Desplome financiero: la Bolsa cae por quinto día y el riesgo país roza los 600 puntos
La escalada bélica en Oriente Medio genera una venta masiva de activos emergentes, llevando al S&P Merval a mínimos de cuatro meses y disparando el costo del endeudamiento argentino.

El escenario financiero internacional atraviesa horas de extrema incertidumbre, y la plaza local no es la excepción. Este martes, los mercados argentinos profundizaron su tendencia negativa en un contexto de convulsión global derivado del conflicto armado en Oriente Medio. La Bolsa porteña ha registrado su quinta caída consecutiva, borrando las ganancias recientes y regresando a niveles de capitalización que no se veían desde el pasado 27 de octubre, fecha inmediatamente posterior a las elecciones legislativas.

El derrumbe de los indicadores locales

La jornada operativa de este martes ha sido particularmente hostil para los activos argentinos. A las 12:30 horas, el índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires mostraba un retroceso del 3%, situándose en los 2.552.000 puntos. Al medir este desempeño en moneda dura, la caída se profundiza hasta el 3,7% en dólares, lo que marca un mínimo en los últimos cuatro meses de actividad financiera.

El nerviosismo de los inversores también se ha trasladado de forma directa a la renta fija. Los bonos soberanos en dólares, abarcando tanto la legislación local de los Bonares como la extranjera de los Globales, sufrieron una pérdida promedio del 2%. Como contrapartida técnica de esta desvalorización de los títulos públicos, el riesgo país elaborado por JP Morgan experimentó un salto significativo de 31 unidades. Con este avance, el indicador para Argentina se ubicó en los 598 puntos básicos, alcanzando su nivel más alto desde el pasado 12 de diciembre debido a la ampliación de la brecha de tasas entre los bonos del Tesoro de los EE. UU. y sus pares emergentes.

Explosiones en Teherán y Beirut: el impacto energético

El desencadenante de este ajuste feroz en los mercados financieros de todo el mundo es la perspectiva de una interrupción prolongada del suministro energético global. La guerra aérea protagonizada por Estados Unidos e Israel contra Irán ha derivado en una serie de explosiones que sacudieron Teherán y Beirut este martes. La respuesta de las materias primas fue inmediata; el precio del crudo registró un alza cercana al 7%, con la variedad Brent del Mar del Norte posicionándose cerca de los USD 85 el barril, su valor máximo desde julio de 2024. Mientras el petróleo escala, los principales índices de Wall Street muestran pérdidas de hasta el 2%, lo que revela que la venta masiva de títulos podría extenderse en las próximas jornadas.

Una campaña bélica sin precedentes en la región

La magnitud del conflicto ha escalado tras las declaraciones del presidente de EE. UU., Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quienes evitaron dar precisiones sobre la duración de las hostilidades. Fuentes cercanas al plan de guerra de Israel revelaron que el objetivo estratégico es el derrocamiento de los gobernantes clericales de Irán. Según estas informaciones, la campaña avanza a un ritmo superior al previsto, logrando éxitos tempranos como la eliminación de defensas y la muerte de figuras clave.

Un hecho histórico resalta en la narrativa del conflicto: el primer día de la campaña estadounidense-israelí resultó en la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. Este suceso se perfila como el primer asesinato de un líder nacional por parte de fuerzas enemigas mediante un ataque aéreo en la historia. Si se lograra el objetivo de derrocar el sistema gobernante de Irán utilizando exclusivamente el poder aéreo sin fuerzas armadas sobre el terreno, se trataría de un evento bélico inédito.

La respuesta de Irán y la extensión del conflicto

Irán ha calificado la ofensiva como un ataque no provocado y ha respondido lanzando misiles y drones contra los países árabes vecinos, además de intentar el estrangulamiento del tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo mundial. Desde el lunes, las hostilidades se han extendido a El Líbano, donde los aliados de Hezbolá dispararon contra territorio israelí, provocando una respuesta de ataques aéreos y el refuerzo de posiciones terrestres en el sur libanés.

En Beirut, el humo negro y las explosiones han sido la constante, con un saldo de decenas de fallecidos según las autoridades. Ante este panorama, la seguridad internacional se encuentra en alerta máxima. Estados Unidos ordenó la salida del personal no esencial y sus familias de Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Baréin, Irak y Jordania, cerrando además misiones diplomáticas en Arabia Saudí y Kuwait tras ser alcanzadas por drones. Mientras tanto, en el corazón de Irán, los ataques a la sede de la cadena estatal IRIB en Teherán han provocado que los residentes colapsen las autopistas en un intento desesperado por huir de las ciudades mientras caen las bombas.