El consumo masivo en la Argentina continúa transitando un escenario de debilidad persistente. Los últimos datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) confirman que, lejos de mostrar signos de recuperación, las ventas en supermercados y mayoristas registraron nuevas caídas durante febrero.
De acuerdo con el informe oficial, las ventas en supermercados exhibieron una contracción interanual del 3,1%, mientras que en el canal mayorista la baja fue del 1,2% en comparación con el mismo mes de 2025. Estas cifras reflejan una tendencia que se sostiene en el tiempo y que impacta directamente en el nivel de consumo de los hogares.
El deterioro no solo se observa en la comparación anual. En términos mensuales, el desempeño también evidencia señales de fragilidad. En los autoservicios mayoristas, las ventas retrocedieron 0,7% respecto de enero, mientras que en supermercados apenas se registró un leve repunte del 0,3%, un incremento marginal que resulta insuficiente para modificar la tendencia descendente.
Más ingresos, menos consumo real
Uno de los aspectos más relevantes del informe es la persistente brecha entre la evolución de la facturación nominal y el comportamiento del consumo en términos reales. A pesar de la caída en las cantidades vendidas, los ingresos continúan creciendo impulsados por la inflación.
En febrero, los supermercados alcanzaron una facturación de $2,2 billones, lo que representa un incremento interanual del 23,5%. En la misma línea, el ticket promedio se ubicó en $35.058, con una suba del 27,9% respecto al año anterior.
Esta dinámica configura una de las principales características del actual escenario económico: un aumento sostenido de los precios que eleva los ingresos nominales, pero que no se traduce en una mejora del poder de compra ni en una expansión del consumo.
El impacto de los precios en los rubros clave
El análisis desagregado por categorías permite dimensionar con mayor precisión el peso de la inflación sobre los hábitos de consumo. Los incrementos más significativos se registraron en rubros esenciales, lo que refuerza la presión sobre el gasto cotidiano de los hogares.
Entre las principales subas interanuales se destacan:
- Carnes: aumento del 46,9%
- Verdulería y frutería: incremento del 37%
- Indumentaria, calzado y textiles para el hogar: suba del 29%
- Alimentos preparados y rotisería: crecimiento del 28,4%
Estos aumentos, lejos de dinamizar la actividad comercial, evidencian el encarecimiento de productos básicos y su impacto directo en la retracción del consumo. La suba de precios en alimentos y bienes esenciales limita la capacidad de compra y obliga a los consumidores a ajustar sus decisiones.
Cambios en los medios de pago
El informe también arroja luz sobre las transformaciones en los hábitos de pago, que acompañan el contexto económico. Las tarjetas de crédito se consolidaron como el principal medio de pago, concentrando el 43,6% de las operaciones.
Detrás se ubicaron:
- Tarjetas de débito: 25%
- Efectivo: 16,8%
- Billeteras virtuales y pagos electrónicos: 14,6%
Este último segmento mostró un crecimiento destacado, con un aumento interanual del 54,9%, posicionándose como uno de los canales más dinámicos dentro del sistema de pagos. La expansión de estas herramientas refleja una adaptación de los consumidores a nuevas modalidades, en un contexto donde el financiamiento y la gestión del gasto cobran mayor relevancia.
Una tendencia alineada con la actividad económica
La caída del consumo no aparece como un fenómeno aislado, sino que se inscribe en un contexto más amplio de desaceleración económica. Los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica ya habían anticipado una dinámica más débil durante febrero, en línea con la retracción observada en el gasto de los hogares.
En este marco, el escenario actual combina elementos que se repiten en distintos momentos de la economía argentina: mayor facturación nominal impulsada por la inflación y una contracción del consumo en términos reales. Esta paradoja expone las tensiones estructurales entre precios, ingresos y capacidad de compra.
La evolución de los próximos meses será clave para determinar si esta tendencia logra estabilizarse o si, por el contrario, profundiza su impacto sobre el entramado comercial y el nivel de actividad. Por ahora, los datos confirman que el consumo sigue sin encontrar un punto de recuperación sostenida.