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Las claves del nuevo Súper RIGI que se aprobó en Diputados

La Cámara de Diputados dio media sanción al nuevo Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias, un esquema diseñado por el Ministerio de Economía para captar proyectos de gran escala en sectores de frontera tecnológica.

25 Junio de 2026 10.11

La Cámara de Diputados aprobó con media sanción el nuevo Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias, conocido como Súper RIGI, un instrumento impulsado por el oficialismo y concebido por el Ministerio de Economía con un objetivo específico: atraer mega inversiones orientadas a sectores de frontera tecnológica y actividades que todavía no tienen desarrollo consolidado en la Argentina o que se encuentran en una etapa experimental.

La iniciativa propone un esquema de promoción para proyectos de gran escala vinculados con nuevas industrias tecnológicas, a través de un conjunto de exenciones impositivas, beneficios aduaneros y ventajas cambiarias. A diferencia de otros regímenes de promoción, el nuevo esquema apunta a actividades que, según el texto base, aún no existen en la Argentina o están en fase de experimentación, lo que marca el perfil del programa y el tipo de inversiones que busca atraer.

El proyecto se inscribe así en una estrategia para dinamizar sectores que el Gobierno identifica como de alto potencial en el terreno tecnológico, energético e industrial. La apuesta es que esos desarrollos, por su escala y complejidad, puedan radicarse en el país bajo un marco de incentivos más agresivo y de mayor previsibilidad que el ofrecido hasta ahora.

Los sectores a los que apunta el nuevo esquema

El universo de actividades alcanzadas por el Súper RIGI está orientado a industrias de alto contenido tecnológico, transformación productiva y valor agregado. El texto menciona expresamente una serie de sectores que se busca potenciar mediante este régimen:

  • Industrialización de minerales críticos, como litio y uranio.
  • Biotecnología.
  • Producción de baterías.
  • Energías renovables, como el hidrógeno verde.
  • Vehículos eléctricos.
  • Turbinas eólicas.
  • Paneles solares.
  • Reactores nucleares pequeños y medianos.
  • Semiconductores.
  • Inteligencia artificial.

La enumeración permite dimensionar el perfil del régimen: no se trata de un programa abierto a cualquier proyecto de inversión, sino de una herramienta diseñada para captar desembolsos de gran magnitud en segmentos considerados estratégicos por su capacidad de innovación, su articulación con nuevas cadenas industriales y su inserción en mercados tecnológicos.

Un piso de ingreso mucho más alto que el RIGI original

Uno de los rasgos centrales del nuevo régimen es el umbral mínimo de inversión exigido para acceder a los beneficios. El Súper RIGI establece un piso de 1.000 millones de dólares por proyecto, una cifra que lo diferencia de manera contundente del RIGI original.

El contraste es uno de los datos más relevantes del esquema: mientras el régimen anterior requería una inversión mínima de 200 millones de dólares, el nuevo programa eleva esa barrera a un nivel que lo reserva para iniciativas de escala significativamente mayor. Esa diferencia no sólo modifica el tamaño de los proyectos elegibles, sino también el perfil de los actores que podrían ingresar al régimen.

El mensaje de fondo es claro: el Súper RIGI no está pensado para una promoción general de inversiones, sino para captar proyectos extraordinarios, con montos muy elevados y vinculados a sectores puntuales de desarrollo tecnológico o industrial.

Estabilidad por 30 años y una ventana de adhesión más extensa

Otro de los puntos salientes del proyecto es la promesa de estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria por 30 años para las inversiones que ingresen al régimen. Ese horizonte de previsibilidad aparece como uno de los pilares del esquema, en la medida en que ofrece un marco de largo plazo para decisiones de inversión intensivas en capital, infraestructura, desarrollo tecnológico y escalamiento productivo.

A la vez, el proyecto también modifica los plazos de vigencia del programa en relación con el RIGI original. Mientras el régimen anterior tenía una duración de dos años, con la posibilidad de una prórroga de un año adicional —opción que, según se consigna, se hizo efectiva—, el Súper RIGI propone un plazo inicial más largo, de cinco años, con un año extra de prórroga.

La combinación entre una ventana de adhesión más amplia y un horizonte de estabilidad de tres décadas configura uno de los núcleos de la iniciativa. La lógica es ofrecer condiciones sostenidas en el tiempo para proyectos que, por su escala, requieren no sólo incentivos de ingreso, sino también certidumbre para recuperar inversiones, importar insumos, exportar producción y planificar su estructura financiera.

Un régimen más restrictivo y con exclusiones definidas

Aunque el nuevo programa amplía beneficios y extiende plazos, el texto remarca que se trata de un régimen "bastante más restrictivo" que el RIGI original. Esa mayor restricción se expresa, en primer lugar, en el tipo de proyectos que quedan excluidos del esquema.

El Súper RIGI excluye los proyectos de recursos naturales y de infraestructura, dos áreas que habían tenido lugar dentro de otros marcos de promoción. También deja afuera a proyectos preexistentes ampliables, lo que implica que el régimen no está diseñado para expansiones de iniciativas ya en marcha, sino para emprendimientos encuadrados dentro del universo de nuevas industrias tecnológicas que busca desarrollar.

En otras palabras, el programa delimita con mayor precisión el campo de acción: restringe el acceso, sube de forma considerable el monto mínimo de inversión y concentra los beneficios en proyectos nuevos, de gran escala y ligados a sectores de innovación o experimentación tecnológica.

El paquete de beneficios fiscales

En el plano tributario, el proyecto despliega un conjunto de incentivos de alto impacto para los proyectos que adhieran al régimen. En concreto, propone una reducción del Impuesto a las Ganancias al 15%, una tasa que busca mejorar la rentabilidad esperada de las inversiones y ofrecer un tratamiento fiscal diferencial respecto de otros esquemas.

A eso se suma una amortización acelerada de inversiones, con el siguiente esquema:

  • 60% en el primer año.
  • 20% en el segundo año.
  • 20% en el tercer año.

El texto también incorpora certificados de crédito fiscal para cancelar IVA y contribuciones patronales, bajo una alícuota única del 10%. Se trata de un punto relevante dentro del andamiaje de beneficios, ya que agrega una herramienta concreta para aliviar costos fiscales asociados a la puesta en marcha y operación de proyectos de gran escala.

Quebrantos, dividendos y alivio tributario de largo alcance

El régimen suma además otras ventajas de peso dentro del esquema tributario. Según el proyecto, los quebrantos podrán deducirse sin límite temporal, una disposición que amplía la capacidad de las empresas para compensar resultados negativos y proyectar la recuperación fiscal de sus inversiones a lo largo del tiempo.

En el caso de los dividendos, la iniciativa fija una alícuota del 7%, aunque prevé una reducción adicional: luego de cuatro años de adhesión, esa carga bajará al 3,5%. El diseño combina así una tasa reducida desde el inicio con una disminución posterior, en línea con la lógica de incentivar permanencia y maduración de los proyectos dentro del régimen.

La estructura tributaria del Súper RIGI se completa, entonces, con una batería de beneficios que abarca Ganancias, amortización, créditos fiscales, tratamiento de quebrantos y tributación sobre dividendos, componiendo un esquema integral de alivio para inversiones de gran escala.

Beneficios aduaneros y cambiarios

Además de los incentivos fiscales, el proyecto incorpora un paquete de ventajas en materia aduanera y cambiaria. Entre ellas se destacan:

  • Exención de derechos de importación.
  • Eliminación de derechos de exportación.
  • Supresión de restricciones y cupos para operar.

A esto se suma uno de los aspectos más sensibles para cualquier esquema orientado a grandes inversiones exportadoras: la disponibilidad progresiva de divisas de exportación. El proyecto establece que, a los tres años, los inversores alcanzados por el régimen podrán disponer del 100% de los dólares exportados.

Ese punto completa la arquitectura del Súper RIGI como un régimen que no sólo reduce la carga tributaria, sino que también flexibiliza condiciones operativas para importar, exportar y administrar divisas, en línea con el objetivo de volver más atractivos proyectos de gran magnitud en sectores tecnológicos o industriales emergentes.