El reciente informe de Analytica sobre crédito a familias en abril revela un panorama preocupante para el sistema financiero argentino. Luego de que el ministro de Economía, Luis Caputo, reconociera haber dialogado con los bancos para extender plazos y reducir tasas de refinanciación de deudas, los números muestran que la morosidad continúa escalando.
En términos generales, el 15,4% de la cartera de crédito a familias figura como irregular, un indicador que abarca préstamos bancarios, fintech, mutuales, cooperativas, tarjetas de consumo, casas de electrodomésticos y fideicomisos financieros. Pero el dato más relevante se observa al analizar a las personas: el 26,9% de los deudores presenta mora tardía, es decir, un incumplimiento en pagos superior a los 90-120 días, lo que equivale a 5,3 millones de personas de un total de 19,8 millones de argentinos con crédito activo.
De estos, 14,3 millones mantienen al menos una deuda con bancos, mientras que 5,5 millones operan exclusivamente fuera del circuito bancario formal, mostrando una diversidad en la exposición al riesgo crediticio.
Bancos y entidades: la concentración del riesgo
El informe distingue claramente la composición del endeudamiento:
- Bancos: concentran el 82,4% de la deuda total de las familias.
- Fintech: 10,1%.
- Otras entidades (mutuales, cooperativas, casas de electrodomésticos, fideicomisos): 7,5%.
Sin embargo, los niveles de morosidad muestran un panorama diferente:
- Bancos: 11,9% de irregularidad de cartera.
- Fintech: 21,6%.
- Otras entidades no financieras: 43,1%.
Entre los deudores exclusivos de cada sector:
- Bancos: 19,2% en mora.
- Fintech: 28,9% en mora.
- Otras entidades: 96,4%, el segmento más crítico del sistema.
Estos números reflejan que la informalidad y la menor regulación en ciertos canales crediticios incrementan el riesgo de mora, especialmente en segmentos de menor acceso al crédito bancario tradicional.
La juventud y las provincias del norte: el punto más crítico
La morosidad no solo varía por tipo de entidad, sino también por edad y región. Entre los jóvenes de 18 a 30 años, la mora casi alcanza el 40%, afectando de manera más severa a las provincias del norte del país.
En el ranking provincial de morosidad, se destacan:
- San Juan: 36%
- La Rioja: 35,3%
- Catamarca: 34,8%
Estas cifras sitúan a Catamarca como una de las provincias con mayor riesgo financiero, en un contexto donde la incidencia del crédito formal por habitante es relativamente baja. Por contraste, las jurisdicciones con menor morosidad son:
- Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA): 16,1%
- La Pampa: 19,5%
- Neuquén: 23,6%
Provincias como Santiago del Estero, Corrientes y Jujuy presentan un patrón similar al norte: alta morosidad relativa entre los pocos deudores formales.
Deuda mediana: disparidades regionales y locales
El informe también revela desigualdades significativas en el tamaño de la deuda:
- Tierra del Fuego: 1.126.000 pesos
- Neuquén: 842.000 pesos
- Santa Cruz: 819.000 pesos
- CABA: 796.000 pesos
- Provincia de Buenos Aires: 537.000 pesos
- Chaco: 537.000 pesos
- Formosa: 457.000 pesos
Incluso dentro de provincias, la dispersión es notable. En el conurbano bonaerense, los municipios presentan variaciones significativas en mora tardía:
- Menores niveles: Vicente López (15,1%), San Isidro (20,2%), Morón (21,9%), Tres de Febrero (23%), Ituzaingó (25%)
- Mayores niveles: Florencio Varela (38,3%), José C. Paz (37,3%), Moreno (35,9%), Malvinas Argentinas (35,1%), Merlo (34,4%)
Este contraste evidencia que la morosidad no solo depende de factores macroeconómicos, sino también de la distribución socioeconómica interna de cada región y del acceso diferencial al crédito formal.
Conclusión: alerta estratégica para el norte y Catamarca
El panorama general descrito por Analytica muestra que la mora financiera en Argentina es elevada y heterogénea, con un foco crítico en jóvenes y provincias del norte, incluyendo a Catamarca, donde la deuda irregular alcanza casi un tercio de los deudores. La alta concentración de mora en entidades no bancarias, la dispersión regional y municipal y la diferencia en el tamaño de la deuda refuerzan la necesidad de políticas financieras adaptadas a la realidad de cada territorio.
El desafío para el sistema financiero y las autoridades es equilibrar la extensión de plazos y reducción de tasas con estrategias de inclusión crediticia que eviten que el norte del país y los sectores jóvenes sigan siendo los más vulnerables.