A tan solo una semana de la fecha prevista para el despegue, la misión Artemis II ingresó en su etapa decisiva y comenzó formalmente la cuenta regresiva final para un hito histórico en la exploración espacial: el regreso de seres humanos a la órbita lunar después de décadas de ausencia. La misión marcará el primer vuelo tripulado del programa Artemis y representa un paso clave en la estrategia de la NASA para establecer una presencia humana sostenida en la Luna y, a largo plazo, avanzar hacia Marte.
Mientras los equipos técnicos trabajan contrarreloj en el Centro Espacial Kennedy, en Florida, para completar las últimas verificaciones del cohete Space Launch System (SLS) y de la cápsula Orion, los cuatro astronautas seleccionados para la misión ya iniciaron un estricto protocolo de preparación previa al lanzamiento.
Tripulación en aislamiento preventivo
Los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto al canadiense Jeremy Hansen, se encuentran actualmente bajo el denominado health stabilization program, un régimen de aislamiento preventivo que se desarrolla en Houston. Este protocolo tiene como objetivo reducir al mínimo cualquier riesgo de contagio de enfermedades que pudiera comprometer el cronograma del lanzamiento o la seguridad de la misión.
Durante este período, la tripulación continúa con simulaciones de vuelo, entrenamientos específicos y controles médicos constantes. Si bien el contacto físico con otras personas está limitado, los astronautas pueden comunicarse con sus familias y colegas bajo estrictas pautas sanitarias. Está previsto que aproximadamente seis días antes del despegue se trasladen a Florida, donde se alojarán en los dormitorios oficiales del edificio Neil A. Armstrong, dentro del Centro Espacial Kennedy.
Pruebas críticas y ajustes técnicos
En paralelo, la NASA avanza con una serie de pruebas consideradas fundamentales para autorizar el lanzamiento. En el Complejo de Lanzamiento 39B se prepara el wet dress rehearsal, un ensayo general que simula una cuenta regresiva completa sin tripulación a bordo. Durante esta prueba se cargarán más de 2,5 millones de litros de combustible criogénico en el cohete SLS, lo que permitirá evaluar el comportamiento de los sistemas en condiciones reales de lanzamiento.
En las últimas semanas, los ingenieros debieron resolver distintos desafíos técnicos detectados durante las verificaciones previas. Uno de ellos estuvo relacionado con el sistema de agua potable de la cápsula Orion, que requirió nuevas muestras y controles luego de detectarse niveles de carbono orgánico superiores a los esperados. También se realizaron correcciones en los frenos de las canastas de emergencia de la torre de lanzamiento, un componente clave para la seguridad en caso de una evacuación de último momento.
Otro aspecto bajo revisión fue el sistema de control térmico, debido a temperaturas inusualmente bajas registradas en Florida, que obligaron a reforzar los mecanismos de protección ambiental para asegurar el correcto funcionamiento de los equipos.
Además, ya se completó el abastecimiento de hidrazina y la carga de elementos esenciales en la cápsula Orion, entre ellos kits médicos, equipos para investigaciones científicas y tablets destinadas a la tripulación. Un dato destacado es la inclusión del satélite argentino Atenea como parte de la carga de esta misión, un aporte significativo al desarrollo científico regional.
El primer paso hacia Marte
Con una duración estimada de diez días, Artemis II llevará a la tripulación a orbitar la Luna sin aterrizar en su superficie. El objetivo principal será validar los sistemas de navegación, comunicación y supervivencia en el espacio profundo. En simultáneo, en el océano Pacífico, equipos de la NASA y del Departamento de Defensa de Estados Unidos ya realizan ensayos para las maniobras de recuperación de la cápsula tras el amerizaje final.
Más allá de su valor simbólico, Artemis II es una misión estratégica dentro del programa espacial estadounidense. Sus resultados serán determinantes para las futuras misiones Artemis III y IV, que prevén el regreso de astronautas a la superficie lunar y la construcción de infraestructura permanente. A largo plazo, estos avances son considerados esenciales para concretar el ambicioso objetivo de enviar seres humanos a Marte en las próximas décadas.