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Según la UBA

Alarma: casi la mitad de los jóvenes argentinos vive en condiciones de vulnerabilidad

Un estudio de la Universidad de Buenos Aires reveló que el 48,9% de las personas de entre 18 y 29 años quedó fuera de las principales instituciones de integración social. Uno de cada tres jóvenes vulnerables no estudia, no trabaja y tampoco busca empleo, mientras la informalidad, el abandono escolar y el malestar psicológico profundizan el escenario.

27 Julio de 2026 07.47

Casi la mitad de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social. El dato surge de una investigación elaborada por un equipo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que además detectó la consolidación de un núcleo particularmente crítico: los denominados "Triple Ni", jóvenes que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo.

El informe, titulado "Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro", fue elaborado por un equipo de investigación del Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA y desarrollado en el marco del Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas (PIDAE-UBA).

La investigación advierte sobre la desvinculación de una parte significativa de la población juvenil de dos instituciones consideradas básicas para la integración social: la escuela y el trabajo. El resultado central de la encuesta presencial, realizada entre diciembre de 2025 y enero de 2026 sobre 1.002 jóvenes, indica que el 48,9% vive en condiciones de vulnerabilidad.

La distribución en el país

El estudio muestra que la vulnerabilidad juvenil no se concentra exclusivamente en el Área Metropolitana de Buenos Aires. El 27% de los jóvenes vulnerables reside en el AMBA, mientras que el 73% se distribuye en el resto del país.

En cuanto a la composición familiar, más de la mitad de los encuestados, el 56,3%, no tiene hijos. Sin embargo, casi el 20% tiene dos o más hijos. La composición de los hogares también constituye uno de los aspectos destacados por el informe. Casi la mitad, el 46,2%, reside en hogares integrados por cinco o más personas. Apenas el 2,9% conforma hogares monoparentales.

Los principales datos demográficos relevados son:

  • 48,9% de los jóvenes de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad.
  • 27% de los jóvenes vulnerables reside en el AMBA.
  • 73% vive en el resto del país.
  • 56,3% no tiene hijos.
  • Casi 20% tiene dos o más hijos.
  • 46,2% vive en hogares de cinco o más integrantes.
  • 2,9% conforma hogares monoparentales.

Los "Ni-Ni" y el nuevo fenómeno de los "Triple Ni"

Uno de los puntos más críticos del informe es la consolidación del segmento denominado "Ni-Ni". Según la investigación, 2 de cada 10 jóvenes vulnerables del país no trabajan ni estudian. Pero dentro de ese grupo aparece una situación todavía más grave: los jóvenes que, además de no estudiar ni trabajar, tampoco buscan empleo. Son los llamados "Ni-Ni-Ni" o "Triple Ni".

Estos últimos representan un tercio de la población juvenil vulnerable. Entre los jóvenes que se encuentran desempleados, que representan el 30,6%, la búsqueda de empleo alcanza solamente a 4 de cada 10.

El director de la investigación, profesor de la UBA e investigador principal del Conicet, Juan Cruz Esquivel, explicó que, aunque se trata de un segmento minoritario dentro del conjunto de jóvenes vulnerables, la situación adquiere una gravedad particular. "Estamos frente a una franja social alejada de toda red de pertenencia, reconocimiento e integración social", sostuvo Esquivel.

El trabajo no alcanza para salir de la vulnerabilidad

El 70% restante de los jóvenes vulnerables tiene trabajo. Sin embargo, el informe advierte que las condiciones laborales están lejos de ser las mejores.

El empleo se concentra principalmente en actividades de alta informalidad, entre ellas el comercio, la construcción y las tareas de cuidado. Esquivel, quien también es doctor en Sociología, explicó que el abandono escolar temprano deriva en trayectorias laborales atravesadas por la precariedad. Aunque casi 7 de cada 10 jóvenes vulnerables trabajan, la incorporación al mercado laboral no alcanza para revertir su situación.

Apenas el 18,9% de quienes tienen empleo accede a un puesto registrado o parcialmente registrado. Ese porcentaje representa el 10% del total de los jóvenes vulnerables.

En cambio, la mayoría, el 76,1%, se desempeña en relaciones laborales informales o trabaja por cuenta propia. Dentro de estas actividades aparecen la venta ambulante o por Internet, la limpieza y los cuidados. El 5% restante declara estar bajo el régimen de monotributo.

La precariedad también se refleja en los ingresos. Para el 57%, el dinero que obtiene no alcanza para llegar a fin de mes. "La informalidad dejó de ser una situación excepcional para convertirse en la forma dominante de la inserción laboral entre los jóvenes vulnerables", analizó Esquivel.

Además, el 78% no tiene cobertura de salud y recurre al hospital público o a una salita de salud para recibir atención médica.

El abandono escolar como limitante

La falta de estudios aparece como otro de los patrones comunes entre los jóvenes vulnerables. 6 de cada 10 no completaron el colegio secundario. Solo el 32,8% cuenta con estudios secundarios completos y apenas el 6,7% cursó estudios terciarios o universitarios. A su vez, únicamente una cuarta parte de los jóvenes vulnerables continúa estudiando.

El nivel educativo también influye en las expectativas sobre el futuro. Entre quienes alcanzaron el nivel terciario o universitario, el 36,2% considera terminar sus estudios como su principal meta para los próximos cinco años. Esa expectativa desciende al 13,5% entre quienes tienen el secundario incompleto o un nivel de instrucción formal menor.

Para otros sectores, las prioridades se relacionan principalmente con el trabajo y la vivienda. Conseguir un empleo o uno mejor que el actual aparece como objetivo para el 31,9%, mientras que tener una casa propia representa la meta del 29,8%. Formar una familia queda relegado al 4,8%.

La incertidumbre modifica las prioridades

El estudio también registra diferencias en las expectativas según el nivel de vulnerabilidad. Quienes presentan los niveles más bajos proyectan mudarse a un barrio mejor dentro de la misma ciudad. En los niveles más altos, en cambio, predomina la percepción de que continuarán viviendo en el lugar donde residen.

Para Esquivel, la incertidumbre cotidiana modifica el orden de las prioridades. En contextos de vulnerabilidad social, antes que planificar la formación de una familia, el desafío pasa por garantizar condiciones mínimas de estabilidad económica y personal.

Aunque el 87,5% de los encuestados considera que estudiar permitiría mejorar su calidad de vida, los obstáculos estructurales dificultan la concreción de esa expectativa.

El investigador señaló que las trayectorias educativas están atravesadas por restricciones económicas, responsabilidades familiares, inserciones laborales tempranas y contextos en los que sostener la escolaridad se vuelve "extraordinariamente difícil".

La erosión de la movilidad social

Durante décadas, educación y trabajo funcionaron como etapas complementarias de un mismo recorrido de integración social. Según el análisis de Esquivel, ese vínculo se resquebrajó.

El ingreso al mercado laboral suele implicar el abandono de los estudios. A la vez, dejar la escuela empeora las oportunidades de acceder a un empleo registrado y con protección social. La consecuencia es una erosión de la movilidad social. El deseo de progresar no desapareció, pero se debilitaron las condiciones necesarias para concretarlo.

La preocupación central, según el investigador, es que el esfuerzo ya "no garantiza movilidad social ni un futuro mejor".

Al excluir el AMBA, la vulnerabilidad alta y media escala a más del 90%. En el Gran Buenos Aires, mientras tanto, los jóvenes reconocen vivir en un entorno mucho más inseguro.

Esquivel define la vulnerabilidad como un fenómeno plural y multidimensional que se expresa en la vida cotidiana a través de déficits materiales de la vivienda, hogares numerosos, dificultades o imposibilidad de llegar a fin de mes, trayectorias educativas interrumpidas y trabajo informal.

El malestar psicológico como experiencia cotidiana

Las condiciones de vulnerabilidad también impactan en el bienestar subjetivo. El informe asocia estas situaciones con ansiedad, dificultades para dormir, tristeza persistente y consumos problemáticos.

Más del 70% de los jóvenes relevados manifiesta tener problemas frecuentes de nervios o ansiedad. Más del 50% siente desgano o depresión. Además, el 30% reconoce dificultades para controlar el consumo de alcohol, cigarrillo o drogas, una problemática que se intensifica entre quienes presentan mayores niveles de vulnerabilidad.

El informe concluye que el malestar psicológico se convirtió en una experiencia cotidiana para una parte importante de los jóvenes relevados.

La investigación expone, en definitiva, una paradoja: las aspiraciones persisten, pero las oportunidades para realizarlas se debilitan. Como concluye Esquivel, los jóvenes no dejan de imaginar un futuro mejor. Lo que se amplía es la distancia entre sus expectativas y los recursos, las instituciones y las oportunidades disponibles para alcanzarlas.