco del juzgado federal a cargo del juez de garantías Gustavo Zapata. Con el avance del proceso, la acusación original comenzó a mostrar fisuras difíciles de disimular: ausencia de víctimas que se reconozcan como tales, dificultades para acreditar coerción efectiva y problemas para establecer un nexo directo entre hechos concretos ocurridos en Argentina y la responsabilidad penal del imputado.

Lo que comenzó como una causa de alto voltaje simbólico fue transformándose, para distintos observadores judiciales, en un expediente débil desde el punto de vista probatorio.

El lavado de dinero como salida procesal

En ese contexto aparece el delito de lavado de dinero. A diferencia de las figuras basadas en testimonios y situaciones de sometimiento, el lavado se construye sobre rastros financieros: transferencias, movimientos patrimoniales y estructuras económicas.

Pero el derecho penal argentino impone una condición insoslayable: el lavado requiere la existencia de un delito previo probado. Sin ese antecedente ilícito acreditado, la figura penal no se configura.

"Cambiar la calificación no resuelve la falta de prueba del delito original", explica un especialista en derecho penal económico consultado para este artículo. "Si el delito previo no se acredita, el lavado se cae".

El giro de la acusación, lejos de fortalecer el expediente, expone una tensión interna: cómo sostener una prisión preventiva prolongada cuando la hipótesis inicial pierde sustento.

Prisión preventiva o pena anticipada

El cambio de eje impacta de lleno en la discusión sobre la prisión preventiva. Concebida como una medida excepcional para garantizar el proceso, su prolongación sólo se justifica ante riesgos procesales concretos.

El lavado de dinero, además, es un delito no violento, que en la práctica judicial suele admitir medidas alternativas: cauciones reales, embargos, controles periódicos. La continuidad de la detención bajo este nuevo encuadre plantea una pregunta incómoda:

¿la prisión preventiva se mantiene para asegurar el proceso o para evitar el colapso de la causa?

La defensa de Rudnev, encabezada por el abogado Carlos Broitman, sostiene que la reformulación confirma lo que viene señalando desde hace meses: que la investigación no logró consolidar las imputaciones originales y que insistir con la cárcel bajo una figura distinta desnaturaliza el debido proceso.

Una señal de alerta institucional

La tensión institucional se profundizó con un episodio reciente. El propio Broitman presentó un hábeas corpus preventivo denunciando presuntas tareas de vigilancia y seguimiento en su domicilio particular, que atribuye a agentes estatales sin orden judicial. Aunque el planteo aún debe ser evaluado, el señalamiento encendió alertas en ámbitos judiciales y de derechos humanos por una posible afectación al derecho de defensa.

Organizaciones nacionales e internacionales comenzaron a observar el caso no por el perfil del imputado, sino por lo que el expediente revela sobre el funcionamiento del sistema penal cuando una acusación pierde solidez, pero la prisión preventiva se mantiene.

Más allá del nombre propio

El caso Rudnev excede a una sola persona. Funciona como espejo de una práctica recurrente: causas que nacen con imputaciones amplias, fuerte impacto mediático y detenciones prolongadas, pero que con el paso del tiempo enfrentan dificultades para probar aquello que prometieron demostrar.

La pregunta de fondo no es si el Estado debe investigar delitos complejos — esa obligación es incuestionable —, sino qué ocurre cuando, tras meses de investigación, las pruebas no alcanzan y la cárcel sigue siendo la única respuesta.

En esa respuesta se juega algo más que un expediente. Se pone a prueba la credibilidad de la justicia penal federal y su capacidad para distinguir entre investigar con rigor y castigar sin sentencia.