Belén consagra al cine argentino: Goya a Mejor Película Iberoamericana y un discurso contra Milei
La película argentina relata un caso real de detención de una joven que padeció un aborto espontáneo.

El cine argentino volvió a inscribir su nombre en la escena internacional. Belén, la película dirigida por Dolores Fonzi y seleccionada como representante nacional en la lista preliminar de los premios Óscar, obtuvo este sábado el premio Goya a Mejor Película Iberoamericana. La distinción la ubica como la duodécima producción argentina en alcanzar ese reconocimiento a lo largo de los 40 años de la celebración más importante del cine en castellano.

La competencia no fue menor. En esta misma edición también participaron Juan Minujín, nominado a mejor actor de reparto por su papel en Los domingos, y Hernán Zin, candidato a mejor largometraje documental por 2025: todos somos Gaza. Sin embargo, en esta ocasión el único galardón para la Argentina fue el que coronó a Belén, consolidando su recorrido internacional.

La obtención del Goya inscribe a la película en una lista de títulos que marcaron épocas y estilos dentro de la cinematografía nacional. Entre las producciones argentinas que lograron el mismo reconocimiento se encuentran:

La película del rey

Un lugar en el mundo

La odisea de los giles

Cenizas del paraíso

Plata quemada

El secreto de sus ojos

Un cuento chino

Relatos salvajes

El ciudadano ilustre

El clan

Argentina, 1985

Cada uno de estos títulos representa momentos significativos en la proyección internacional del cine argentino. Con Belén, esa tradición se renueva y se actualiza.

Un discurso que trascendió la ceremonia

Al recibir el premio, Dolores Fonzi pronunció un discurso de fuerte contenido político y social. "Nosotros somos las películas que hacemos y en este momento el mundo se convirtió en una película de terror, donde ya se han nombrado el genocidio en Gaza, los reclamos de las mujeres en Irán, la persecución a los migrantes en Estados Unidos, y esa película de terror no somos la humanidad. No lo podemos seguir permitiendo", expresó.

La directora también se refirió a la gestión nacional argentina: "Ustedes, que tienen tiempo aún, no caigan en la trampa. La ultraderecha vino a destruirlo todo. Yo vengo del futuro de un país donde el presidente puso en venta el agua. Así que no solo tenemos que defender el cine, sino también el agua".

Las palabras de Fonzi instalaron el debate más allá del ámbito cinematográfico, vinculando la producción artística con el contexto político y social global y local.

La historia real detrás de Belén

La película está inspirada en una historia real ocurrida en 2014 en el Hospital Avellaneda de San Miguel de Tucumán. Una joven se presentó con dolores abdominales intensos. Nadie hubiera creído que pudiera estar embarazada. Pero así fue. Tampoco nadie hubiera creído que en ese preciso instante estaba sufriendo un aborto espontáneo. Pero así fue.

Sin poder procesar lo que había sucedido, fue detenida bajo la acusación de haber asesinado al bebé. Permaneció casi tres años presa hasta que fue absuelta en 2017. Para que ese desenlace fuera posible, resultó clave el encuentro con la abogada católica y feminista Soledad Deza, quien luego se convirtió en presidenta de la Fundación Mujeres x Mujeres.

Dolores Fonzi eligió llevar esta historia a la pantalla grande, encarnando ella misma a una abogada impulsada por sus principios y su fe. El caso llega a sus oídos en los pasillos de Tribunales de Tucumán, donde conoce a Julieta —interpretada por Camila Platee—. Junto a su compañera, interpretada por Laura Paredes, decide asumir la defensa, en un contexto en el que nadie había dedicado al caso el tiempo ni la seriedad necesarios.

El expediente encajonado y la construcción de una identidad colectiva

La trama expone un obstáculo central: el expediente judicial permanece encajonado, a la espera de la firma del juez de la causa. Sin esa instancia formal, las abogadas no pueden avanzar. Conscientes de que la inacción judicial perpetúa la detención, deciden generar visibilidad pública.

La joven desea preservar su privacidad. Sin embargo, entiende que la difusión puede convertirse en una herramienta para destrabar el proceso. Para proteger su identidad, es bautizada como "Belén". El nombre, lejos de ocultar la historia, la multiplica. "Belén" deja de ser una sola persona y se transforma en muchas. La construcción de esa identidad colectiva es uno de los ejes narrativos centrales del film.

La pregunta que atraviesa la película —¿te pueden meter presa por sufrir un aborto espontáneo?— no solo estructura el conflicto dramático, sino que revela la dimensión institucional y social del caso.

Un triunfo que sintetiza arte y contexto

Con el Goya a Mejor Película Iberoamericana, Belén no solo suma un reconocimiento internacional al cine argentino, sino que consolida una obra que dialoga con temas de justicia, derechos y visibilidad. El premio se inscribe en una tradición de cuatro décadas de celebraciones del cine en castellano y confirma, una vez más, la capacidad de la producción argentina para trascender fronteras con historias ancladas en realidades concretas.

En una edición donde hubo otras nominaciones argentinas que no alcanzaron el premio, la consagración de Belén marca un nuevo hito. La duodécima estatuilla para el país no es solo una cifra: es la continuidad de una historia cinematográfica que, película tras película, encuentra nuevas formas de interpelar al mundo.