Cuba, entre el abismo energético y la receta Vietnam: la presión de Trump no da tregua
El bloqueo petrolero ha colapsado la infraestructura de la isla, forzando a La Habana a elegir entre una apertura económica integral o la caída definitiva del régimen ante los intereses de EE. UU.

La arquitectura del poder en el Caribe está siendo rediseñada desde los despachos de la Casa Blanca. Tras haber consolidado una posición dominante en Venezuela mediante la captura de Nicolás Maduro y la instalación de una administración chavista residual, Donald Trump ha movido sus piezas sobre el tablero regional. Aunque el reciente ataque a Irán ha ocupado el foco mediático inmediato, Cuba permanece como el objetivo estratégico inminente. El presidente estadounidense ha sido explícito al señalar que la caída de la Revolución es la frutilla del postre y sostiene que su Gobierno se dedicará de lleno a este caso más temprano que tarde.

El canal de las sombras: Negociaciones y sucesiones

Pese a las negativas oficiales del régimen, fuentes cubanas en el exilio confirman la existencia de un canal de comunicación diplomática de alta sensibilidad. El interlocutor clave por parte de La Habana no es un funcionario de carrera, sino Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como "El Cangrejo". El nieto y delfín del histórico Raúl Castro —quien, a sus 94 años, mantiene un poder de veto y una influencia central en la isla— se perfila como la pieza clave en una transición que Washington exige.

El reclamo, trasladado por asesores del secretario de Estado, Marco Rubio, durante la reciente cumbre de la Caricom en Saint Kitts y Nevis, es tajante: la salida del presidente Miguel Díaz-Canel. Para Trump, el dirigente es un obstáculo insalvable que debe ser removido para permitir la apertura económica que los intereses norteamericanos demandan.

La agonía económica: El factor del colapso

La presión externa no opera en el vacío. Cuba atraviesa la crisis más aguda de su historia revolucionaria. El bloqueo petrolero de EE. UU. ha cercenado el suministro de crudo venezolano, provocando un colapso generalizado en la red eléctrica, lo cual deriva en apagones crónicos y la parálisis casi total del transporte público. Esta situación se agrava por una inflación galopante que hace que el poder adquisitivo de los ciudadanos se desplome diariamente, mientras la escasez de productos de primera necesidad llega a niveles inéditos. En este contexto, la falta de reformas estructurales en el campo ha convertido a la producción agrícola en el verdadero nudo gordiano que amenaza con asfixiar definitivamente al sistema.

Ante la asfixia, Miguel Díaz-Canel ha ensayado un discurso de apertura, prometiendo transformaciones urgentes. Sin embargo, especialistas como Omar Everleny, exdirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana, advierten que el Gobierno carece de la audacia necesaria. Everleny propone una reforma integral bajo el modelo aplicado por Vietnam hace tres décadas. Según el economista, el país necesita realizar una transformación profunda que incluya una reforma financiera y cambiaria, estableciendo reglas de juego claras para la inversión privada y la integración global.

Everleny enfatiza que, sin superar el ciclo eterno de reformas y contrarreformas que ha bloqueado el desarrollo del país desde los años noventa, el régimen no podrá sobrevivir. Mientras Díaz-Canel —reelecto en 2023 y con mandato hasta 2028— intenta ganar tiempo, el reloj de Donald Trump avanza. La Casa Blanca ya ha demostrado que el derecho internacional es un marco que está dispuesto a desafiar si el objetivo final es la caída de un régimen aliado. Cuba, cercada por el desabastecimiento y bajo la amenaza de una intervención económica definitiva, se encuentra ante su hora de definición.