En el marco del ajuste económico impulsado por el gobierno de Javier Milei, uno de los fenómenos más destacados del mercado laboral argentino es el crecimiento sostenido del trabajo independiente bajo el régimen del monotributo. Aunque esta herramienta permitió amortiguar el impacto del ajuste en los índices de empleo, especialistas advierten que es también un reflejo de la precarización y la falta de empleo formal genuino.
Según datos oficiales, en los últimos años se ha registrado un fuerte aumento de los monotributistas y autónomos. En 2021 sumaban 1,7 millones y en enero de 2025 ya alcanzaban los 2,5 millones. El 37% de ese incremento se produjo entre 2011 y 2024, impulsado por la necesidad de trabajadores —sobre todo jóvenes profesionales— de mantenerse activos, y por empresas que optan por contratar bajo esta modalidad para reducir el peso de las cargas patronales.
La tendencia, sin embargo, despierta preocupación. Un informe de la Secretaría de Trabajo alertó que el crecimiento del monotributo no se traduce automáticamente en una reducción de la informalidad, ya que no implica una inserción plena en el sistema de derechos laborales. Cuatro de cada diez trabajadores en la Argentina no realizan aportes previsionales.
"Dos de cada tres nuevos empleos están en la informalidad o bajo esquemas falsamente independientes como el monotributo", sostuvo el economista Esteban Domecq, director de Invecq. Este tipo de inserción, explicó, responde más a la falta de alternativas en el mercado formal que a una elección genuina.
¿Quiénes son los nuevos monotributistas?
De acuerdo con la Secretaría de Trabajo, el perfil del nuevo monotributista ha cambiado. El 65% del crecimiento reciente en este régimen se explica por trabajadores con estudios terciarios o universitarios —completos o incompletos—, un dato que refleja cómo incluso los sectores con mayor calificación enfrentan dificultades para insertarse en el empleo formal.
El fenómeno no es nuevo. Desde su creación en 1998, el monotributo buscó incorporar a trabajadores autónomos e informales al sistema tributario y de seguridad social. Sin embargo, el estancamiento del empleo asalariado privado en las últimas dos décadas y el encarecimiento del empleo en blanco hicieron que esta figura se convirtiera en la puerta de entrada —y muchas veces de permanencia— para millones de personas.
En este contexto, el Gobierno analiza reformas para permitir que los monotributistas puedan realizar mayores aportes al sistema previsional, con el objetivo de ofrecer una cobertura más robusta en el futuro jubilatorio.
Mientras tanto, el monotributo sigue creciendo como refugio ante un mercado laboral tensionado por la crisis, aunque sin resolver el dilema de fondo: cómo garantizar derechos y estabilidad a una porción cada vez más grande de la población económicamente activa.