La crisis de la industria vuelve a golpear a Catamarca con el cierre definitivo de la fábrica NEBA, ubicada en el sector industrial de El Pantanillo, una decisión que deja a empleados y a sus familias frente a un escenario de profunda incertidumbre laboral.
La situación se precipitó en la mañana de este miércoles cuando los operarios llegaron, como cada día, a cumplir con sus tareas habituales y se encontraron con una noticia inesperada: la empresa cerraba sus puertas. La decisión del cese de actividades fue comunicada por un representante de la patronal, confirmando el fin de la producción en la planta de heladeras.
De los primeros despidos al cierre total
El conflicto no comenzó de manera abrupta. Las inconsistencias financieras vienen de larga data y la Provincia en varias oportunidad salió en auxilio de la firma pero el principio del fin comenzó a escribirse a principio de este mes con el despido de 34 operarios, lo que hizo que escalara rápidamente el problema y derive ahora en el cierre definitivo de la fábrica.
Ese primer recorte encendió las alarmas en el plantel de trabajadores, pero en cuestión de semanas la situación derivó en la paralización completa de la actividad. La secuencia marcó un deterioro progresivo que terminó por concretarse con el anuncio del cierre total.

El impacto no solo alcanza a quienes ya habían sido desvinculados, sino que ahora se extiende al conjunto de empleados que aguardaban definiciones sobre la continuidad de la producción. Con el cese confirmado, los trabajadores deberán esperar la recepción de los telegramas de despido, formalizando así la desvinculación.
Familias en crisis y manifestación en los portones
El cierre definitivo de la planta ha sumergido a decenas de familias catamarqueñas en una crisis profunda. La pérdida de la fuente laboral implica un golpe directo a la economía doméstica de los trabajadores, en un contexto de creciente tensión en el sector industrial.
Tras conocerse la decisión empresarial, los empleados comenzaron a manifestarse en los portones de la fábrica en El Pantanillo. La protesta refleja el nivel de preocupación y malestar ante la incertidumbre sobre el cobro de las indemnizaciones correspondientes.
La tensión actual se concentra en el reclamo por el cumplimiento de las obligaciones legales tras el cierre. Los trabajadores, acompañados por su gremio, sostienen una postura firme frente a la patronal.
El rol de la UOM y el reclamo por el 100% de las indemnizaciones
El gremio que nuclea a los operarios, la UOM, se posicionó en respaldo de los trabajadores en este conflicto. La organización sindical rechaza cualquier propuesta de pago parcial y exige el 100% de las indemnizaciones por ley.
Según lo manifestado en el marco del conflicto, los empleados y el gremio denuncian que la empresa busca eludir sus responsabilidades financieras tras el cierre. La discusión central gira en torno a:
El cumplimiento integral de las indemnizaciones establecidas por ley.
El rechazo a cualquier esquema de pago parcial.
La exigencia de que la empresa asuma plenamente sus obligaciones tras el cese de actividades.
La postura sindical apunta a garantizar que los trabajadores reciban la totalidad de lo que les corresponde conforme a la normativa vigente.
Un nuevo golpe en la industria local
El cierre de NEBA se inscribe en un escenario de crisis de la industria, generando un nuevo conflicto que repercute directamente en el entramado productivo local. La paralización de una planta dedicada a la fabricación de heladeras no solo implica la pérdida de empleos directos, sino que también impacta en el tejido social vinculado a esas fuentes de trabajo.
La escena de los operarios manifestándose en los portones de El Pantanillo simboliza el desenlace de un proceso que comenzó con despidos parciales y culminó con la clausura definitiva de la fábrica.
Mientras los trabajadores aguardan la llegada de los telegramas de despido y sostienen el reclamo por el pago total de sus indemnizaciones, la situación abre un nuevo capítulo de conflictividad en el sector industrial de Catamarca. El cierre de NEBA deja como saldo inmediato a decenas de familias en crisis y un conflicto abierto en torno a las responsabilidades empresariales tras el cese de actividades.