Antes de que nuevas denuncias sacudieran la figura pública de Julio Iglesias, ya existía un testimonio que había puesto en cuestión el costado más oscuro de su vida privada. Se trata del relato de Vaitiare Hirshon, actriz y modelo tahitiana, quien mantuvo una relación sentimental con el cantante español durante la década de 1980 y que, años más tarde, se convirtió en la primera mujer en denunciar públicamente episodios de abuso, control y consumo de drogas en ese vínculo.
Hirshon conoció a Iglesias cuando tenía 18 años, en un momento en el que el artista ya era una estrella internacional consagrada. La relación se extendió durante aproximadamente seis años, período en el que ella estuvo inmersa en un entorno marcado por la exposición mediática, el poder y el éxito global del cantante. Con el tiempo, decidió alejarse de ese mundo y mantener un perfil bajo.
Fue recién en 2010 cuando la actriz decidió contar su versión de los hechos al publicar su libro de memorias, titulado "Muñeca de trapo". En esa obra, Hirshon describió aspectos íntimos de su relación con Iglesias y relató situaciones que, según su testimonio, la colocaron en un lugar de subordinación emocional y cosificación.
Entre los pasajes más controvertidos del libro, Hirshon afirmó que el cantante la habría introducido en el consumo de drogas y que la presionaba para participar en situaciones sexuales que ella no deseaba. En uno de los fragmentos más citados, describió un clima de excesos y humillación al señalar: "Cada noche hay una mujer distinta en nuestra cama. Son como él las quiere: de senos grandes y dispuestas a todo".
Según su propio relato, con el paso del tiempo comenzó a sentirse convertida en un objeto, sin control real sobre su vida ni sobre las decisiones que tomaba dentro de la relación. La publicación del libro generó repercusión mediática, aunque en ese momento el impacto fue limitado en comparación con el alcance que tienen hoy las denuncias de violencia de género en figuras públicas.
Consultado entonces sobre las afirmaciones de Hirshon, Julio Iglesias evitó profundizar y se limitó a declarar: "Voy a vivir con las especulaciones que se hacen sobre mí", restándole importancia a las acusaciones y sin iniciar acciones judiciales públicas contra la autora.
El testimonio de Hirshon volvió a ocupar un lugar central en la agenda mediática en las últimas semanas, luego de que ex empleadas domésticas del cantante presentaran nuevas denuncias en España. En esos relatos, las mujeres hablan de agresiones sexuales, tocamientos no consentidos y un clima de control, miedo y humillación en algunas de las propiedades que Iglesias posee en Centroamérica.
En este contexto, la palabra de Hirshon fue nuevamente requerida por distintos medios. En una reciente aparición televisiva, la actriz confesó: "Estoy en shock. Se me llenó de mensajes el teléfono", en referencia al resurgimiento de su historia. Sin embargo, aclaró que prefiere no extenderse demasiado en sus declaraciones para evitar confusiones o interpretaciones erróneas.
También señaló que, pese a todo, mantiene actualmente una relación cordial con Iglesias y que esa relación existía incluso al momento de escribir su libro. Según explicó, considera que "ya no es el mismo Julio" que conoció décadas atrás, una afirmación que no invalida, según su postura, las vivencias que decidió narrar.
Mientras las nuevas denuncias son investigadas por la Justicia española y el caso sigue generando debate público, el testimonio de Vaitiare Hirshon reaparece como una pieza clave para comprender una trama más amplia que involucra poder, fama, silencios prolongados y relaciones desiguales.
Su historia, publicada hace más de una década, vuelve a ser leída hoy a la luz de un contexto social distinto, en el que las voces de mujeres que denuncian abusos en ámbitos de poder adquieren una centralidad inédita.