La controversia por el precio de la indumentaria ha regresado con fuerza al centro de la escena pública, reactivando un debate histórico que involucra a la industria, el Gobierno y los consumidores. La comparación de valores locales con los mercados internacionales, amplificada de forma constante a través de las redes sociales, ha dejado al descubierto una brecha de precios que no encuentra su origen únicamente en el margen comercial.
Detrás del ticket final de una prenda convive un ecosistema complejo de impuestos nacionales, provinciales y municipales, elevados costos financieros, alquileres en ascenso y una logística costosa, todo enmarcado en una estructura productiva de baja escala relativa.
Los datos provenientes de los principales actores sectoriales coinciden en un diagnóstico alarmante: el peso impositivo y financiero es el factor determinante del precio. Según la fundación ProTejer, el 50% del precio final de una prenda corresponde estrictamente a impuestos. Si a esto se le suma un 30% asociado a los alquileres y al costo financiero, el resultado es que el 80% del valor ya está comprometido antes de considerar la producción.
La logística, el marketing y la rentabilidad explican un 12%, mientras que apenas el 8% queda efectivamente en la industria como tal. La Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) presentó una estructura similar que detalla la presión tributaria y operativa que enfrenta el sector:
- IVA: 21%
- Impuesto al Cheque: 1,2%
- Arancel de tarjeta: 1,8%
- Costo de financiación (6 cuotas): 14,85%
- Alquiler comercial: 15%
En total, estos conceptos alcanzan cerca del 54% del precio final, dejando el 46% restante para ser repartido entre el diseño, la logística, el marketing, el resto de los gastos operativos y el margen de rentabilidad empresaria.
El conflicto entre el Gobierno y la industria
Este escenario ha provocado un cruce de alto voltaje entre el ministro de Economía, Luis Caputo, y las cámaras del sector. Mientras el Gobierno pone el foco en las tasas locales y municipales, la industria reclama por la persistencia de una carga impositiva nacional que no se ha reducido significativamente a pesar del cambio de rumbo macroeconómico. Caputo, a través del portal de Transparencia Tributaria Municipal, señaló que mientras el Gobierno devuelve recursos al sector privado, algunos intendentes suben tasas "a su antojo". Por el contrario, las empresas aseguran que dicho alivio no se ha materializado en sus balances.
En esta misma línea, Patricia Bullrich reclamó una baja general de costos, advirtiendo que los empresarios deben aceptar márgenes más pequeños para adecuarse a la realidad global. Sin embargo, desde el sector, figuras como Claudio Drescher (presidente de la CIAI) cuestionan las comparaciones simplistas con otros mercados, denunciando que en Argentina no se ha logrado desarmar la estructura impositiva en años.
La brecha internacional y el impacto de las importaciones
La comparación con otros mercados permite dimensionar la magnitud del problema. Un sondeo realizado por TN muestra diferencias de precio impactantes que afectan la competitividad:
- Jeans: Cuestan un 50% más que en Estados Unidos y un 34,6% más que en España.
- Remeras: La brecha es del 28,6% frente al mercado norteamericano y del 20% respecto al español.
- Camisas: La diferencia es crítica, siendo un 85,4% más caros en Argentina que en Estados Unidos y un 68,9% más altos que en España.
Para empresarios como Gustavo Samuelian, dueño de Flecha y Artisan, esta distancia no se explica por salarios o rentabilidad excesiva, sino por la falta de reglas para competir de igual a igual. En este sentido, ProTejer advierte que la competencia actual con las importaciones es "desleal". Argumentan que en Asia no se pagan prácticamente impuestos, cuentan con subsidios estatales, no afrontan costos financieros de cuotas ni alquileres elevados, y operan bajo normas laborales y ambientales mucho más laxas.
Durante el año 2025, las importaciones textiles crecieron un 71% interanual en cantidades y un 52% en valores. Según ProTejer, el ingreso de mercadería a "valores promedio mínimos históricos" evidencia una presión extrema sobre la industria local, que hoy opera con una capacidad ociosa del 71%.
Previsibilidad y futuro: ¿puede bajar la ropa?
A pesar de que durante 2025 los precios de la indumentaria se desacoplaron de la inflación general —aumentando un 15,3% interanual frente a un 31,5% del IPC—, este freno no se debió a una mejora estructural. Fue, en realidad, consecuencia de la caída del consumo y la imposibilidad de trasladar aumentos. De hecho, el 60% de las empresas absorbe hoy la totalidad de sus incrementos de costos para no perder ventas, mientras que solo un 2% logra trasladarlos totalmente.
Para que una baja de precios sea sostenible, el sector advierte que se requiere una combinación de factores: reducción efectiva de impuestos en toda la cadena, menores tasas financieras, alquileres alineados a la realidad y reglas claras frente a lo importado. Como concluye Samuelian, la industria se encuentra "malherida" y requiere medidas urgentes para fortalecer el sector privado y reactivar la producción nacional.